El abandono de la gimnasta olímpica Simone Biles de varias pruebas en Tokio 2020, pese a ser favorita, nos ofrece algunas lecciones para nuestra salud mental en la vida cotidiana.

En las últimas semanas, la gran mayoría hemos oído hablar de esta atleta afroamericana e incluso hemos debatido si debía o no renunciar a competir por un síntoma del estrés.

Biles es la gimnasta más laureada en la historia de su deporte. Ha sido cinco veces campeona del mundo en gimnasia general, cinco en pruebas de piso, tres en la viga de equilibrio y cinco en salto de caballo, oro en los Juegos de Río y, en fin, los campeonatos nacionales en que ha participado.

Lo ha logrado, como muchos campeones, venciendo grandes circunstancias adversas. Muy niña, fue asignada en adopción a su abuelo, por problemas de drogas de sus padres; ya como gimnasta, sufrió abuso sexual, junto con más de un centenar de atletas de la selección estadounidense, por parte Lawrence Nassar, y fue la única gimnasta activa que se atrevió a denunciar luego que se destapó el escándalo.

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Biles le dijo “no” a Nike para buscar un contrato comercial más respetuoso de su condición de mujer y tampoco podemos pasar por alto su color de piel. Hasta hace poco parecía un tabú ser negra en la gimnasia, pero gracias a Biles y otras atletas, ha crecido el número de niñas negras o morenas que se ven en los gimnasios estadounidenses y del mundo.

A pesar del carácter que ha demostrado, Biles decidió dejar a su equipo a la mitad de la competencia y no participar en forma individual, salvo en la competencia de viga de equilibrio, donde ganó el bronce.

Ella y la Federación de gimnasia estadounidense argumentaron razones de “salud mental” para retirarla de las competencias.

Sin embargo, todos los deportistas de sofá protestamos frente al televisor porque no entendemos cómo una atleta tan competitiva puede darle miedo saltar y enfrentar las presiones naturales a los de su profesión; otros, vemos muy loable que anteponga su salud mental.

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La respuesta es realmente muy complicada. No existe una definición única y consensada de los expertos sobre lo que es una enfermedad mental. El manual de diagnóstico de enfermedades mentales contiene más de 600 síndromes, problemas y patologías. Sin embargo, el estado de salud pleno no ha sido descrito con exactitud, ni tampoco el momento en que una persona requiere ayuda.

Podemos tener opiniones diferentes (especialmente si opinamos desde el sofá), pero lo que me gustaría recalcar son tres cosas que nos pueden dar a todos algunas guías para tomar estas decisiones difíciles en la vida cotidiana y en los momentos de alta competencia:

1) La autoconciencia del estado mental y de ánimo requiere inteligencia emocional y el conocimiento de uno mismo para poder identificar en qué estado nos encontramos.

Los twisties que sufre Biles por estrés es una pérdida del sentido de la ubicación en el espacio. Es decir, la gran habilidad que tiene para saber dónde está el piso, su derecha, su izquierda, durante una vertiginosa pirueta, queda bloqueado por su mente. Imaginemos cómo puede sentirse eso mientras echas un doble mortal hacia atrás y giras al mismo tiempo tres veces sobre tu eje, una de las suertes que llevan el nombre de Biles.

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Todos enfrentamos grandes pruebas, no son piruetas, pero puede ser un contrato, una venta, una presentación, hablar con los hijos, la pareja, y antes de lanzarnos al vacío debemos estar seguros que podemos caer sin dañarnos ¿no?

2) Aceptar ayuda.  La federación estadounidense de gimnasia indicó durante este trance que Biles estaba siendo evaluada a diario, al punto que regresó a las pruebas. La atleta nos enseña que ante la duda debemos de acudir con un experto o, al menos, reflexionar, meditar en la intimidad con nosotros mismos antes de continuar.

3) El valor de regresar al camino. Finalmente, otra de las lecciones de Simone Biles es “volver a intentarlo”. Es una mujer de gran resiliencia.

Nosotros no somos deportistas de alto rendimiento y tampoco contamos con un equipo de soporte psicológico y físico (ni con la atención mediática o de las autoridades), pero podemos aprender una ruta para enfrentar un reto mental y regresar de forma exitosa a nuestras actividades.

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Biles no estaba en condiciones para competir y seguro llegó a Tokio por las presiones económicas y políticas que también la llevaron al deterioro de su salud mental.

Incluso así, obtuvo un bronce que podemos considerar un oro por su madurez emocional de retirarse cuando no estaba en condiciones de competir y por regresar para un desempeño digno de una de las campeonas más grandes de la historia.

Hace algún tiempo los periodistas le preguntaron por qué hacía esas piruetas si eran tan peligrosas y no le agregaban una mayor calificación. Ella contestó “porque puedo”.

Es es la misma respuesta que orgullosamente puede ella, y cualquiera de nosotros, dar si nos preguntan la razón del porqué abandonamos la competición: “Porque puedo, porque tengo la madurez emocional de decir ‘no’”.

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Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto de Ciencias del Bienestar y la Felicidad de Universidad Tecmilenio.*

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