Cuando la información publicada sobre una situación concreta es percibida de forma negativa o contraria a los criterios de los personajes involucrados, la reacción generalizada es culpar a los medios de comunicación.

 

 

 

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La semana pasada, el Presidente de Venezuela decidió sacar de su país a los corresponsales  de CNN exclamando públicamente: “¡ya basta de propaganda de guerra, no acepto propaganda de guerra contra Venezuela! Si no rectifican, fuera de Venezuela“. Según él, la cadena de noticias estaba transmitiendo al mundo que en Venezuela “hay una guerra civil“.

Al igual que ha sucedido en muchos países, cuando la información publicada sobre una situación concreta es percibida de forma negativa o contraria a los criterios de los personajes involucrados en la misma, la reacción generalizada es culpar a los medios de comunicación.

En México eso es muy común. Basta recordar algunos ejemplos de ello:

  • “El entrenador amazónico (“Tuca” Ferreti) culpó a los medios de comunicación al señalar que siempre lo vieron con el vaso medio vacío.” (Medio Tiempo 19 mayo, 2010)
  •  “Andrés Manuel López Obrador culpó a los medios de comunicación de ser los administradores de la ignorancia en el país.” (W Radio 13 Febrero , 2012)
  • “El gobernador Rubén Moreira atribuyó la percepción de inseguridad a las notas publicadas en medios de comunicación.” (El siglo de Torreón, 4 octubre, 2013)
  • “El líder nacional del blanquiazul manifestó que sólo se trata de una trampa de los medios de comunicación que quieren generar una <narrativa del conflicto>.” (Milenio Diario, 28 enero, 2014)

Se supone que los medios de comunicación “reflejan” una realidad social. Si ésta es negativa, no tendrían por qué hacerla parecer de otra forma, por muy grave y alarmante que sea; inclusive este tipo de realidades son las que generan mayor expectación y, como resultado, son las que más venden. Quizás la única excepción es cuando esa realidad pudiera infundir miedo, incitar a la violación de la ley o causar alarma.

Ante el caso de los corresponsales de CNN en Venezuela me surgió una pregunta: los medios ¿“reflejan” objetivamente una realidad  o la “construyen”? Los corresponsales de CNN ¿estaban reflejando una realidad o la estaban construyendo?

A juzgar por las imágenes que a diario se transmiten y publican a través de diversos medios y cadenas televisivas, los medios están reflejando una realidad, al igual que han reflejado la realidad de violencia en el Estado de Michoacán.

La realidad mediática

Los acontecimientos sociales surgen de una dinámica en diferentes terrenos (social, económico, político, deportivo, etcétera). En cada uno continuamente se producen hechos que, en cierta proporción, impactan en la propia sociedad y lo hacen en mayor medida cuando empiezan a ser noticia para los medios de comunicación.

Es indiscutible que la tarea de los medios informativos es dar a conocer a la sociedad aquello de lo que son testigos, de la manera más exacta posible e incluyendo las declaraciones o testimonios del mayor número de actores involucrados en la situación. Desde este punto de vista podría decirse sin lugar a dudas que los medios reflejan una realidad.

No obstante, en este proceso de observar y narrar los hechos siempre hay un factor de subjetividad según el marco referencial y el contexto emocional, político y social en que se encuentre el reportero que hará la descripción del hecho; siempre hay una mirada particular sobre los acontecimientos. Además está el perfil ideológico, las políticas editoriales y los criterios, intereses y compromisos de los dueños de cada medio de comunicación, a partir de los cuales se ordena una cobertura o se hace la edición de la información.

Desde esta perspectiva podría decirse que hay una construcción de la realidad, conocida como “Realidad Mediática”.

Martín Alfredo Becerra (Santa Fe, 1968), investigador, profesor universitario y periodista argentino coautor del libro “Los dueños de la Palabra” (Edit. Prometeo, 2009) considera que los medios reflejan versiones de la realidad; recortan porciones de la realidad y las re-presentan ante su audiencia: “El enfoque de la realidad jamás es imparcial;  en la selección de las fuentes y de los testimonios hay tendencia. La representación de algunas porciones de la realidad merece estudiarse en relación con aquellas que no son representadas por los medios. Lo que aparece en ellos y lo que es omitido (por criterios de noticiabilidad siempre falibles), construye a su vez un marco de agenda que instala unos temas y valores determinados, en detrimento de otros. No hay objetividad absoluta posible porque por ejemplo lo que es relevante para un diario y es noticia de portada, no lo es de igual manera para otro.

El aprendizaje

En diversas ocasiones me han preguntado por qué mi insistencia en decir que las crisis de comunicación se tienen que atender con prontitud. Entre el “Reflejo” y la “construcción” de la realidad hay una delgada línea que puede tener un doble efecto:

  • Generar entre los protagonistas de esa realidad la percepción de que los medios de comunicación están distorsionando los hechos afectando la imagen pública de ellos y/o las de las instituciones que representan. Sea en deportes, finanzas, política, espectáculos, etcétera, siempre encontraremos a quien culpe a los medios de distorsionar la realidad, de no informar correctamente y de ser causantes de las situaciones más conflictivas.
  • Lograr que la percepción pública que se conforma a partir de que se empieza a difundir la realidad, se aleje de esta en una tendencia progresiva que se puede acentuar con el paso del tiempo. A mayor tiempo, se abre más la brecha entre la realidad y la percepción pública que genera la realidad mediática.

Culpar a los medios de ser reflejo de una determinada realidad o de construir la realidad mediática, sólo habla de la incapacidad de los actores más relevantes de la situación tanto para controlar los acontecimientos que están generando esa realidad, como para llenar de inmediato el vacío de información que aparta la percepción pública de lo que realmente está sucediendo.

Cuando surge una crisis hay que procurar que se conozca la realidad, para que sea ésta la que reflejen los medios de comunicación.

 

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