Hace escasos días, la vicepresidenta del Gobierno de los Estados Unidos, Kamala Harris, visitaba México, así como a sus ciudadanos y mandatarios. En su ruta por las distintas economías de América Latina y Centroamérica, Harris culminaba su programa de visitas con la economía azteca, habiéndose reunido con el presidente López Obrador, a quien unas elecciones intermedias pretenden arrebatarle en unos días la mayoría calificada con la que contaba el presidente en el Congreso.

Como cabe esperar, entre las conversaciones que mantuvieron ambos mandatarios, Harris y Obrador, podemos destacar muchas, y muy interesantes y relevantes. Sin embargo, de tener que resaltar las más importantes, conviene subrayar la mantenida sobre los problemas migratorios que viven estas economías, y que acaban afectando a la economía estadounidense por ser el lugar de destino al que todos estos inmigrantes, por la vía irregular, pretenden llegar tarde o temprano.

De la misma forma, tampoco faltó en la conversación el Covid y la recuperación económica que prevé registrar la economía mexicana en unos meses, y que conlleva numerosos retos. Unos retos entre los que podemos destacar el producido tras las elecciones celebradas la pasada semana, donde AMLO prevé perder una mayoría calificada, como decíamos anteriormente, la cual daba capacidad a este para sacar adelante las reformas constitucionales, así como todas aquellas reformas de gran envergadura que, ante el escenario presente, deben impulsarse para dotar de robustez a una economía devastada por el Covid.

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Reformas en las que el presidente López Obrador, dicho sea de paso, deberá alcanzar el consenso con unos socios que, sumándose a la ecuación, sí darían a AMLO, nuevamente, esa mayoría para impulsar las reformas de las que hablamos.

Así pues, en lo que respecta a los problemas migratorios, es preciso decir que, teniendo en cuenta únicamente el pasado mes de abril, los ciudadanos que intentaron cruzar la frontera, de acuerdo con los registros oficiales, ascienden hasta los 178,120 inmigrantes. Una gran cantidad de ciudadanos que, en busca de la prosperidad, se juegan su vida para cruzar la frontera que separan a México y Estados Unidos. Para hacernos una idea de la magnitud del problema, y de cómo este no se está mitigando con el paso del tiempo, hablamos de la cifra más alta en ese mes desde el año 2000. 

De hecho, si observamos lo ocurrido en los últimos meses, pese a la entrada de Joe Biden y la salida del republicano Donald Trump, lo cierto es que, por el mes de marzo, las fuerzas estadounidenses estaban deteniendo inmigrantes irregulares a un ritmo que alcanzaba los 5,000 detenidos diarios. Unas cifras que, si las contrastamos con las que ofrecían los servicios estadísticos durante el mandato del expresidente Donald Trump, podemos observar que no distan mucho las unas de las otras. Es más, de seguir esta tendencia, Biden podría alcanzar las cifras record que alcanzó Trump durante su mandato.

En este sentido, Harris se ha pronunciado pidiendo a los ciudadanos que no acudan a las fronteras, y que no traten de entrar al país anglosajón. Los riesgos que supone cruzar la frontera de forma irregular son suficientes como para pensárselo antes de cruzar. Un mensaje muy duro por parte de una vicepresidenta que, como decía durante su campaña, pretendía luchar y trabajar para corregir esta situación. Una situación que ya se extiende muchos años, y que, únicamente, lastra el desarrollo de estas economías, a la vez que pone en peligro la vida de muchos de sus ciudadanos.

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Sin embargo, pese a la dureza de sus afirmaciones, lo cierto es que lo que dice Harris, a mi juicio, incluye un mensaje encubierto que debe ser escuchado por México, así como por el conjunto de economías que integran esta rica región. Y es que, cuando una persona se juega la vida para ir a otro país en busca de prosperidad, debemos entender que la situación que esta misma persona vivía en su país debía ser sustancialmente peor que la situación que viven en estos momentos. Momentos en los que se juega la vida una persona para alcanzar suelo norteamericano, ante un contrafactual que, se estima, no ofrece ninguna garantía.

Por tanto, de nada sirve seguir combatiendo la inmigración irregular, a la vez que se pide a la ciudadanía que no se mueva de sus hogares, si estos países que deben retener a la población únicamente ofrecen miseria, escasez, así como otra serie de factores que motivan, precisamente, a la inmigración. En otras palabras, únicamente podemos combatir el problema de raíz, centrándonos en las causas que motivan a estos inmigrantes a abandonar sus hogares en busca de una vida, como poco, digna.

A su vez, en la conversación en la que se aborda la recuperación, Estados Unidos ha solicitado en numerosas ocasiones que estas economías traten de impulsar reformas que, con la respuesta fiscal y las ayudas ofrecidas por el multilateralismo, sienten los cimientos de una nueva economía, más sólida y resiliente. Pues las vulnerabilidades que presenta la economía mexicana, así como otra serie de economías, deben subsanarse. Y aunque no debamos desviar el foco de la frontera, lo cierto es que este problema no hallará solución hasta que los países emisores no actúen para ofrecer una vida digna a su ciudadanía.

Pues, en conclusión, podemos discutir el mensaje de Harris, pudiendo decir, de hecho, que no estoy de acuerdo ni con sus ideas. Sin embargo, abrir las fronteras y permitir esta inmigración irregular no es la solución a un problema que, de no proponer soluciones a su raíz, seguirá afectando a estas economías, así como a su ciudadanía, muchos años más.

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