Una de las ventajas de sentarme a la mesa de un café, sin más prisa que revisar un par de correos antes de dirigirme a casa, es que a veces olvido activar el audio de los audífonos por si acaso entra una llamada urgente, y la gente a mi alrededor se siente en plena libertad de hablar a un volumen más alto. Juro que no es una táctica de espionaje —muy básica, si le preguntan a un guionista o escritor del género policiaco—; sin embargo, me ha dado oportunidad de grabar algunas frases, no siempre afortunadas, que me ayudan a reflexionar sobre ciertos aspectos de mi rama: la empresa familiar.

Y el viernes pasado no fue la excepción. Un par de jóvenes, supongo emprendedores dando sus primeros pasos —tenían la energía inagotable, la oficina móvil que se instala donde haya wifi y las ideas a raudales que he notado caracterizan a esta estirpe— platicaban las reacciones de sus parejas cuando compartían algunos avances en sus proyectos. Uno de ellos, y aclaro que no tengo contexto, dijo «Es que eso clásico de esposa» cuando el otro parecía —reitero: no puedo asegurarlo del todo— quejarse de las muchas preguntas que la mujer hizo sobre lo que él le estaba contando.

Dejando a estos caballeros de lado, y esperando que todo su esfuerzo se vaya traduciendo en buenas noticias para su trabajo, recordé que al buscar los términos «matrimonio» y «empresa» en Internet, es más fácil encontrar estas guías de comportamiento, dirigidas especialmente al rol de la mujer, de las parejas solo como apoyo, apenas presentes, realmente, en la vida profesional de quien se supone comparte su vida.

Es por eso que la segunda entrega de esta serie, que se concentra en el manejo de la inteligencia emocional en la empresa familiar, quisiera enfocarme en tres maneras en que quien está a la cabeza —o que comparte esta posición con su esposo o esposa— a veces le resta importancia a su relación matrimonial.

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Subestimar al cónyuge como socio o colaborador

Es posible que la pareja se haya conocido en otro ambiente laboral y luego decidieron emprender juntos. O que uno de ellos ya tuviera un puesto importante en la empresa y después el otro fue invitado a unirse. Como haya sido la situación, suele suceder que cueste trabajo mirar con ojos de profesionalismo a la pareja si ya hay un conexión emocional y física más profunda.

Por supuesto, esto es un error, y se repite de manera constante porque aprender a separar la vida conyugal de la laboral es más complicado de lo que parece. Somos personas que aprenden a relacionarse a través de las emociones, no importa en el nivel en el que estemos, siempre y cuando se trate de un equipo: todos comparten la misma meta, y por lo tanto comienzan a identificarse por algo más que el logotipo de la empresa. Si a eso le sumamos el aspecto emocional que va en la vida de un matrimonio, la carga puede ser más pesada.

Al tener una responsabilidad bien definida dentro de la empresa familiar, independientemente de la jerarquía que exista en la pareja, también se contará con una lista de tareas específicas, metas por alcanzar y compañeros con los que habrá que colaborar. Y esto es una manera, también, de respetar y dar su lugar al cónyuge, sin contar las discusiones que existan en casa o los asuntos pendientes de la otra vida que se comparte fuera del espacio de trabajo.

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Y claro que se puede lograr. Hace poco leí el caso de una pareja de abogados que trabajaron durante años en la misma firma (Valerie Calistro y Agostinho Ribeiro), en la que él empezó su carrera y luego ella fue invitada. Cuando el matrimonio llegó a su fin ocho años después, los dos se sentaron a platicar la importancia que ambos habían tenido en el desarrollo del negocio, en donde los dos ya eran asociados, y qué tanto afectaría que uno de ellos, quien fuera, se retirara. Lograron llegar a un acuerdo, por lo que decidieron quedarse en el despacho, sin interrumpir sus carreras profesionales a pesar de su separación.

Subestimar al cónyuge como consejero o experto

Retomo la anécdota de los emprendedores que conté más arriba, porque a veces obviamos la importancia de la pareja en menesteres de la empresa cuando no es parte de la plantilla laboral o del consejo familiar. Y puede ser un grave error. Primero, porque no involucrar a tu esposo o esposa en otro de los aspectos más importantes de tu vida es tan absurdo como hacerle a un lado de las decisiones importantes del matrimonio. Y segundo, porque al hacer esto, desaprovechas las reflexiones de una de las personas que mejor te conoce, que quizá ha estado a tu lado cuando las cosas no funcionaban, que te ha escuchado y visto contar los sueños que quieres alcanzar.

Además, al relegarle solo al papel de «solamente cónyuge» podrías minimizar su propia e independiente experiencia laboral, los estudios que tiene en su haber, las anécdotas que le han ayudado a crecer como persona, historias en las que tú no eres protagonista pero puedes ser un alumno privilegiado. Vindo Banga, el ex presidente de alimentos globales de Unilever y ex director de Hindustan Unilever, dice que fue idea de su esposa usar el logo de la empresa en toda la publicidad brandeada. «El apoyo incondicional de Kamini [su esposa], y al mismo tiempo su honesta retroalimentación durante la retadora transformación de Hindustan Unilever realmente ayudaron», dijo Banga en una entrevista. Claro, la formación de la mujer en el Instituto Indio de Administración Ahmedabad (IIMA, por sus siglas en inglés) también se agradece.

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Entonces, si al platicarle a tu pareja algo relacionado a tu empresa, te hace preguntas para entender mejor lo que sucede, respóndelas, porque seguro tendrá algo valioso que podrás utilizar en tu terreno.

Subestimar al futuro

En este apartado no se trata tanto de la pareja, sino de lo que puede suceder mañana. Si las cosas marchan bien, es natural que esperemos que así continúen. Nadie quiere ser una madeja de nervios ante la incertidumbre del mañana, sin embargo no es razón para negar que, tal y como pasa en los negocios, la vida da giros inesperados y, si vamos a lanzarnos al mar, nadie nos juzgará por llevar un chaleco salvavidas.

Para explicarlo mejor quizá hay que ver un caso de éxito, por así decirlo, de una separación mediática entre dos personas poderosas, talentosas por su propio mérito, que se adelantaron a una ruptura de manera inteligente: Jeff Bezos y Mackenzie Tuttle. Independientemente de las razones, de lo que haya tenido que hacer Bezos para cumplir, etcétera, lo cierto es que este matrimonio, hace 20 años, cuando no existía Amazon ni su capital apabullante, decidieron hacer un acuerdo prenupcial en el que se estipula que, en caso de divorcio, cada quien se queda con la mitad de todo lo adquirido durante el matrimonio.

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También puede verse como un reconocimiento de la importancia de Tuttle en la consolidación del gigante de las venta en línea, pues mientras estaba en desarrollo, ella trabajó como contadora, se encargó de los hijos mientras el padre armaba conexiones con inversionistas y puso su nada despreciable carrera literaria (Toni Morrison fue su maestra y tuvo solo elogios para su primera novela, The Testing of Luther Albright) en pausa.

Afortunadamente, y gracias al acuerdo, ya tiene un futuro económico asegurado para que escriba todo lo que estaba pendiente.

La importancia de la pareja no se establece solo cuando decides formar una familia o compartir la casa. Ir juntos es un proyecto que se construye sobre todos los aspectos que, de ahora en adelante, estarán presentes en ambos, y el crecimiento de la empresa familiar no debe tomarse a la ligera.

A todos nos gustan las historias de superación en la que una persona, contra viento, marea y, especialmente, la gente cercana que no creyó en su potencial o que decidió simplemente no involucrarse, llega a la meta y se convierte en el último en reírse. Pero esa historia es la excepción, quizá por eso se hace tan conocida y espectacular. En el mundo real, una compañía con éxito y permanencia depende mucho de cómo se involucran sus miembros, más si se trata de una familia, en donde el sentido de pertenencia se alimenta también de lo emocional.

Así que, ¿fundador o fundadora vs cónyuge? Por supuesto que no: ambos son equipo, no rivales.

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