Es difícil pensar en la viabilidad a largo plazo de un proyecto o empresa, mientras estamos inmersos en una pandemia que golpea la salud de nuestros seres queridos, impide movernos en libertad, desconcierta los mercados, pone en entredicho alianzas históricas, rompe cadenas de suministro, complica operaciones, dispara costos y genera una estrechez de flujo.  

Todo lo anterior abre la disyuntiva entre salvar la circunstancia o cumplir las obligaciones con nuestra familia, colaboradores, clientes, proveedores o autoridades.

Tenemos que salvar la circunstancia sin olvidar los retos de largo plazo.

Así como la pandemia de 1918-1919 no impidió la reconfiguración económica y social de los 20´s, la pandemia actual no detendrá la emergencia de nuevas tecnologías. El automóvil, el teléfono, el cine y la electricidad, todas tecnologías emergentes a principios del siglo XX, mantuvieron su desarrollo y alcanzaron sus puntos de masificación poco después de la gripe española, para transformar por completo la forma de vida y de trabajo de la sociedad moderna.

Hoy tenemos al menos 5 tendencias que habrán de cambiar los patrones globales de consumo, producción y distribución:

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  1. Economía circular. Existe un consenso entre organismos de política pública en cuanto a que el patrón de producción y consumo actual no es sostenible. Hay avances teóricos importantes sobre la transición del modelo económico actual a uno circular, en el que los productos -finales, intermedios o de capital- se reintegren al ecosistema productivo al final de su vida útil. Como siempre, la carga de resolver el problema práctico de diseñar los productos y ajustar los procesos para permitir la circularidad va a recaer principalmente sobre las empresas.
  2. Cambio climático. El calentamiento global es reconocido como el mayor reto ambiental de nuestro tiempo. La falta de acción actual se explica por el hecho de que las iniciativas a nuestro alcance serían prohibitivamente costosas y no garantizan la resolución del problema. Los avances en materia de generación y almacenamiento de energía tienen el potencial de romper este impasse y precipitar requerimientos gubernamentales que vuelvan a las operaciones neutrales, desde el punto de vista de emisiones de gases tipo invernadero, para lo cual deberán reducir lo más posible su huella de carbono y compensar las emisiones que no se puedan evitar mediante el fondeo de iniciativas verdes.
  3. Conectividad y automatización. La emergencia de las tecnologías 5G y la inteligencia artificial permitirán que los equipos puedan operar y reaccionar ante eventualidades de una manera más rápida, precisa y segura, sin la presencia e intervención humana. La tecnología 5G ofrece al menos 20 veces más velocidad de transmisión de datos, 5 veces más capacidad de aparatos por kilómetro cuadrado y 80% menor latencia que la actual, con lo que la conexión remota se vuelve comparable a la presencia física. Hoy en día, la inteligencia artificial potencia la capacidad humana más allá de sus capacidades físicas en los campos de finanzas, agricultura, diagnóstico médico, servicio al cliente y vehículos autónomos.

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Los vehículos autónomos (nivel 5) tienen más sensores y mejor capacidad de reacción que los ojos y reflejos humanos, aun sin considerar la ventaja de resolver por diseño las principales causas de accidentes, como son el cansancio, el alcohol y la imprudencia.

La inteligencia artificial y la electromovilidad requerirán una reconversión de la industria automotriz. Ya hay una carrera entre conglomerados de Estados Unidos, China, Alemania, Japón y Corea, con el respaldo de sus gobiernos y centros de investigación, para mejorar la confiabilidad de los vehículos, pero también para desarrollar las cadenas de suministro. Si México quiere mantenerse como una potencia manufacturera, debe entender y sumarse a las distintas apuestas e ir generando las capacidades que serán cruciales en la nueva realidad económica.

  • Soluciones descentralizadas de energía. La generación de energía requiere hoy transportar el petróleo o el carbón a través de océanos, bombear el gas a través de miles de kilómetros de ductos, transportar combustibles por tubería o pipas otros miles y, finalmente, transmitir la electricidad por líneas otros tantos.

Es claro que se gasta mucha energía en producir y transmitir energía y que esto ha sido económicamente viable por la relativa abundancia de hidrocarburos y la libre emisión de gases a la atmósfera. En el futuro, cuando ya no sea así, se deberán diseñar soluciones descentralizadas y locales de generación de energía, respaldadas en lo posible por energía “importada”, pero con tecnologías combinadas que proporcionen un alto grado de autonomía.

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  • Política industrial activa. En su libro “El estado emprendedor”, Mariana Mazzucato plantea que los gobiernos han tenido un rol central en la innovación y competitividad de sus sectores privados. Ella ilustra el punto al listar los componentes tecnológicos que hacen posible el Iphone y que Apple utiliza sin pagar regalías, como son las baterías de litio, memoria caché, compresión de señal, pantallas de cristal líquido, pantallas táctiles, GPS, microprocesadores, reconocimiento de voz, entre otros.

El caso más actual es el de las vacunas Covid19, cuyas tecnologías base se desarrollaron con fondos públicos y que reditúan ahora a las farmacéuticas privadas. La crítica no es que los estados se involucren, sino que asuman costos y riesgos, sin participar de los beneficios cuando se materializan.

El acompañamiento de los gobiernos para impulsar la innovación y la competitividad de sus sectores privados podría hacerse de manera transparente y sistemática, fondeándose mediante esquemas de regalías como el que tiene el Servicio Geológico Mexicano, que le permiten asumir los costos y riesgos de la exploración y desarrollo inicial.

Por supuesto, el éxito de las empresas contribuye de manera directa a sus jurisdicciones a través de empleos seguros y bien pagados, la derrama y contenido local, desempeño responsable en lo ambiental y el pago de impuestos.

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El reto no es que una empresa se fije estos objetivos generales, sino que llegue a una fórmula básica de entendimiento con autoridades de los diferentes órdenes de gobierno, sus reguladores, sindicatos, academia, las comunidades anfitrionas y demás organizaciones de la sociedad civil.

En estos momentos de crisis y cambio, el reto es sobrevivir la circunstancia sin perder de vista la transformación que se avecina. El impacto será económico, pero también será social. La imprenta, la radio, los motores de combustión interna, la píldora anticonceptiva, los teléfonos inteligentes, fueron todas innovaciones económicas que también transformaron las sociedades de su tiempo.

Los avances tecnológicos hoy emergentes generarán sus propias transformaciones económicas y sociales, cuyos trazos más amplios se pueden anticipar. Para ello se necesita una unidad de propósito que hoy en día no existe.

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Contacto:

Francisco Quiroga, ex subsecretario de Minería, licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Nuevo León.*

Twitter: @PacoQuiroga

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