Pese a que se recupera, la economía mexicana sigue mostrando tantas sombras como luces en el horizonte; sombras que hacen que las luces que se atisbaban para el próximo año, hoy y a la luz de los indicadores adelantados, iluminen con mucha menos intensidad que hace meses. Pues hay que decir que todas las miradas estaban puestas en la recuperación económica que a día de hoy experimenta la economía global como conjunto, pero pocos dieron importancia a diversos factores que, como avisó el FMI y como avisamos en esta columna hace semanas, condicionaban esa recuperación.

En primer lugar, hay que destacar que México en el 2020 registró una contracción histórica que le metía de lleno en esa crisis global que había ocasionado el Covid. Sin embargo, y probablemente con un claro interés político, esta contracción hizo que dejáramos de pensar en que la economía mexicana, y como muestran los datos que recoge el INEGI, cerró el año 2019 con una contracción económica que situaba al país en un escenario de estancamiento o, mejor dicho, en un escenario de recesión técnica.

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Por lo tanto, debemos tener en cuenta, y de partida, que la situación en 2019 para México no era ni mucho menos la deseable.

Con todo, llegó la pandemia y esas cifras podían enmascararse en una crisis global que hacía de México la regla y no la excepción. En este sentido, el país registró una contracción histórica, pero lo hacía en compañía de las principales economías en el mundo, por lo que no era una situación destacada entre un conjunto de economías que caían al mismo nivel, y en todo el planeta. Sin embargo, esa autocomplacencia y la calma que sentía el gobierno por lo ocurrido tenía los días contados, pues esa situación de excepción llegó con la necesidad de que los países actuaran para combatir la crisis.

En este sentido, y como dijo el FMI, existían diversos factores que, en función de cómo se comportasen las distintas economías, condicionarían la recuperación económica que, tras la crisis, debían iniciar todas las economías en el mundo. Entre esos factores determinantes, el FMI hizo hincapié en tres muy concretos, siendo estos la respuesta fiscal y monetaria que podían ofrecer las economías para responder a la crisis que hoy se registraba y con el fin de estimular su crecimiento; la capacidad de respuesta por parte de los sistemas sanitarios a la incidencia registrada por las variantes; y, por último, las propias debilidades estructurales que presentaban estas economías en momentos previos a la pandemia.

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Condicionantes que, como veremos a continuación, situarán a México en la lupa de los analistas en los próximos meses. Pues, comenzando con la respuesta fiscal y monetaria, podemos observar una actuación por parte de las autoridades mexicanas que, a juicio de la propia economía, es bastante escasa e insuficiente.

En lo que respecta a este primer punto, a la respuesta monetaria y fiscal, la situación de excepción de la que hablamos se recoge en los datos que ofrece la Universidad de Columbia sobre la respuesta fiscal ofrecida por los países en relación con su PIB. Estos datos que nos muestran una respuesta global media del 3,7% del PIB; pero si clasificamos entre economías desarrolladas y no desarrolladas, la respuesta fiscal media en las desarrolladas asciende hasta el 6,7% del PIB, mientras que en las economías en desarrollo de América Latina alcanza el 2,4% de su PIB. Así, debemos señalar que hablamos de datos medios, pues cuando analizamos a México en solitario, podemos ver cómo esta respuesta no supera ni el 1% de su PIB, mientras que hablamos de que hay economías, como Estados Unidos, que apostaron cerca del 18% de su PIB para revertir la situación.

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En lo que respecta al segundo factor condicionante, poco hay que decir de cómo se encuentra la vacunación en América Latina. La desigualdad que muestra el reparto de las vacunas a nivel global supone un claro lastre para aquellas economías en desarrollo que no son capaces de incrementar su vacunación y situarla en niveles similares a los que muestran otros países desarrollados. Además, poco ayuda el hecho de que el sistema sanitario que presenta el país, a la luz de los datos, tampoco era el más preparado para combatir una situación de estas características; máxime, en un escenario en el que el virus colapsaba los sistemas sanitarios en todo el mundo, incluyendo entre sus víctimas, también, a aquellos más preparados.

Por último, en lo que respecta al tercer factor condicionante y como he dicho, pocos son los que se han parado a analizar la situación de partida, teniendo en cuenta que todos los mandatarios miran 2019 con el deseo de volver a los niveles que veíamos durante ese ejercicio. Pero pocos han tenido en cuenta lo que comentamos, y que resaltábamos en nuestra pasada columna, debiendo señalar que el 2019 fue un año realmente malo para la economía mexicana. Pues basta observar el crecimiento que registraba México durante ese año para darnos cuenta de la situación, pero no basta si atendemos a la retirada de estímulos que amenaza al crecimiento económico que debe registrar la economía en los próximos meses.

En conclusión, tenemos más certezas y menos dudas que el pasado año, pero no podemos decir que en lo que respecta a la recuperación económica de la economía mexicana está todo hecho.

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