Desde hace años, Jeff Hawkins afirma que la ciencia del cerebro será la que cambie la computación y la forma en que concebimos la Inteligencia Artificial (IA). No obstante, adelanta que la visión de robots-humanoides inteligentes que interactúen con nosotros, tal y como lo vemos en la ciencia ficción, no ocurrirá, al menos no muy pronto ni con fines prácticos.

Este mes Hawkins publicó su nuevo libro “Mil cerebros: Una nueva teoría de la inteligencia”, en el que propone una revolución en la comprensión de la inteligencia, pero también una disrupción en el desarrollo de la IA.

Recientemente, la doctora Sabrina Neuman, graduada en Ciencias de la Computación e IA del Instituto de Tecnología de Massachusetts, advirtió que, a pesar de que cada vez se contaba con robots más fuertes, el desafío era hacerlos más eficientes para detectar el entorno a través de sensores, y que fueran capaces de “tomar decisiones”, por lo que propuso un nuevo diseño de hardware personalizado que podría ahorrar tiempo en el procesamiento de datos, lo que significaría mejorar el desempeño de los robots ya existentes y los futuros. Este avance, que será presentado en las próximas semanas, muestra la bifurcación actual respecto al desarrollo de la IA por parte de los científicos.

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Hawkins considera que el futuro de la IA debe basarse en la comprensión del funcionamiento cerebral. Él es el fundador de Palm Computing, estableció el Centro Redwood de Neurociencia Teórica, y dirige la empresa de investigación en neurociencias e IA, Numenta, cuya base está en Silicon Valley. En sus múltiples presentaciones acepta que la mayoría de las personas lo conocen por su desempeño en Palm y Nadspring, en donde desarrolló diferentes productos que incluyen la computadora personal, pero destaca su labor en la neurociencia teórica y en el estudio del funcionamiento de la neocorteza.

Menciona que su interés como neurocientífico surgió luego de leer un artículo en la revista Scientific American, dedicado al cerebro, en donde se abordaron temas sobre las neuronas, su desarrollo, enfermedades, visión, entre otros. En este sentido, y desde hace más de una década, Hawkins planteó la necesidad de tener una teoría sobre el cerebro.

En 2003, durante una presentación para TED, explicó que, para tener acceso al conocimiento sobre la inteligencia, primero habría que definir qué es un sistema inteligente, y conocer cómo funciona el cerebro con base en una teoría. Argumentó que toda cosa es compleja hasta que se la comprende: “Somos nuestros cerebros. Mi cerebro habla al tuyo. Nuestros cuerpos están como pasajeros, y si queremos entender quiénes somos y cómo nos sentimos y percibimos, realmente tenemos que entender qué son los cerebros”.

Para reforzar la necesidad de dicha teoría, incluso ejemplificó con la heliocéntrica del sistema solar desarrollada por Copérnico, que en su momento enfrentó fuertes resistencias y que, sin embargo, ahora ni siquiera la cuestionamos.

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Advirtió que la ciencia se basa en teoría y experimentos, y en neurociencia se tienen muchísimos datos respecto a la anatomía, fisiología, comportamiento, pero no una teoría para empezar a analizarlos. Por esto, desarrolló una que ahora se traduce en la propuesta de cuatro atributos mínimos de inteligencia:

El primero, aprender moviéndonos para construir un modelo mental de las cosas. Se sostiene que no se puede sentir todo lo que nos rodea a la vez; por tanto, tenemos que movernos para construir un modelo mental de las cosas, a lo cual denomina “encarnación”.

Segundo, hay decenas de miles de columnas corticales que captan esta información sensorial con una imagen parcial del mundo para, en conjunto, generar un punto de vista general. De aquí surge la idea de los mil cerebros, que en un sistema de IA implicaría que una máquina controle diferentes sensores (visión, tacto, radar, etcétera) a fin de obtener un modelo más completo del mundo.

Tercero, el aprendizaje continuo, donde dominas cosas nuevas sin olvidar las anteriores; se aclara que en los actuales sistemas de IA no se puede hacer esto.

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Cuarto, los marcos de referencia, que significa que el conocimiento del mundo es relativo al punto de vista.

Hawkins acepta que su laboratorio pasó ya de la neurociencia a enfocarse en el desarrollo de IA, con base en la función cerebral, en donde asegura tener avances muy significativos que implican la aceleración hasta en 50 veces en las redes existentes, así como en redes más robustas y de menor consumo de energía.

Es optimista, pero ve poco probable que las primeras cosas que se desarrollen con esta nueva IA sean los clásicos robots, las máquinas inteligentes no podrán ser humanoides como los que hemos visto hasta ahora en la ciencia ficción, pero sí quizá vehículos realmente inteligentes que comprendan qué es el tráfico y qué es manejar; sistemas de seguridad, donde se use el cerebro como respuesta, pero no mucha mecánica.

Más aún, opina que muchas máquinas inteligentes a futuro no harán nada de lo que hacen ahora los humanos, e incluso sostiene que con el tiempo se perderá el interés de generar una máquina similar a la humana.

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Hawkins acepta que no sabe cómo terminará todo este avance científico, pero comparte que sabe de muchas personas que inventaron el microprocesador y que, a pesar de que ellas sabían que lo que hacían, era muy significativo, ignoraban qué iba a pasar con ese invento. Es decir, en ese momento no podían anticiparse al internet, teléfonos inteligentes y todas esas tareas que ahora son tan comunes en nuestro día a día a raíz de dicha tecnología.

Por tanto, reitera que su teoría de IA basada en la neurociencia traerá cambios increíbles en el próximo siglo que implicarán un beneficio a la sociedad en su conjunto, puesto que ayudarán a preservar el conocimiento: “No vamos a estar aquí por siempre, pero nuestras máquinas sí podrían estarlo. Es una forma de preservarnos esencialmente durante un tiempo y un lugar que aún no conocemos. El mundo es nuestro límite”.

Así, la teoría de Hawkins abre el debate en torno a la IA.

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Javier Murillo es Ingeniero electrónico e informático mexicano, especialista en analítica de datos y maestro en ciberseguridad.*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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