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Que lo privado… quede privado

La tensión que causó WhatsApp con el anuncio de cambios en su política de privacidad trajo a discusión la necesidad de reflexionar sobre cómo y para qué utilizamos las redes sociales.

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Whatsapp Foto: Reuters.

De acuerdo con una encuesta realizada por U-Report –herramienta de la UNICEF– a 9,600 jóvenes y adolescentes mexicanos, 65% han enviado mensajes, fotos y videos con contenido sexual. ¿La motivación? 57% respondió “un momento de calentura”. ¿Estamos plenamente conscientes de lo que compartimos por redes sociales?

Hace algunos días causó revuelo la actualización que anunció WhatsApp en su política de privacidad –aplicable a las personas que compartan mensajes con empresas a través de esta aplicación– debido a que algunos pensaron que la aplicación entregaría sus datos personales a Facebook –empresa propietaria de WhatsApp desde 2014–. Esto no es del todo correcto, porque Facebook ya recopilaba información de lo que hace la gente en la aplicación de mensajería con el objetivo de segmentar a la perfección las campañas que las empresas contratan. Sí, tengo un servicio de mensajería cuyo modelo de negocio me permite tenerlo “gratuito”, pero que pago con mi información estadística.

Entonces, ¿dónde está el peligro? En la escasa consciencia que tenemos aún sobre lo que implica utilizar las redes sociales; en lo poco que sabemos sobre el uso que dan los proveedores de estos servicios a nuestros datos y en el tipo de información que compartimos –aunque los mensajes estén cifrados de extremo a extremos como afirma la empresa, no estamos exentos de que el receptor comparta la foto, el audio o el texto comprometedor–.

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Huir de estas aplicaciones no es la respuesta. Es mejor tener claro que para estos servicios “gratuitos” la moneda de cambio es nuestra información estadística –lo que a ellos les permite dirigir mejor los mensajes de publicidad y generar negocio–. Si no estamos dispuestos a proporcionar nuestra información, también existen servicios de mensajería –cuyo modelo de negocio es distinto– con un costo mensual. Esto nos daría mayor certeza sobre el uso de la información.

Ahora, ¿quién ofrece alguna garantía de que los contenidos que compartimos con nuestros contactos no caerán en manos equivocadas? Nadie. Es muy importante que familias, escuelas y empresas intensifiquen sus procesos de orientación –y capacitación– sobre el uso de redes sociales, generar consciencia sobre los efectos que puede tener compartir información que pudiera ser sensible y, sobre todo, comprender que una vez que la enviamos dejamos de tener control sobre a quién más le podría llegar. Consideremos también la información que estas aplicaciones solicitan para comenzar a utilizarlas. ¿Tienes presente, por ejemplo, qué información de tu perfil en Facebook es pública?, ¿A qué datos tiene acceso tu cuenta en Google? o ¿Qué permisos otorgaste a cada aplicación que has descargado?

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Otro aspecto muy relevante que debemos contemplar es utilizar los canales apropiados de contacto de acuerdo con el tipo de información que deseamos enviar. No utilicemos, por ejemplo, un canal de mensajería gratuito para compartir contratos o información financiera de la compañía; para esto utilicemos un correo electrónico oficial.

Después de todo el revuelo causado por el anuncio de WhatsApp, la empresa afirmó que la fecha límite para que los usuarios puedan aceptar las nuevas condiciones se extenderá hasta el próximo 15 de mayo. ¿Esto hace alguna diferencia? Definitivamente no. Pero que el tema se haya puesto en la agenda nos sirve para recordar la importancia de dejar en privado lo privado y recordar que todos estos servicios “gratuitos” también tienen un modelo de negocio.  

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Contacto:

*Juan Carlos Carrillo es director de Ciberseguridad y Privacidad de Datos en PwC México. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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