Inmersos en un escenario de excepcional incertidumbre, en pleno proceso de recuperación económica, y tras más de dos años con una situación de contracción económica en el país, México se encuentra en un escenario muy delicado y que debemos atender con rigurosidad. El deterioro que ha experimentado la economía mexicana en los últimos años ha sido bastante resaltable, y las pérdidas que a este se le suman con motivo de lo sucedido con el Covid y los efectos de este en la economía, agrandan unas debilidades estructurales que, como la informalidad económica o el narcotráfico en la región, siguen lastrando el desarrollo de esta potente economía emergente.

Pese a que las previsiones que muestra el Fondo Monetario Internacional (FMI) arrojan una mejora en las perspectivas para la economía azteca, lo cierto es que siguen observándose muchas incógnitas por despejar en el horizonte, las cuales, y como ya avisaba el propio organismo multilateral, ponen en peligro esta recuperación. Entre esas incógnitas se encuentran, precisamente, muchos condicionantes que, como el acceso a la vacuna y los ritmos de vacunación, podrían no darse en el país como prevé el citado organismo. Ello, en adición a otros factores como el apoyo a las políticas de estímulo, donde México se posiciona como el país emergente que menos recursos ha dedicado a enfrentar la pandemia (alrededor de un 1% del PIB, frente al 6% de media).

Pero si la situación, incluso la propia situación de partida antes de la llegada del Cocid-19, ya era complicada, los sucesos que están ocurriendo en el país, haciendo referencia en este sentido a los apagones que está viviendo México por las fuertes nevadas en Estados Unidos, no hacen más que seguir desacelerando una recuperación muy necesaria para el país. Y es que debemos ser conscientes de que, tras más de un año sin poder operar con normalidad en las distintas economías a nivel global, los apagones, en pleno proceso de reanudación y recuperación, no hacen más que ensanchar las pérdidas, ya millonarias, que registran los empresarios en el país.

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Así pues, debemos saber, antes de nada, que las reformas energéticas que iniciaron gobiernos anteriores hicieron de México un país dependiente del gas natural. La capacidad de importar gas más barato de los Estados Unidos hizo que México no se preocupase por esta situación, ya que esa ventaja competitiva que poseía Estados Unidos beneficiaba a la economía azteca y a sus cuentas financieras. Sin embargo, las olas de frío en el país anglosajón han impedido que, en las últimas semanas, el gas fluya hacia su vecino del sur, generando una situación de malestar en el país vecino. Y es que, el gas que no llega a México es el responsable de generar el 60% de la energía que consume este país.

Con estos datos en la mano, y como podemos imaginar, que no fluya el gas, en un escenario en el que dependen de este para generar cerca del 60% de la energía que, posteriormente, consumirá el país es una situación, como poco, para preocuparse. Los apagones que sufre el país están dañando severamente la actividad de muchas empresas que, habiéndose sumado a la reanudación de la actividad económica en el planeta, se ven forzados a echar el cierre ante la incapacidad de operar por los cortes de luz. Y no hablamos precisamente de pocas empresas, pues los apagones afectaron a más de 2.600 empresas industriales en el país, las cuales ya estiman pérdidas millonarias como consecuencia, en adición a las pérdidas que venían arrastrando por la crisis.

En este sentido, los empresarios, así como sus representantes, han estimado que, por cada hora que no tienen suministro de electricidad, las firmas que integran dicho sector industrial pierden 200 millones de dólares por hora, por lo que el acumulado hasta el martes, de acuerdo con la patronal, asciende a más 2.700 millones de dólares. Además de que, por cada día que pasa, estas deben abonar más de 68 millones de dólares en salarios que no se rentabilizan por los apagones. Y hablamos solo de un sector, pues cuando se extrapola el análisis a otros sectores como la construcción, las pérdidas, estimadas en 7.200 millones, comienzan a preocupar, y mucho.

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Asimismo, a esta situación debemos sumarle la otra cara de la moneda, y son los más de un millón de trabajadores que se han visto afectados por esta situación. Trabajadores que se han visto obligados a paralizar su actividad, con la consecuente pérdida de ingresos que para estos supone; especialmente para aquellos que se encuentran empleados en la economía informal. Y todo ello, en un escenario en el que la inflación, que se ha visto motivada a crecer por la elevada demanda de energía, así como otros factores, amenaza con la posibilidad de ahogar la demanda, en un escenario en el que se precisa de una demanda fuerte para estimular la economía.

En resumen, volvemos a toparnos con una situación que dificulta el camino de la recuperación a la economía mexicana. Al margen de la reforma energética, lo cierto es que México debe trabajar en la previsión de este tipo de situaciones, especialmente en un escenario en el que se puede permitir poca maniobra. Pues, de seguir sumando sucesos que dañen a la economía mexicana, no solo se lastrará y, por ende, postergará la recuperación, sino que los desequilibrios que hoy siguen ensanchándose, lo seguirán haciendo hasta su colapso.

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