El anuncio que hizo Facebook sobre su cambio de nombre implica más que una nueva denominación o una jugada para apuntar las miradas a otro lado ante la ola de escándalos que ha enfrentado la compañía. Se trata de la nueva orientación que busca transformar el Internet como lo conocemos.

Meta, el nuevo nombre de la familia de aplicaciones de Zuckerberg, es uno de los pilares del metaverso, una especie de nueva plataforma de interacción social basada en realidad virtual a la que se podrá acceder mediante dispositivos hápticos, ya sean visores, guantes, lentes y más.

La idea es que sin importar el punto de entrada, ya sea una cuenta de Facebook o Instagram, una cuenta de Microsoft o una partida en Fortnite, los usuarios puedan entrar al metaverso y conservar todas las características y objetos digitales adquiridos. Así, un usuario puede crear una sala de trabajo para tener una junta con sus colegas, intercambiar documentos o realizar alguna tarea en conjunto, para después salir y reunirse digitalmente con sus amigos en un concierto virtual. Las skins, documentos, aplicaciones, compras y objetos que se obtengan en algún área del metaverso, se conservarán en todos los sitios que integren al nuevo desarrollo.

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Ello, implica una nueva forma de socialización que intenta replicar el mundo físico, pero de una manera más divertida, con la lógica y estética de los videojuegos. El metaverso construirá un espacio de interacción social en el que las actividades cotidianas adquirirán un tono lúdico y la ubicuidad por fin adquirirá sentido.

En términos prácticos, el metaverso reconstruirá la manera en la que usamos Internet y sin duda, se crearán nuevos modelos económicos y de negocios partir de su masificación, que sucederá en corto tiempo, puesto que Meta quiere conectar en los próximos 5 años al menos a mil millones de usuarios.

Tan aparición de un entono digital tan grande no puede menos que causar asombro y generar expectativas en cómo se construirán nuevas economías a partir de la interacción que generarán tantas personas interactuando en un espacio tan amplio y tan conectado (https://www.forbes.com.mx/las-economias-creadas-por-facebook-en-15-anos/).

De la misma manera, empiezan a surgir dudas sobre el cómo va a transformarnos como individuos esta nueva plataforma. No son pocos los estudio que han mostrado de manera muy precisa que las redes sociales y las plataformas digitales han incluido de manera muy directa sobre nuestra la economía, la política, la democracia, el entretenimiento e incluso, sobre nuestra autopercepción.

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Y por supuesto, siempre está la duda de la regulación, ¿quién o qué regulará este nuevo espacio construido por empresas privadas? ¿Quién decidirá lo que se hará con nuestros datos personales y en manos de quién estarán? ¿Qué vamos a ceder por conectarnos y qué recibiremos a cambio, puesto que ahora nuestros datos ya no sólo pertenecerán a una empresa, sino a un conglomerado de ellas?

No hace más de dos décadas no quedaba muy clara la forma en la que Internet transformó a los negocios. Hoy, estamos en el umbral de un nuevo cambio, aun más profundo y radical, en el que es pertinente empezar a cuestionar todo lo que ya hicimos, para evitar los errores que hemos cometido en nuestra actual vida digital.

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