En un escenario en el que las economías comenzaban a recuperar el contacto social y la actividad, cuando los indicadores volvían a arrojar niveles “normales” y los países comenzaban a recuperar el PIB perdido durante la pandemia, la nueva variante Ómicron ha irrumpido con mucha fuerza en el planeta, extendiendo rápidamente su presencia por más de 63 países. Una nueva variante, más contagiosa que su predecesora, que pretende poner las cosas aún más difíciles antes de poner punto final a esta crisis que hoy vivimos.

Pues que las economías se recuperan es un hecho innegable. La brecha entre el PIB previo y el PIB registrado hasta la fecha en numerosas economías nos dice que muchos continentes ya han superado la crisis en lo que a PIB se refiere, mientras que otra gran mayoría esperaba hacerlo muy pronto, entrado el año 2022. Sin embargo, no podemos negar que la excepcional incertidumbre que nos envolvía nos ha impedido ver una nueva variante que amenaza con cerrar la economía de nuevo, con nuevas restricciones que impidan que la elevada incidencia que hoy registramos siga incrementándose.

Muchas son las economías que han comenzado a cerrar y a dejar operativa la actividad esencial. En Europa, incluso las potencias europeas, como es el caso de Holanda, han comenzado a cerrar toda la actividad económica que no es considerada esencial. Y es que la Ómicron no deja de extenderse, en tanto en cuanto se registra actividad social y contacto entre los habitantes. No obstante, los estudios nos muestran que esta es la peor noticia que podía esperarse en lo que a la economía se refiere. Pues las restricciones que precisan aplicar los países para frenar el virus, simultáneamente, frenan la economía.

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Los estudios que han hecho los principales centros de research en el mundo han señalado la estrecha relación que existe entre restricciones y evolución del PIB. El Banco de España, por ejemplo, hacía un estudio para comprobar la correlación existente entre restricciones y PIB, tratando de ver hasta qué punto se podía explicar la contracción vivida por las restricciones aplicadas sobre movilidad. Las conclusiones que arrojaba el informe muestran que, aproximadamente, el 75% de la contracción se debía a las restricciones aplicadas, por lo que frenar el virus nos costó una pérdida de PIB muy considerable.

Aunque hablamos de un estudio sobre la economía española, este estudio puede aplicarse en todos los países. Los cierres y los frenos a la movilidad, de la misma forma que frenaban la expansión del virus, condenaban a las economías, que registraban niveles de actividad económica en mínimos, contracciones no vistas desde hace muchos años, así como todo lo que conlleva paralizar en seco una economía. Y podemos decir que ya lo hemos hecho una vez, pero debemos de tener en cuenta la situación en la que nos encontramos tras el shock al que nos hemos enfrentado.

La economía parece que vuelve a cerrarse ante la nueva amenaza que asoma en el horizonte. Una gran amenaza que se suma a una situación de inflación insostenible y un persistente desabastecimiento. Las empresas comenzaban a recuperar la actividad, pero una gran mayoría de ellas seguía recuperándose de una crisis que le llevó a cerrar y a no contar con ingresos un gran tiempo. Además, los países se encuentran endeudados y los estímulos, ante la creciente inflación, comenzaban a reducirse, a la vez que los bancos centrales seguían subiendo tipos para frenar el incremento de los precios.

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Todo ello estaba frenando la economía. Las políticas convencionales que aplica un banco central ante una inflación elevada son aquellas políticas basadas en incrementar los tipos de interés y dejar de incrementar la masa monetaria en circulación. Estas políticas, en resumen, de la misma forma que frenan el incremento de los precios, frenan el crecimiento económico y restan dinamismo a la economía. En un escenario en el que nos recuperábamos, una normalización de la política monetaria no es nada peligrosa. Sin embargo, en un escenario en el que nos enfrentamos a una nueva paralización económica es bastante peligrosa.

Las economías se encuentran duramente golpeadas por la pandemia que nos sacudió el pasado año. Los países apostaron todo por la recuperación, y hemos apostado todos los recursos para salir de esta. Ahora bien, si la escasa vacunación en algunas economías ofrecía poca esperanza, la prueba de que Ómicron esquiva bien las vacunas en países como España, donde la inmunidad alcanza a una gran mayoría de la población, ofrece menos todavía. Por ello, debemos tener en cuenta del “cocktail” de fin de año que nos deja este maldito virus.

Han sido meses de mucho trabajo. Ha sido muy grande el esfuerzo demostrado por toda una población mundial. Sin embargo, no es el momento de bajar los brazos. El virus nos amenaza de nuevo, nos vuelve a echar un pulso. Si bajamos los brazos ahora, todo lo que hemos hecho, para muchos países, podría caer en saco roto.

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