De Serrat a las Bangles, de Pantera a los Foo Fighters pasando por Lou Reed, Franz Ferdinand y The Police, caminar ha sido un tema que invita no solo a reflexionar, sino a cantar y —desde luego— a andar.

Transportarse con cadencia y equilibrio representa uno de esos pocos rubros en los que el ser humano puede salir bien librado en la evaluación universal —a grado tal— que algunos vivos hasta se apropian de la vocación misma de caminar para portarlo en su identidad personal bajo el apellido “Walker”.

Pero ¿qué tendría de interesante desplazarse de un punto a otro —situación que se va diluyendo conforme se tecnologiza el mundo— como para darle tal reflector?

Caminar delata

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Los entendidos en hacer del detalle una materia de estudio dicen que toda conducta refleja patrones internos de personalidad y una de estas conductas es el caminar. Nunca tuvo un espacio tan nutritivo poner la lupa sobre el hecho de alternar zancadas.

No es la prisa ni la seguridad, mucho menos el bouncing para proyectar un estilo relajado, casi cool: lo que psicólogos impulsados por Werner Wolff destacan del acto de caminar para estudiar a una persona, es la proyección de vulnerabilidad.

Una serie de experimentos sociales hechos en Japón hizo que convictos detallaran el perfil de una persona a la que fácilmente pudieran atacar. Un paso corto y lento, errático y casi browniano, aunado a un balanceo poco ágil de los brazos, fue la constante en este ejercicio, más de curiosidad que de ciencia. El asesino serial Ted Bundy lo confirmó: “Puedo identificar a una víctima solo por la forma en la que camina por la calle”.

Sin que ahora uno deba caminar en defensa propia, queda claro que el andar proyecta información y —por si fuera poco— la transporta. El balanceo ocurre de manera natural, se contonea la pelvis y permite que el fémur y sus aliados oscilen al compás del hombro. La maravilla de caminar no solo descansa en mantener el equilibrio mientras se está en movimiento, revela posibilidades propias en un mundo aparentemente estático.

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Caminar es la parte de la vida que nos recuerda haber perdido la cola para erigirnos en dos extremidades, solo que la desmesurada vida diaria exige que uno vuele sin saber correr. Quien no tiene prisa hoy, es que no entiende la Revolución 4.0 y eso lo deja out, por lo mismo, en paz.

Espacio y tiempo del caminar

Repara quebrantos, disipa turbulencias, asienta riesgos por tomar, sublima pesares, celebra encuentros y por si algo hiciera falta, también quema calorías. En El hombre del subsuelo, Dostoievski muestra a un hombre que ve a otro y que interpreta como adversario (poco extraño en estos tiempos). Lo ve caminar hacia él, por lo que el encuentro es previsible. El adversario parece interpretar la situación de la misma forma, lo que gesta un silencioso reto que consiste en ver quién se aleja más rápido del otro: el desplazamiento nos vuelve el tibio centro del universo.

Pero ¿dónde es que el caminar sucede? ¿En el pasado, en el futuro o en el presente? Es difícil decirlo, ya que el pie …como el tiempo— es un compuesto. Solo para motivar una próxima caminata consciente, congelemos una escena del caminar y hagamos un acercamiento: el talón que pisa el suelo ya llegó, mientras que resto del pie —aún doblado— no.

Mientras uno camina suceden varios eventos al unísono, si se descomponen sus partes para —al menos— ser vistas con detenimiento. En ese caminar está la persona que ya llegó (por lo menos, al suelo con su pie) y la que aún no lo ha hecho. ¿Qué se siente estar en futuro y pasado al mismo tiempo —uno que llamamos presente y que se escapa con el hecho de voltear a examinarlo—?

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Basta una buena caminata para desenmascarar la manufactura del tiempo. Un rasgo de las abolladuras que suele dejar la vida cotidiana es que solemos aceptar el mundo como aparece. Y sin que esto sea suficiente, le proyectamos una identidad que carece.

Recreación del caminar… por recreación

Algo así ha de haber pensado Clinton Jones —un diseñador avezado en motion graphics— quien se inspiró en el caminar del hombre para montar una animación y compartirla en internet con la invitación a imitarla con referencias y adaptaciones propias.

El resultado —una obra llamada “Realidades alternativas”— convoca a más de 2 mil artistas quienes de manera espontánea reflexionan en torno del caminar sobre el lienzo digital. Las 100 mejores animaciones —de acuerdo con el convocante— están aquí

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Ver estas piezas contagia, no solo las ganas de salir y caminar, también las de comprender por qué y para qué se dirige uno a su destino. Puede ser visto como franco signo de evolución o una antesala a despegar los pies, en especial, en un contexto en el que los médicos consideran que estar sentados durante las jornadas laborales nos está matando.

Caminar, con o sin camino

El periodista Paul Salopek va a pasar los próximos siete años caminando. Dará 30 millones de pasos en un trayecto que partirá de Etiopía y terminará en Sudamérica. Pretende desandar la travesía ancestral que alguna vez nos tocó caminar y con ello resignificar el concepto de evolución a partir del movimiento coordinado de las extremidades inferiores.

Entonces, cobra doble sentido lo propuesto por Machado, eso de que se hace camino al andar. No importa si es como práctica de un walk of shame, o luego de montar una caminadora-escritorio (no es juego, están por inundar el mercado): reconciliémonos como lo hizo el flâneur, el paseante por oficio, quien comprende que el futuro sirve para intentar caminar lo que no se dio en el pasado —y con eso en la bolsa— permitir que la sorpresa y el andar nos atrapen.

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Contacto:

Eduardo Navarrete se especializa en dirección editorial, Innovación y User Experience*

Twitter: @elnavarrete

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