Las redes sociales han hecho de Internet un terreno natural donde podemos mostrar nuestro trabajo y experimentar y alcanzar nuevas dimensiones.

 

 

Hace unos días el festival de fotografía Fotofestín, organizado por alumnos de la UNAM y la UAM, me invitó a dar una plática la próxima semana acerca de la relación que existe entre redes sociales y fotografía, para reflexionar si dicha relación puede resultar benéfica o desastrosa.

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Para quienes hemos navegado desde los albores de Internet, allá por los cada vez más lejanos mediados de los noventa, las imágenes y fotografías son uno de los contenidos que parecen inundar la red. Y no sólo me refiero a las páginas de revistas o publicaciones especializadas, sino a prácticamente todos los contenidos gráficos que se encuentran digitalizados, desde las fotografías personales de nuestras redes hasta los bancos de imágenes.

Para los usuarios comunes, tal parece que la red es una fuente inagotable de imágenes que están a nuestra disposición para hacer lo que nosotros deseemos con ellas. Que levante la mano aquel que no haya tomado una fotografía sin permiso del autor para ilustrar un trabajo escolar, el flyer de un evento o incluso convertir en un sticker alguna ilustración que descargamos sólo porque nos gustó.

Visto de esa manera, para las personas que se dedican a la creatividad y el arte, Internet parece ser el hoyo negro de los derechos de autor. Un sitio en donde podemos perder nuestro trabajo creativo en una insospechada cantidad de publicaciones posteriores.

Y si a eso le agregamos que las redes sociales tienen la posibilidad de medir y monitorear cada una de nuestras actividades, y que en algunas ocasiones obtienen ciertos derechos sobre los contenidos que publicamos, nuestro recelo hacia los medios sociales crece como parte de ese ecosistema digital dispuesto a arrebatarnos nuestro trabajo.

No obstante, tanto para fotógrafos como para artistas digitales en general, las redes sociales pueden representar algunas ventajas si las analizamos con calma. De hecho, la relevancia de los medios digitales y sociales ha hecho de Internet prácticamente un terreno natural donde podamos no sólo mostrar nuestro trabajo, sino experimentar y alcanzar nuevas dimensiones. Enumero algunas de estas características.

Exhibición. Una persona que escribe, desea ser leída. Una persona que toma fotografías, desea ser vista. Sin embargo, encontrar sitios donde montar exhibiciones en el mundo físico es un tanto complicado, no sólo por la logística propia de un lugar (distancias, horarios), sino porque además implica una serie de gastos que un fotógrafo novel muchas veces no puede financiar. En este sentido, tanto los perfiles personales como las páginas especializadas pueden convertirse en una galería virtual permanente que muestre el trabajo y permita el acceso a la obra a una mayor cantidad de personas que sólo están a un clic de distancia.

Socializar el trabajo. La posibilidad de tener una galería virtual permanente en las redes sociales trae como consecuencia el hecho de que el trabajo que mostramos se pueda comentar, compartir, criticar y, por ende, encontrar nuevos espectadores más allá de nuestro primer círculo de amistades. Al socializar nuestro trabajo, lo que estamos haciendo es llevarlo a nuevos públicos, recibe comentarios y, de ser bueno, se viralizará de forma independiente. Crear una obra implica, de alguna manera, comparar y compararse con otros artistas. La socialización es un proceso inherente a las redes sociales.

Espacio de colaboración. Los usuarios de Instagram han creado una serie de hashtags que poco a poco se han vuelto una tradición en la red social, no sólo porque los utilizan un buen número de personas en todo el mundo, sino porque mueven a una acción de carácter fotográfico-artístico.

Sólo por citar un caso, tenemos el hashtag #TBT (Throwback Thursday o “jueves de recuerdos”), los usuarios suben fotografías de ellos en su niñez. De esta manera, no sólo se etiquetan las fotos, sino que se invita a los usuarios a crear una colaboración a nivel mundial, con el único fin de compartir fotos y recuerdos.

Quizás uno de los puntos más interesantes de las redes sociales es que pueden integrarse equipos de discusión y colaboración de personas que en el mundo físico difícilmente hubieran podido conocerse entre sí o su propio trabajo, ya fuera por las distancias físicas o intelectuales. Así, las redes sociales pueden constituirse como una mesa de trabajo virtual en donde fotógrafos comparten trabajos, experiencias, habilidades y puntos de vista.

Una cosa es importante: si vamos a entrar a Internet y vamos a exhibir nuestro trabajo, sea de la índole que sea, siempre debemos considerar protegerlo antes de hacerlo público, pues podemos estar expuestos al plagio de la obra. Las redes sociales son para chismear, es verdad, pero también tienen una capacidad intrínseca de acercar y exponer. Con un poco de paciencia podemos utilizarlas como una herramienta más de creación.

 

 

Contacto:

Twitter: @sincreatividad

 

 

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