Hoy, cuando el sistema político, económico y social al interior de los Estados Unidos sufre su crisis más estructural, la comunidad internacional se encuentra ante el surgimiento de un nuevo bipolarismo, en el cual ninguna de las dos fuerzas protagonistas tiene como prioridad la atención de los conflictos regionales.

Por un lado, vemos a China tomar ventaja respecto del aletargamiento económico  Europeo, mientras las dos Coreas se sientan a negociar lo que parece una anhelada reconciliación y por el otro, vemos a Estados Unidos sumergido en un espiral de inestabilidad político que parece no tener fin y a Rusia buscando posicionarse nuevamente como un hegemon militar.

Ante el sinnúmero de asuntos que parecen surgir al “bote-pronto” en la agenda política del presidente Donald Trump, el Grand Old Party (GOP) se aferra desesperadamente a reivindicarse en la opinión pública norteamericana, que cada vez está más dividida y más saturada por el cúmulo de escándalos y especulaciones.

Quizá el factor clave para la consolidación de Estados Unidos como súper potencia mundial durante el siglo XX, fue el consenso político al interior de cada uno de los dos partidos protagónicos. Ambos partidos compartían la visión de un “American Way of Life” y vislumbraban el mismo futuro para la joven nación de finales de los años 40.

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El sueño americano se ha convertido en una utopía para muchos, y el estilo de vida americano está al alcance de sólo unos cuantos. La realidad es que el mundo evolucionó, mientras que el Tío Sam se quedó al margen de su propia evolución.

La primer semana del año, no solo nos ha sorprendido con la estruendosa publicación de Fire and Fury y la contundente jugada del juez de distrito William Alsup quien ha logrado  poner en la congeladora (al menos en lo que se desarrolla el litigio) la decisión del Presidente Trump de poner fin a DACA a principios del próximo marzo; también durante esta semana se han iniciado a delinear los escenarios políticos de los 40 países del mundo que tendrán comicios electorales (Rusia, Venezuela, Egipto, México, por mencionar sólo algunos) y también fue materia de amplio análisis la reciente reunión entre los mandatarios de las dos Coreas y la situación en Irán.

Ante estos complejos escenarios, es clara la urgencia de definir en la agenda internacional contemporánea, acerca de los recursos energéticos y la nueva dinámica de la economía mundial. Y también es claro, que deberían ser las superpotencias quienes dictarán tendencia respecto a los temas centrales y coyunturales de esta agenda internacional.

Mientras Estados Unidos siga buscando su estabilidad interna, Europa siga sumergida en un pausado desarrollo económico, China siga arrasando con micromercados nacionales, Rusia se mantenga en una aparente especulación por el resultado de las elecciones del próximo marzo; serán los bloques con control sobre los energéticos quienes dirijan la veleta de la agenda internacional. Situación que, sin lugar a dudas, en los tiempos de la Guerra Fría, hubiera sido impensable. Veamos los ejemplos de Siria, Egipto, Libia e Irán.

2017 fue el año de lo insólito y el joven, pero ya vertiginoso 2018 promete ser un parteaguas en la historia mundial. A lo largo de este año se definirán roles y alianzas que seguramente marcarán el inicio de un nuevo bipolarismo.

 

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