¿Qué es la equidad intergeneracional? Se trata del principio que supone que es nuestra obligación cuidar y entregar a las generaciones venideras un mundo que les brinde las mismas oportunidades de desarrollo que tuvimos nosotros. Este principio tiene relación directa con la base ética del orden ambiental, la solidaridad y el paradigma que conlleva tomarlo en serio. Cómo siempre pasa, hay quienes de lengua se comen un taco y a quienes el tema no les parece relevante; están los que creen que eso es una exquisitez y los que ni idea tienen. La ignorancia es peligrosa y por ello es preciso ocuparnos del tema. Es una preocupación legítima que pugna por un mundo mejor, lo cual habla de valores altos; aunque también es una conveniencia histórica: si no nos ocupamos de ellos, estamos poniendo en peligro al ser humano como especie.

Los negocios se crean, siempre lo he dicho, a partir de una necesidad, no de buenas ideas. Si este es el caso, la necesidad —o el deseo— de hacer un mundo mejor, con mayor calidad de vida para las personas, sin ningún tipo de discriminación social, ambiental o económica, constituye una ventana de oportunidad que pocos están apreciando y además, constituye la base del desarrollo sostenible.

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Es momento de hablar con seriedad del tema. Las Entidades públicas locales, y en particular los municipios, pueden contribuir con sus actuaciones al Desarrollo Sostenible del territorio donde operan al estar más cerca de los ciudadanos, pero también las instituciones civiles y sociales, los corporativos, los negocios, los proyectos de emprendimiento deben participar. En este sentido, los indicadores de equidad, en sus tres dimensiones social, ambiental o contable, pueden servir para medir y verificar el camino correcto hacia esa sostenibilidad.

La equidad intergeneracional busca poner la mirada en el futuro, se enfoca en los que aún no han puesto los pies en este mundo. Y, ahí empieza el problema. En un mundo con características de aceleración social, en el que todos estamos absortos en una pantalla, es mucho pedir ver a quienes todavía no han llegado si no alcanzamos a ver a los que tenemos al lado.

Tristemente, la equidad intergeneracional es un tema que se trata de manera muy superficial y debiera estar en el centro de nuestra atención. Lo que sucede es que nos vamos a los extremos: o ignoramos el tema o lo tratamos en forma superficial. Cuando las generaciones futuras toman cuerpo, es decir, cuando se materializan, adquieren el derecho a habitar el planeta, hacer uso de la Tierra y esto trae implícito que exista el derecho a beneficiarse de ella. Evidentemente, todo derecho tiene sus deberes. Por lo tanto, si estamos dispuestos a tener usufructo del planeta, también existe la obligación de cuidarlo.

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Cuidarlo implica hacerlo para los contemporáneos y para quienes nos sucedan. La Declaración de la UNESCO manifiesta nuestra obligación de proteger el medioambiente para los que estamos y para las generaciones futuras; no menciona los derechos de las generaciones futuras. Y, aquí empezamos con el problema: es necesario cultivar una visión de largo plazo. Generar en nuestros niños y jóvenes una mirada que sea capaz de abarcar el porvenir. La dificultad crece cuando no logramos que la gente eleve la mirada y se atreva a mirar el mundo real por estar en el virtual.

Otro problema se refiere a la relación que tiene la Humanidad con la naturaleza. Nos podemos situar desde diferentes puntos de vista, dependiendo de la situación social en la que nos encontremos: como dueños de la naturaleza; como participantes en el sistema natural, con la responsabilidad de protegerlo o como colaboradores. El principio de equidad intergeneracional supone que el ser humano forma parte del medioambiente y que, al que al tener inteligencia y ser pensante, tiene el deber de cuidar del planeta y de los ecosistemas para las generaciones futuras.

Mirar al largo plazo es algo inteligente, detenernos en la inmediatez y quedarnos estancados en el placer inmediato, no lo es tanto. Es cierto, debemos tener la capacidad de disfrute, aunque eso no significa que tengamos que renunciar al futuro. Todo lo contrario, tenemos la capacidad de lograr ambas. No se trata de ser una generación de personas enojadas, es al revés, se trata de ser actuantes: de ocuparnos.

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Desde la configuración de mercado, podemos afirmar que los modelos económicos que dividieron al mundo—capitalista, socialista y los sistemas mixtos—, se basaron en el supuesto implícito del crecimiento económico continuo e ilimitado. Este supuesto, genera inequidad y hace que problemas intergeneracionales, intrageneracionales, interespecies, de equidad y sustentabilidad sean ignorados o al menos pospuestos. Además, esta visión nos obnubila el panorama y nos hace ver a lo lejos formas de resolución. Hablar de equidad intergeneracional es buscar formas de continuidad que sean cuidadosas con el entorno y que generen utilidades. Se puede. Una cosa no está peleada con la otra.

Por fortuna, la solución más fácil para estos problemas parecería ser el crecimiento adicional. La teoría económica definió un modelo como sano si mantiene tasas de crecimiento continuas y altas. Ahora, debemos buscar de recursos que enfrenta el crecimiento, según estos paradigmas, serán eliminados por la utilización inteligente de nuevas tecnologías. Más que hablar de ecología política que reúne a todos estos paradigmas bajo el nombre de productivistas, debiéramos tener empatía, mirar al mundo con esperanza desde el presente y ponernos a trabajar en ello. Si queremos un mejor futuro, es necesario construirlo. Y, para ello, es necesario imaginarlo, salir de lo virtual, usarlo a nuestro favor y disfrutar el mundo real.

La necesidad o el deseo de hacer un mundo mejor, con mayor calidad de vida para las personas, sin ningún tipo de discriminación social, ambiental o económica, constituye la base del Desarrollo Sostenible. Las Entidades públicas locales, y en particular los municipios, pueden contribuir con sus actuaciones al Desarrollo Sostenible del territorio donde operan al estar más cerca de los ciudadanos. En este sentido, los indicadores de equidad, en sus tres dimensiones social, ambiental o contable, pueden servir para medir y verificar el camino correcto hacia esa sostenibilidad. Vale la pena enterarnos de estos temas, abordarlos con seriedad y, también, aprender a hacer negocios con estos paradigmas.

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