Muchas de las cosas que nos gustan, hacemos, decimos y hasta nuestra forma de pensar y actuar nos parecen naturales, verdaderas, intrínsecas, social y moralmente válidas. Nos explicamos el mundo a partir de lo que hemos forjado como nuestra “identidad” y muchas veces hasta nos molesta que otros vean, entiendan o sientan otra “realidad”.

Seguramente te has puesto a pensar quién eres. La respuesta es muy compleja, depende de donde naciste, tus experiencias, educación, hábitos, estado de salud, logros, ocupación, habilidades, capacidades y valores: Sin embargo, se debe incluir el concepto de tu identidad social; es decir, cómo te definen quienes te conocen y la marca personal que has dejado en ellos.

Aún más, existen muchas cosas que ni siquiera sabes de ti, las que la gente dice a tus espaldas, las que ocultas, complejos, aficiones, secretos, confidencias, suena hasta críptico. En redes sociales además tienes que cargar con las opiniones, comentarios, me gusta y compartir de gente que -inclusive- no sabe absolutamente si tan solo existes, eres una persona de carne y hueso o tan solo una identidad digital. 

Actualmente; además de construir un “nombre-concepto-imagen” de ti mismX en la vida real, (como hijo, estudiante, ama de casa, empresario, padre, mujer, profesionista, etc.) tienes que forjarte una “identidad” red-socializada, es decir, quien eres para tus comunidades, grupos, seguidores, contactos y “amigos”. 

Ahora bien, el tema se pone mas alucinante, cuando reflexionas sobre si esa “identidad” es realmente tuya, fue construida en plena libertad o es resultado de las influencias que la “realidad, otros o el contexto” imprimieron en tu ser. (este es un buen momento para un sorbo o una fumada).

No es nada nuevo que los padres vayan perdiendo terreno en la formación de sus hijos por diversos factores; pero en el caso de las redes sociales, los estudios e investigaciones coinciden en que -como resultado de una temprana y creciente exposición de niños y adolescentes a los medios digitales- estos llegan a determinar e incidir profundamente en su conducta, personalidad, carácter, psicología, valores, costumbres y preferencias.

A mayor profundidad; es obvio que las redes sociales tienen extensiones y capacidades mercadotécnicas impresionantes, pero no se trata solamente de aumentar consumo, moldear gustos, necesidades, preferencias o de abrir mercados.

Hablamos de forjar esa “identidad” digitalmente rebasando incluso los aspectos cotidianos y la “realidad” de la persona. Casi al estilo de Matrix (1999, Warner Bros Pictures) el nivel de influencia de los medios digitales se ejecuta a la perfección de tal forma que la gente experimenta cambios casi de manera imperceptible e incondicional.

Por supuesto existen los aspectos positivos: meditación, manejo del stress, cambio de hábitos, cultura deportiva, nutrición, información, activismo social, relajación, técnicas, procedimientos, capacitación, terapias, asistencia, orientación; una larga serie de consejos y contenidos bien intencionados para mejorar, sanar, remediar o simplemente colaborar a alguna buena causa.

En el lado oscuro, la manipulación, alineamiento, propaganda, el control de la información y la influencia negativa difundida intencionalmente para moldear sujetos dirigida desde los gobiernos, organizaciones e individuos con fines diversos. La viralidad es una ruta múltiple para explorar e incursionar en los terrenos mas profundos de la conciencia y la percepción humana.

Técnicas de cambio social existen muchas y las redes sociales ayudan a extender y magnificar su impacto. Novedosos mecanismos subliminales y furtivos, conjugados con modernas técnicas de influencia psicológica casi imperceptibles se pueden mezclar con las de la mercadotecnia tradicional.

Incubar, detonar, contagiar, promover y explotar las emociones, expectativas, filias, temores, resentimientos y modas es muy útil en la competencia empresarial, la política, educación, desarrollo comercial y hasta en las relaciones internacionales. Las necesidades, las adicciones y las validaciones de tu “identidad” y “realidad” ahora pueden digitalizarse.

Es posible construir hoy un sistema y estructura de percepciones de marcas, héroes, líderes, modelos, roles, ideas, conceptos en tiempo real y de modo furtivo. La capacidad de influencia es tremenda. Cambiar de marca, de equipo, de partido político; mover la popularidad, consumo, nuevas tendencias, todo es posible y alcanzable con la estrategia y mecanismo adecuados.

Por ejemplo, en medio de la pandemia, no han faltado voces para trazar una línea de investigación que sugiere que mientras que los adultos sufren de stress e intolerancia al aislamiento, para los adolescentes lidiar con esto es mucho más sencillo; ya que están más habituados a una “realidad” red-socializada que requiere un menor contacto personalizado; para ellos es lo más complicado es “convivir” con la familia y es más difícil aguantar sin celular que sin comer.

«Pienso, luego existo» (Descartes, 1637) es ahora «Digitalizo, luego existo»; ¿dónde se quedó el niño interior? ¿en que parte de la vida perdiste el rumbo? ¿tu filosofía es tuya al 100%?; ¿de dónde sacaste lo ecologista, lo minimalista, lo asépticX o lo estóicX?; ¿vives para tomar fotos, comentar y compartir?; ¿ya checaste tu mail?; ¿llegas a percibir ondas, comezón y calor que recorre tus venas mientras estas frente a tu gadget? ¿sueñas con tu pantalla? ¿tienes fantasías con unX influencer, unX gamer o un personaje de video juego? (risa de voz grave, sarcástica y tenebrosa de fondo).

Un abrazo a las familias y amigos de todas y cada una de las víctimas de Covid19; siempre recordados, siempre presentes.

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