En las últimas semanas, la economía mexicana ha experimentado una gran actividad, la cual ha sido resaltada en los principales diarios económicos en el mundo. Con una persistente Covid, que sigue dañando a la economía azteca en tanto en cuanto sigue presente e incidiendo en su población, debemos contemplar externalidades que, derivándose de esta crisis que hoy nos acontece, siguen complicando la situación a la economía mexicana; más allá de contener los contagios y vacunar a la población. Pues no hace falta mencionar el término “inflación” para saber qué la economía mexicana presenta disfuncionalidades que, como en el resto del mundo, tensan la situación en el país.

En este sentido, cuando México lograba reducir la incidencia de la pandemia en el país, siendo esta relajación un claro producto de una pandemia que ya golpea con menos intensidad, las presiones inflacionarias, así como esa inflación de costes que de estas presiones inflacionarias se derivan a la economía, a nivel global, han provocado la actuación de los bancos centrales, entre otros organismos. Unos bancos centrales que, mediante los tradicionales mecanismos, pretendían contener una inflación que amenaza gravemente a la recuperación económica. Una inflación que, situándose en máximos, pretende solventarse con una mayor relajación de la política monetaria acomodaticia que forzaron todos los Gobiernos, con tasas de interés en mínimos históricos.

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La recuperación económica, tras los estímulos monetarios en Estados Unidos y la menor incidencia de la pandemia, es un hecho. Pese a lo comentado anteriormente, no podemos decir que la economía mexicana no se esté recuperando. De acuerdo con los principales organismos, la economía mexicana sigue evolucionando favorablemente. Los crecimientos que registra la economía azteca a lo largo de los primeros compases del año son testigos de esa recuperación, pero las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que estiman que el Producto Interno Bruto (PIB) del país crecerá un 6.2% durante este ejercicio, resuelven las dudas que quedaban restantes.

Pese al comportamiento de la pandemia y de la inflación, la economía azteca sigue estimulando su economía mediante la respuesta ofrecida por los Estados Unidos, así como las numerosas vías mediante las que dichos estímulos acaban llegando a tierras mexicanas. El comercio, las remesas, la inversión extranjera directa, el T-MEC, entre otros factores, han permitido que el FMI eleve el crecimiento previsto para la economía mexicana a final de año. Un crecimiento que mejora notablemente, desde el 5% proyectado previamente. Además, en lo relativo al ejercicio 2022, el FMI subraya que la economía seguirá creciendo a un ritmo equivalente al 4%; en este sentido, una mejora frente al 3% proyectado en abril.

Como vemos, pese a la incapacidad de la economía mexicana para hacer frente a la pandemia de forma unilateral, el escenario para México a final de año, así como al inicio del próximo ejercicio, se presenta bastante optimista. Los crecimientos siguen registrándose y proyectándose, y los factores mencionados previamente y por los que llega la ayuda exterior y los recursos a la economía azteca están siendo más determinantes que nunca en esta crisis, en la que México no ha sido capaz de responder con estímulos al nivel que lo han hecho otras economías del continente. Pero, sin embargo, es esta misma situación la que debe llevar a la economía azteca a no olvidar los riesgos pese a las previsiones y el optimismo; especialmente cuando atendemos a su situación y analizamos las vulnerabilidades que presenta el país.

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Así pues, las previsiones realizadas por el organismo multilateral nos dicen que la economía mexicana crecerá favorablemente a lo largo del presente ejercicio, a la vez que lo hará a un ritmo similar en el próximo. Sin embargo, pese a que no se esperan desviaciones notables en el cuadro macroeconómico que ofrece el Gobierno, la excepcional incertidumbre que hoy vemos en la economía y en los factores que han provocado que hoy estemos así no exime a ninguna previsión de cambios notables. El mejor ejemplo lo tenemos en España, tras la revisión del INE. Y es que, debemos recordar esa subida de tipos y la restricción al crédito que ello supone, pues puede moderar el crecimiento levemente de aquí a final de año, de la misma forma que podría moderar el crecimiento futuro.

Teniendo en cuenta que México era de las economías que más tarde prevé recuperar el nivel previo al Covid, tal y como clarifica la OCDE, cualquier relajación en los crecimientos ralentiza un progreso en el que México ya se sitúa descolgado de otras economías homólogas de la región.

De la misma forma, atendiendo a la vacunación, que, en cierta forma, controla la incidencia de la pandemia en el territorio, debemos señalar que México es, como define Statista en su ranking de vacunación en Latinoamérica, el segundo país más retrasado en lo que a la vacunación se refiere, siendo superado únicamente por Perú. Teniendo en cuenta la naturaleza de esta crisis, así como que es la vacunación y la pandemia lo que, en estos momentos, marca los ritmos en las distintas economías del planeta, México no debería obviar este hándicap. Pues, pese a que tampoco se espera, el FMI señaló que nada nos exime de un rebrote que podía poner en juego lo alcanzado hasta la fecha.

Por lo tanto, pese a que los escenarios son optimistas, México debe contemplar su situación de partida, así como contemplar los riesgos. Pues ni las economías desarrolladas, con recursos para enfrentar esto, han podido obviar las amenazas sobre una recuperación aún débil.

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