Han tenido que pasar cerca de 90 años para que México vuelva a registrar una contracción en su producto interior bruto (PIB) de dimensiones similares a la registrada tras el crac de 1929, que marcaba el inicio de lo que conocemos como “la gran depresión”. Y es que, tras la revisión realizada por el INEGI, la economía mexicana cerró este 2020 con una contracción del 8,2%; una contracción que, como decimos, no encuentra precedentes en crisis pasadas, pues ni la contracción de 1995, ni la del 2008, presentan contracciones similares.

Ahora bien, debemos saber que dicha contracción, aunque nos pueda preocupar a la ciudadanía por la dimensión que esta presenta, a ojos de los economistas preocupa en menor medida. Y es que, ante una pandemia que ha obstaculizado el normal desarrollo de la actividad económica, obligando a los distintos gobiernos a paralizar toda actividad no considerada esencial para frenar los contagios, una contracción de tal magnitud era lo esperado y lo contemplado en las previsiones. Pues hablamos de una paralización real, un claro shock de oferta, que ha vivido la economía y que, por ende, deja contracciones de semejante magnitud.

Por esta razón, y dado que se trata de una crisis económica derivada de una crisis sanitaria, y no como en crisis pasadas, de debilidades estructurales que han acabado por estallar, se espera que el 2021, con la llegada de las vacunas y la permisión que esto supone para la reapertura de dicha actividad, sea un año, en teoría, de crecimiento económico. Un año en el que, de acuerdo con los distintos organismos, México debe crecer a un ritmo muy acelerado; aunque, de la misma forma, ello no implica que el país vaya a recuperar el nivel previo el presente ejercicio, pues el rebote es inferior a la caída.

En este sentido, los riesgos se van disipando y la esperanza de una recuperación económica en este 2021 va ganando adeptos. Por esta razón, los analistas de Banxico, así como las previsiones que ofrece el FMI y el Banco Mundial, muestran un mayor optimismo para la economía mexicana. Mientras se preveía que la economía azteca creciese a ritmos del 3,7%, los nuevos pronósticos revisaron al alza dicha previsión, arrojando un posible crecimiento, en el nuevo escenario, que podría alcanzar el 3,9%. No obstante, de la misma forma que hemos ido aclarando lo bueno, debemos resaltar, también, lo no tan bueno.

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Y es que, pese a las previsiones, dicha recuperación, así como el cumplimiento de los pronósticos, no está exenta de riesgos. Es más, el propio FMI ha sido el primero en comunicar que estos riesgos preocupan cada vez más por lo observado al inicio del año.

Así pues, la economía mexicana ha comenzado el año con buen pie. La inflación comienza a remontar, a la vez que la economía comienza a mostrar un mayor dinamismo. No obstante, la presencia de la pandemia en el país azteca pone en peligro la recuperación, pues los condicionantes de los que avisa el FMI, en presencia del virus, podrían activarse fácilmente. Una serie de condicionantes entre los que se encuentra el apoyo por parte del Gobierno a las políticas de estímulo aplicadas en una gran parte del mundo, el acceso a las vacunas y los ritmos de vacunación en el país, así como una serie de debilidades estructurales que presentan muchas economías y que, por lo que suponen, podrían retrasar esta previsión e incumplir con dichos pronósticos.

Así pues, veamos los condicionantes para el caso de México.

En este sentido, en lo que respecta al apoyo del gobierno a las políticas de estímulo que, con el objetivo de combatir el ciclo económico, están aplicando los gobiernos, cabe decir que México es, según el FMI, el país emergente que menos recursos ha dedicado a enfrentar la pandemia. En este sentido, hablamos de una inyección por parte del país de alrededor de un 1% del PIB, frente a un 6% de media en las economías desarrolladas, así como un 3% en las emergentes. Una situación que cobra importancia tras el análisis, pues la falta de apoyo tendrá un claro impacto en la economía.

Por otro lado, en los que respecta a los ritmos de vacunación, debemos saber que no solo hablamos de un país con escasos recursos sanitarios, sino que, también, los ritmos de vacunación en todo el planeta, incluyendo las economías desarrolladas, se está retrasando más de la cuenta. Esta situación preocupa mucho a los economistas, pues de la vacuna depende la reapertura de los comercios, la recuperación del empleo, así como la vuelta a la normalidad. Y es que la importancia de esto es tal, que los propios expertos de BBVA Research han llegado al punto en el que, en tono sarcástico, han reconocido que la mejor política económica que podía aplicarse era acelerar estos ritmos de vacunación.

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Por último, en lo que respecta a las debilidades internas, como sabemos, México es un país que presenta una serie de debilidades estructurales que deben corregirse. Entre ellas destaca la escasa fortaleza de las instituciones, la elevada corrupción y la economía informal, entre otros aspectos como la elevada dependencia de determinados sectores. Unas debilidades estructurales que dificultan la recuperación, pues hablamos de un país que presenta auténticas dificultades para demostrar sus fortalezas institucionales; quedando reflejadas estas dificultades en la elevada tasa de informalidad de la que hablábamos.

En conclusión, hablamos de un escenario más optimista que pesimista, pero con la salvedad de que debemos contemplar los distintos escenarios posibles. Pues ante semejante situación, pocos son los mandatarios que pueden dejarse llevar por una autocomplacencia más que injustificada.

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