Los líderes del G7, grupo de países del mundo cuyo peso político, económico y militar es considerado relevante a escala global, se vuelven a reunir, ahora en Cornualles, Reino Unido, pero en un mundo totalmente diferente e intensificado por máscaras y distanciamiento social, un constante recordatorio de que el 2021 será diferente a cualquier otro. Uno de los cambios más significativos ya es tangible: los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera ya son mayores de lo que han sido en los últimos 4 millones de años, según estadísticas reveladas recientemente.

En lo que concierne al calentamiento global, el mundo ha alcanzado un nuevo territorio y las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando. El mes pasado, la Agencia Internacional de Energía (AIE) declaró que si se quiere mantener el límite de 1.5 grados Celsius, toda exploración y desarrollo de nuevos combustibles fósiles deben detenerse este año y, se deben de establecer metas climáticas ambiciosas hacia el 2030 y el 2050.

Estamos es un punto crucial en la historia: Si el mundo no actúa ahora, el futuro se alterará mucho más allá de lo que ha provocado la epidemia de coronavirus. Llegamos a una bifurcación en el camino que tiene como meta la agenda 2030. Los científicos han declarado que las emisiones de gases de efecto invernadero deben reducirse a la mitad para 2030 si el mundo desea permanecer por debajo de 1.5 grados Celsius de calentamiento global. De lo contrario el mundo podría recibir fuertes estragos derivados del cambio climático.

Las naciones más ricas del mundo -culpables del problema climático- son conscientes de lo que se les exige, pero continuamente no cumplen con dichas exigencias. Sin embargo, la reunión del G7 ocurrida en días pasados logró un progreso considerable, particularmente en términos de la lucha contra el carbón, combustible que impulsó la revolución industrial y al mismo tiempo aumentó la contaminación como externalidad ambiental negativa.

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Hasta ahora, los países más ricos no han cumplido sus promesas sobre la financiación climática. El mayor problema durante las conversaciones sobre el clima ha sido el tema monetario. El recurso económico siempre será escaso en comparación con los grandes problemas mundiales. Aunado a esto, las crisis económicas, sociales y de salud derivadas de Covid-19 han abonado al retraso del financiamiento climático.

Todos los líderes del G7, Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Canadá, Alemania, Francia, Italia y la Unión Europea, han reafirmado su compromiso de limitar los aumentos de temperatura a 1.5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales (el límite inferior establecido en el acuerdo de París de 2015).

Los líderes tienen objetivos comunes a largo plazo de alcanzar cero emisiones netas para 2050, y prácticamente todos tienen objetivos de reducción de carbono a corto plazo. El G7 se ha comprometido a dejar de subsidiar el carbón y la energía a base de carbón en el extranjero, lo que marca un importante paso adelante en la transición global alejada del combustible fósil más sucio.

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Todo esto, sin embargo, podría ser insuficiente a medida que el mundo regresa al desarrollo económico basado en combustibles fósiles en lugar de hacer la transición necesaria a energías renovables y bajas en carbono. Algunos expertos calculan que las emisiones globales de dióxido de carbono aumentarán a niveles casi récord este año.

En los países que no pertenecen al G7, la situación es preocupante. China, el mayor emisor y la segunda economía más grande del mundo, no está representada en el G7. A pesar del objetivo a largo plazo del país de cero emisiones netas para 2050, la dependencia de China del carbón ha aumentado a raíz del Covid-19.

El error más grande en esta década sería no ambicionar en metas climáticas y peor aún, no cumplirlas. Es necesario redoblar esfuerzos globales para cumplir los objetivos climáticos y acelerar la transición de energía limpia.

En noviembre se llevará a cabo la COP2 en Glasgow. Por el bien de la humanidad se espera los líderes mundiales se presten a dialogar y consensar políticas y objetivos climáticos ambiciosos con estrategias financieras y de gestión tanto viables como incluyentes para lidiar con el mayor reto de esta época, el cambio climático y el calentamiento global.

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Pablo NecoecheaSr. Sustainability Manager de Grupo Televisa y profesor de economía e impacto ambiental en la Universidad Anáhuac Norte.*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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