Se denominan factores antropogénicos a las transformaciones, consecuencias y efectos originados por las actividades de los seres humanos que afectan al planeta, es decir, todo lo que hacemos cotidianamente representa potencialmente una acción positiva o negativa en nuestro entorno.

A lo largo de la historia, la humanidad ha sido capaz de alterar el curso del desarrollo y la evolución; ampliar el conocimiento científico y romper las limitaciones de los procesos naturales; desafortunadamente, haciendo caso omiso de las terribles secuelas y resultados nocivos que ahora se revierten en su contra.

El cambio climático, la sexta extinción masiva de especies, basura y desechos peligrosos,  combustibles fósiles, plásticos, materiales radioactivos, fertilizantes, herbicidas, pesticidas, destrucción del medio ambiente, sobreexplotación, dispersión de patógenos, la contaminación de suelos, aguas, aire y hasta el mismo espacio saturado de chatarra son temas que -por intereses económicos, ambición desmedida y egoísmo- evadimos y le pasamos la factura a las generaciones futuras (si es que llegan a sobrevivir).

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La destrucción a gran escala es parte de la evolución; sin embargo, esta es la primera vez que esta devastación no tiene un origen natural, no es una erupción volcánica catastrófica, una glaciación, una plaga, un desastre natural o el movimiento del campo magnético que transcurrieron en cientos de miles o millones de años sino los estragos y la ruina causada por el Homo Sapiens en apenas unos 200 años de la era industrial.

En los últimos 50 años, la explosión demográfica ha significado la pérdida de casi la cuarta parte de los suelos fértiles, más de la mitad de los bosques, la contaminación del 95% de todos los cuerpos de agua, la extinción de miles de especies y otros miles ya bajo riesgo inminente; las concentraciones de CO2 y metano en la atmósfera están aumentando aceleradamente; los glaciares, el hielo polar y el permafrost se derriten a velocidades terribles; los micro plásticos se pueden hallar tanto dentro de nuestro cuerpo como en las mayores profundidades del océano. 

Una pesadilla, ciencia ficción, cuentos para mantenernos ocupados, es lo que quisiéramos, pero no, se trata de una realidad brutal y contundente. Tras muchos de los padecimientos, enfermedades y diversos tipos de cáncer, diabetes, afecciones pulmonares y cardiacas podemos hallar la ruta que los conecta a todos con los gases de efecto invernadero, la dispersión de químicos, la reducción de la biomasa forestal y la polución del agua, entre otros.

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Hay quienes sostienen que la Tierra es un organismo vivo, un sistema complejo de organización de la vida en que las partes -todas- se complementan, reciclan, alimentan y establecen equilibrios que permiten la creación de las condiciones optimas para la vida; su expansión, evolución positiva y las manifestaciones mas bellas de la naturaleza.

Cuando sucede lo contrario, el balance se rompe y se vuelve una catástrofe épica, un planeta enfermo tratará de curarse y para ello deberá eliminar a su depredador más atroz.

Esta claro; no hay salida, estamos muy lejos tecnológicamente como para suponer que encontraremos un planeta sustituto o que una expedición llegará a un recóndito lugar del universo para garantizar nuestra sobrevivencia.

La comunidad científica llego a un acuerdo central: hemos llegado al punto irreversible. Es aquí y ahora cuando o cambiamos y asumimos la responsabilidad de nuestra propia acción e inacción como especie o sus consecuencias nos harán pagar el precio.

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Las películas de zombis deambulando, acosando y devorando sobrevivientes en un mundo postapocalíptico, estéril, arrasado, devastado, desértico, hostil, contaminado, lleno de basura y restos humanos, bajo un sol abrazador, sin agua, sin comida y con un aire que nos mata lentamente es un escenario prospectivo a menos de 70 años de distancia (quizá menos).

Concientizar, educar, combatir la desinformación, activar la participación, forjar la cultura de masas y formar seres humanos antropogénicamente responsables es crucial.

Pero la lucha contra las actitudes nocivas es el mayor frente de batalla, una mayoría de los seres humanos prefiere permanecer ciega, reacia a hacer algo, impávida, indiferente, indolente, creyéndose dueña y poseedora única del mundo.

Las contribuciones sencillas y simples pueden lograr cambios e impactos a gran escala, todo cuenta, todo influye, a veces un problema complejo puede resolverse a partir de modificaciones microscópicas, ínfimas, personalizadas.

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Un uso racional de todos los recursos, recomendaciones mínimas de sentido común. No desperdicies el agua, colecta y recicla toda la que puedas, no consumas lo innecesario, cuida lo que compras, prefiere materiales durables y de bajo impacto.

Mucho puedes hacer desde tu dieta, renuncia a malos hábitos, colecta tu basura, haz viajes para entregar los desechos peligrosos en los sitios adecuados. No desperdicies la luz, crea reservas verdes, usa el coche para lo necesario, inventa formas de ayudar al ambiente, prefiere marcas ambientalmente responsables, protestas contra el maltrato animal y no patrocines formas de explotación.

Infórmate, lucha, comparte, transfórmate y conviértete en un transformador antropogénico, pasa la voz, si alguien nos pidiera cuentas del uso que hemos dado a nuestro paraíso peculiar, seguramente nos expulsarían y no por comer manzanas sino por haber arrasado con todos los árboles. 

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