Por Pierre Dussauge*

La inversión extranjera directa es esencial para el crecimiento de las grandes empresas. Sin embargo, nunca está exenta de riesgos. Muchas corporaciones se lo piensan dos veces antes de invertir en países donde tienen el riesgo de que sus propiedades terminen en manos de líderes locales. Por eso, la mayoría de las compañías tienden a aventurarse en países que garantizan la seguridad de las inversiones a largo plazo.

Sin embargo, hay empresas que sí hacen inversiones aparentemente arriesgadas en países donde no hay salvaguardas oficiales. Se trata a menudo de países económica y políticamente inestables, con altos niveles de corrupción y sin la protección de los tratados bilaterales.

En la investigación realizada por HEC París y publicada en  Firm Non-Market Capabilities and the Effect of Supranational Institutional Safeguards on the Location Choice of International Investments , se analizaron 669 inversiones directas en el sector de la manufactura internacional, realizadas por 793 empresas cotizadas de 11 países, a 113 países receptores. Este análisis explicó las razones por las que hay empresas que sólo invierten al amparo de acuerdos supranacionales, mientras que otras optan por operar en países en los que sus inversiones parecen correr un riesgo mucho mayor.

En el caso de las primeras, son empresas normales que buscan y requieren una red de seguridad oficial para sus inversiones. Estas salvaguardas de confianza suelen adoptar la forma de Tratados Bilaterales de Inversión (TBI), que son acuerdos a largo plazo entre países que garantizan las inversiones, incluso si el panorama político cambia. La razón de invertir solo en caso de que estos acuerdos existan es evitar estar a merced de gobiernos extranjeros que hagan peligrar las inversiones realizadas. Por eso, como concluye el estudio, cuando dos países establecen un tratado bilateral de inversión esto se traduce en más inversiones entre los dos países.

Es decir, donde no hay TBI y hay incertidumbre y riesgo de cambio político, la mayoría de las compañías rehúyen invertir. Pero hay empresas que deciden hacer negocios en países menos estables institucionalmente, donde se enfrentan a menos competencia. Esos países tienen entornos institucionales débiles -es decir, están plagados de corrupción o sufren de un estado de derecho débil- según la clasificación del Banco Mundial.

Las empresas que invierten en países de este tipo tienen, tal y como muestra el estudio, dos capacidades más allá de las propias del funcionamiento del mercado: la de competencia política y la de conexiones políticas.

La competencia política se refiere a la experiencia acumulada de estas empresas en el tiempo que han operado en países inestables. Las conexiones políticas, a las relaciones que las empresas establecen, por ejemplo, contratando a ex-políticos para que sean miembros del consejo de administración o de su equipo directivo.

En definitiva, se involucran en la política de estos países inestables legalmente y hacen que sus inversiones, aparentemente precarias, sean más seguras.

Más allá de la moralidad o no de estas prácticas y desde un punto de vista macroeconómico, la mayoría de las empresas no poseen estas capacidades ajenas al mercado, con lo que se debería tender a firmar más TBI para fomentar la inversión.

Si un país institucionalmente débil no tiene muchos TBI, pero quiere atraer inversión extranjera, debe trabajar para incrementar este tipo de Tratados Bilaterales de Inversión. La alternativa es apuntar a empresas que tengan experiencia invirtiendo en países similares, pero que con toda probabilidad les impondrán sus condiciones.

 

Contacto:

Pierre Dussauge es profesor de Estrategia y Política Empresarial del MBA de HEC París

https://www.hec.edu/en

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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