En las últimas semanas dos casos de estrategias de desinformación y noticias falsas han destacado en Internet. Por una parte, el informe que desarrolló Signa Lab del ITESO donde explican el funcionamiento de una red de apoyo al presidente López Obrador y, por otra parte, el reportaje periodístico sobre la Operación Berlín, un entramado digital dedicado a atacar al entonces candidato de Morena.

En el primer caso, Signa Lab se dedicó a estudiar la forma de operación de una red de apoyo al presidente y a temas gubernamentales a través del comportamiento de tres hashtags (#RedAMLOve, #ReformaTodoLoDeforma y #NoSoyBotSoyReal), cuya conversación alcanzó poco más de 98 mil interacciones articuladas, es decir que hubo coincidencias entre las cuentas, demostrando que pertenecían a la misma conversación.

En el mismo análisis, clasificó a las cuentas en cuatro categorías: Maestro de Ceremonias (MC), cuya principal labor era generar contenido y detonar las conversaciones; el Coro, que consistían en cuentas que replicaban intensamente los contenidos para vencer los algoritmos de distribución de las redes sociales; Troles, que se encargaban de generar contenido y acosar a otras cuentas; y fans, cuentas de usuarios reales que inadvertidamente replicaban los contenidos generados por la estructura, ayudando a ampliar el espectro de difusión.

De acuerdo con el estudio, la red de apoyo tenía por objetivo producir contenido, confrontar a periodistas y/o usuarios de las redes sociales que criticaban al Estado; y colocar de manera artificial temas en la agenda política digital.

Si bien el análisis detalla con amplitud la forma en la que técnicamente operaba y que mostraba, además, un apoyo incondicional al presidente, sus colaboradores y los temas que se plantean desde el Gobierno, en ningún momento se demostró, ni tampoco se sugirió que la red perteneciera a la estructura gubernamental.

Un par de días después apareció la investigación periodística denominada Operación Berlín, en alusión a la calle donde se estableció un centro de operaciones digitales cuyo objetivo principal era denostar la imagen de Andrés Manuel López Obrador, entonces candidato presidencial de Morena a través de noticias falseadas, memes y el impulso artificial de temas tendencia a través de redes sociales.

Si bien no se detalla técnicamente cómo operaba, sí se involucra a varios empresarios y políticos, tales como Enrique Krauze. En la investigación se explica que durante varios meses se crearon grupos, contenidos, noticias falseadas, supuestos portales informativos y tendencias artificiales para contener y minimizar el avance de López Obrador como candidato. También se detalla que, debido al fracaso en la estrategia, la llamada Operación Berlín dejó de funcionar en mayo de 2018.

Ambos casos reflejan una situación que desde hace tiempo se ha señalado en distintos espacios académicos y de análisis: que los espacios en plataformas digitales, que habían funcionado como medios para que ciudadanos, instituciones, funcionarios y organizaciones pudieran construir un diálogo público, una exposición dialógica de sus posturas políticas, fomentando la necesaria crítica que requiere cualquier democracia, está cada vez más limitada por golpeadores digitales que limitan la libertad de expresión y el acceso a la información, creando una especie de campo minado para la expresión y el intercambio de ideas, donde, además, la única forma de combatirlos es través de presupuestos millonarios e inalcanzables para la mayoría.

Además, se resalta otra cosa, el silencio de las plataformas de redes sociales, aludiendo a una supuesta imparcialidad en la creación de contenidos, pero recibiendo beneficios económicos de la creación de todas estas campañas.

La gradual pérdida de estos espacios de discusión democrática tiene un efecto negativo sobre la naturaleza propia de la democracia, ya que la discusión y la crítica puede subsumirse a quienes la infraestructura y el presupuesto para hacer que su opinión sea más importante que la de los demás. Y ese es uno de los grandes problemas de la democracia contemporánea en México, que si bien la opinión pública ha cambiado de los espacios de los medios de comunicación, no ha dejado de depender de empresas privadas, en este caso, las dueñas de las redes sociales.

 

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