Tulum es el Minneapolis mexicano. La brutalidad de los policías municipales no le pide nada a la de sus colegas en Estados Unidos. Quizá la diferencia, es que en Quintana Roo no matan por racismo, sino por una mezcla de ignorancia y temeridad.

Someter a una persona no armada, es un procedimiento sencillo para oficiales policíacos medianamente preparados. Los de Tulum no pudieron hacerlo, y por ello terminaron asesinado a Victoria Salazar Arriaza, una mujer salvadoreña que a decir de los uniformados “escandalizaba en la vía pública”.

Le fracturaron la columna y el cuello, mientras la tenían inmovilizada en el pavimento. No respetaron ningún protocolo, porque es probable que no los conozcan ni los hayan instruido sobre los derechos que tiene cualquier persona que es detenida.

Actuaron mal, porque consideraron que podían utilizar la fuerza y que nadie se quejaría. Es el ambiente que priva en algunas corporaciones. 

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Y no nos engañemos, las autoridades están actuando rápido, porque no hay forma de ocultar el asunto –ya que quedó grabado—, ni de culpar a la víctima, como suele ocurrir con frecuencia. Por lo pronto, cuatro de los policías están detenidos.

Todo es lamentable. Hace apenas unos meses, las señales de alerta de cómo estaban las condiciones de seguridad en el estado, se prendió cuando policías de Cancún dispararon contra mujeres que protestaban contra un feminicidio.

Vinieron renuncias, lamentos y las promesas de no impunidad y no repetición. Pues ya volvió a ocurrir y ahora peor, porque hay una muerte que lamentar.

Mientras no se entienda que el problema de las policías es estructural y que corresponde atenderlo a todos los órdenes de gobierno, las cosas no harán sino empeorar.

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Lo que urge es la construcción de policías confiables, con condiciones  adecuadas para desempeñarse y donde los integrantes no sean quienes ya no pudieron obtener otro empleo.

Los políticos suelen echarse la bolita de uno a otros. En general se cercioran de que quede claro quién gobierna en un ayuntamiento, para actuar o no hacerlo. Creen que el daño que se causa a la sociedad se puede compartimentar, cuando lo que ocurre es que aumenta la desconfianza y se debilitan las instituciones.

Por ejemplo, nadie en su sano juicio, después de lo ocurrido el domingo, solicitaría ayuda de los municipales de Tulum y esto los que terminarán aprovechándolo son los delincuentes comunes.

Cuando los policías asesinan, como lo hicieron en el caso de Salazar Arriaza, algo se rompe y luego es difícil volver a pegar todas las piezas que hacen posible la confianza, que es uno de los pilares de la seguridad ciudadana.

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