Las famosas power naps o siestas energéticas son un hábito muy saludable pero poco practicado en México. Dado que somos uno de los países con jornadas laborales más largas, ¿no deberíamos todos, al menos, descansar los ojos unos 20 minutos?

Alguna vez un viejo amigo me contó que, cuando tenía muchos problemas en el trabajo, se pasaba las horas de la madrugada mirando al techo sin conseguir cerrar los ojos. Un día decidió pararse de la cama a la medianoche y mirar por la ventana. Ahí descubrió a su vecino, dueño de un conocido negocio familiar de la ciudad, dando vueltas por la calle montado en su bicicleta, con una cara de angustia que le parecía… muy familiar.

El estrés es la enfermedad de nuestros tiempos, que persiste en gran medida por nuestra incapacidad para desconectarnos de las cosas que nos agobian: nos llevamos el trabajo a casa y este nos sigue como un fantasma hasta la madrugada. Como no nos desconectamos, no descansamos, y cada vez estamos más hartos, más agobiados. Algunos de nosotros, que tenemos dos horas libres para comer todos los días, desperdiciamos la mayoría de ese tiempo en el tráfico solo para llegar a casa. Ya no hay tiempo para nada más que para tener prisa.

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Entre las argucias que a uno se le ocurren para soportar este estilo de vida, está una que es tan vieja como efectiva: las siestas. Yo recomendaría, incluso, que toda empresa les diera la oportunidad a sus colaboradores de tomar una siesta a la mitad del día, pues es una gran manera de refrescar nuestra mente. No por nada en inglés se les llama power naps, que podemos traducir como siestas energéticas. Razones a favor de ellas hay muchas y, lo que es mejor, hay evidencia científica que las respalda. Según este estudio del año 2011, toda persona (sin importar la edad) necesita dormir entre 8 y 7 horas y media al día. Cuando una persona no puede dormir todas esas horas de una sentada, especialmente quien tiene 60 años o más, las siestas son el recurso perfecto para completar las horas de sueño totales que alguien necesita para descansar. El estudio concluyó que las siestas combatieron la somnolencia y mejoraron el desempeño cognitivo de los miembros del estudio, todos ellos adultos mayores de 50 años. La famosa clínica Mayo coincide en esto último con el estudio del 2011, asegurando que las siestas relajan y reducen la fatiga, mejoran la concentración, el estado de alerta y la memoria, lo que se traduce en un mejor ambiente laboral, menos errores y mayor productividad. Ya hay, de hecho, empresas con una cultura de las siestas energéticas. Yahoo Finanzas menciona a empresas como Ben & Jerry’s, Cisco, Nike y Google, así como otras menos famosas, entre las que se encuentran firmas legales de auditoría.

Reglas para tomar una siesta en el trabajo

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Lo mejor de las siestas es que su relación costo-beneficio es muy alta. Lo más aconsejable para alguien que apenas adoptará la costumbre de tomar siestas es seguir estas reglas de dedo; por supuesto, cada persona es diferente y deberá encontrar lo que más se le acomoda. Dicho esto, veamos:

  1. Procura tomar la siesta antes de las 4 de la tarde. Entre más cercanos sean los horarios de tu siesta y el de tu hora de dormir, más difícil será conciliar el sueño en la noche. Una buena manera de combatir el cansancio que llega con la digestión después de la hora de comer es, justamente, tomar una siesta.
  2. Procura no tomar una siesta de más de media hora. Esto también depende de la persona, pero por regla general, lo mínimo necesario para descansar son 15 minutos y lo máximo son 30. La clínica Mayo recomienda hasta 20 minutos, aunque por supuesto, hay excepciones: si las cosas se ponen difíciles en el trabajo y debes desvelarte, una siesta de noventa minutos al día siguiente puede ayudarte a recuperarte más rápido.
  3. Desconéctate de tu alrededor: Pon el celular en modo avión, aléjate del ruido y de las fuentes brillantes de luz, si es posible. Cuando te levantes de tu siesta, date unos minutos para regresar a la realidad. No te pares de un salto para regresar a trabajar inmediatamente, haz una transición más gentil para que tu cuerpo se vaya aclimatando.

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Existe este mito de que las personas que duermen y descansan son holgazanes. “¡No puedes hacer dinero si estás durmiendo!” Bueno, tampoco si estás muerto. No hay nada más preciado que nuestra salud; la salud y el tiempo son los activos más valiosos que tenemos. Una rutina más saludable en el trabajo nos traerá más productividad que, por definición, significa más beneficios con menos esfuerzo.

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