En Latinoamérica, los estereotipos son éstos, si es de derecha, usted es:

Pragmático. Cree en los méritos y los resultados, no en las buenas intenciones. Se opone a la intervención del gobierno en temas económicos, pero suele exigir la intervención en contra de otras libertades que no sean las económicas porque cree que demasiadas libertades provocan libertinaje. Considera que la riqueza se crea y la sociedad es quien la crea. Lo importante es que haya igualdad de oportunidades. Siente que la inteligencia y la experiencia están de su lado.

En cambio, si es de izquierda, usted es:

Idealista. Se preocupa por la pobreza y la desigualdad, pero se olvida de la generación de riqueza. La riqueza ya existe, se reparte y la reparte el gobierno. Se opone a la intervención del gobierno cuando se trata de derechos sexuales o de consumo de drogas, pero la solicita cuando se trata de libertades económicas porque los empresarios “siempre abusan”. Siente que la moral y el progreso están de su lado.

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Quizá a usted le suceda lo mismo que a mi, los estereotipos no le sirven para definirse a sí mismo, solo para ser encasillado por un bando u otro. Yo, por ejemplo, le voy a todas las libertades. ¿Seré un anacronismo liberal del siglo XIX o un cínico con el corazón en la izquierda, pero la cartera en la derecha?

Hace poco, solicité a un grupo de amigos “zurdos” me nombraran a un país de izquierda que fuera exitoso económicamente. Y por supuesto, todos me nombraron a los países nórdicos (Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia) y agregaron a Nueva Zelanda en su lista.  

Sin embargo, el Índice de Libertad Económica sitúa a estos países entre los primeros lugares de libertad económica. En ese sentido, son de derecha, con un gran respeto y valor por el mercado, la libre empresa y la propiedad privada. Si vemos el respeto que tienen por las otras libertades, mis amigos tienen razón, son de izquierda. Entonces, estos países no son ni de derecha, ni de izquierda. Son otra cosa, algo mucho más interesante que en Latinoamérica no logramos entender.

Todos ellos tienen buen gobierno. Cuentan con programas sociales efectivos y exitosos. Tienen un buen sistema educativo, de salud, de justicia. Es decir, el gobierno actúa donde tiene que actuar, lo hace con efectividad y honestidad. El gobierno no es más que su sociedad, ni sabe más que ella, está para honrarla y servirla.

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El Poder Judicial es muy efectivo para proteger las libertades individuales y es muy buen contrapeso contra los otros poderes. Los políticos son honestos y prudentes, no porque así hayan nacido, sino porque son vigilados y acotados por el sistema. En resumen, en estos países, el motor de la economía es la libre empresa, pero a la vez, el gobierno tiene recursos para actuar y funciona muy bien, principalmente porque está muy limitado y vigilado por los ciudadanos.

El mercado está regulado, como todos los mercados, pero al mínimo. Se incentiva la competencia, la innovación y la generación de riqueza, con estricto respeto por la propiedad privada, pero también con respeto al medio ambiente.

Hay separación de poderes, se confía en el sistema no en los políticos. Político que se porta mal se va a la calle o a la cárcel. El ciudadano, el cliente, el individuo son el verdadero soberano y el Estado está ahí para protegerlo, no para someterlo, juzgarlo o quererlo transformar en algo diferente.

Más importante aún: El Estado es fuerte, es decir hay “rule of law” (la traducción más cercana, pero imperfecta, es Estado de Derecho), reglas claras que se cumplen para todos.

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El sistema fomenta los acuerdos entre los diferentes sectores de la sociedad; son muy pragmáticos y se concentran en que haya crecimiento económico. La ideología y las posturas extremas son mal vistas. 

En Latinoamérica, independientemente de que el régimen se diga de izquierda o de derecha, las reglas no son claras ni se ejercen con efectividad. El gobierno no está limitado y se entromete en la vida privada de los ciudadanos. No se respeta la propiedad privada. La riqueza se basa en el privilegio: es para los políticos y sus compadres o aliados. Los gobiernos son poco efectivos en sus tareas más esenciales como la seguridad de sus ciudadanos o la impartición de justicia.

Seguimos distraídos con las ideologías y se nos escapa la práctica. No hemos evolucionado. El día que los ciudadanos se unan para generar riqueza, meter en cintura al gobierno y promuevan la soberanía de los individuos tendremos un país más rico y más equitativo, con mejor seguridad, educación y salud. Mientras tanto, los dueños de su país son los políticos y sus compadres.

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Contacto:

*Santiago Roel R. es Director y fundador del Semáforo Delictivo, herramienta de rendición de cuentas, evaluación y análisis del comportamiento de la delincuencia y violencia en México. www.semaforo.mx

Twitter: @semaforodelito

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.