La época decembrina es algo más que villancicos, festejos invernales, regalos envueltos, brindis y eventos: es una época que nos lleva a reflexionar sobre los resultados. Un buen líder no es un sujeto que aplaude los logros y pega en el escritorio ante los descalabros. Por el contrario, un jefe que convoca a su gente y en conjunto dirige una reflexión laboral está en el camino correcto. Tristemente, la reflexión no está de moda. Al contrario, nos gusta edulcorar las situaciones, suavizamos o exageramos a modo y al hacerlo, se pierde la brújula.

Todo jefe quisiera tener una gran estrella en su equipo y sueña con no tener ovejas negras que le compliquen la vida. Pero, en la vida real los escenarios se conforman de variedades de claroscuros. Asimismo, anhelamos caminos ascendentes y sin dificultades. Pero, eso no es real. Los retos que significa uniformar el desempeño de un equipo tienen que ver con el equilibrio que se debe mantener para avanzar en forma armónica y sobre todo sostenida. De nada sirve presumir que podemos resolver siete problemas de un golpe, si al final el equipo queda desarticulado o el resultado fue pobre.

Y, por si fuera poco, es vital saber qué tipo de resultados se consiguieron para plantear nuevas metas y objetivos, diseñar estrategias y planes, asignar tareas y presupuestos en forma realista y congruente. Pero, antes de pasar a tan importantes tareas es necesario poner el freno y revisar para llegar a un mejor planteamiento. Entiendo que todos pueden sentir que la piel se pone de gallina cuando pensamos en parar. ¿Qué no se trata de ir adelante? Sí, aunque no siempre. Si al revisar nos damos cuenta de que vamos corriendo al precipicio o a un callejón sin salida, lo mejor es frenar.

Un buen líder convoca a la reflexión. Esta revisión de hechos tiene que basarse en lo que se puede observar, medir y verificar. No es una colección de opiniones y puntos de vista. Se trata de una junta ejecutiva en la que el equipo evaluará en forma objetiva el desempeño propio y del equipo con dos propósitos:

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  1. Continuar con lo que se está haciendo bien.
  2. Examinar lo que debe modificarse.

En términos de lo que debe modificarse, un buen líder no recrimina, indaga qué sucedió, qué hizo falta, que se puede mejorar y verifica qué hace falta para conseguir el resultado. Es como cuando un director de orquesta descubre que el piano está desafinado. De nada le servirá patear el instrumento, más bien, habrá de investigar qué debe hacerse para llegar al tono necesario.

En este sentido, es preciso preparar una reunión de reflexión en la que se le pide a los integrantes del equipo llegar preparados con datos duros e información relevante. Durante la junta, el propósito será transformar esta información en una deliberación profunda que lleve a conclusiones críticas y propuestas resolutivas. Desde esta perspectiva, se intenta superar un modelo de evaluación laboral y contribuir a la mejora de la práctica profesional.

Partiendo de la reflexión crítica se desprenden tres conceptos básicos de solución:

  1. La formación de los integrantes del grupo.
  2. La práctica reflexiva.
  3. Las evidencias de desempeño.

De esta forma, la innovación laboral es concebida como la implementación en la práctica profesional a partir de nuevas ideas, actividades, recursos o materiales, con la intención de mejorar o incrementar la eficacia a fin de promover resultados más significativos.

Las reflexiones de fin de año no deben ser incómodas, deben ser profesionales.  Deben incluir los siguientes elementos:

  • Una revisión de los objetivos y las metas que pretendían lograr a lo largo del año.
  • La identificación de las instrucciones previas a los miembros sobre el proyecto.
  • La integración de las expectativas e intereses en los enfoques y actividades.
  • El diseño de las actividades concordantes con los objetivos.
  • La selección adecuada de nuevos objetivos y metas, así como preparación de los elementos, materiales, herramientas, tecnologías necesarias para desarrollar los resultados pretendidos.
  • Un apoyo adicional a los miembros que presenten dificultades para comprender o desempeñar sus actividades dentro del equipo.
  • Una evaluación coherente y alineada con los objetivos y las actividades desarrolladas y por realizar.

Un buen líder se preocupa por llevar a cabo estas reflexiones pues son parte de un proceso de retroalimentación. Pensar no sólo individualmente en nuestro quehacer cotidiano, sino que compartir con nuestro grupo laboral. Llevar a interrogarnos sobre nuestro funcionamiento y responsabilidad frente al conjunto de partes interesadas que delega en nosotros las tareas específicas que nos ocupan. Se trata de la manera que tenemos de formar, enseñar y transmitir ideas, requerimientos, técnicas o valores.

Es importante detenernos a reflexionar a pesar de la prisa y las urgencias que acompañan cada labor. Al acabar el año es muy relevante entender y trasladar esta inquietud nuestros compañeros de trabajo y a nuestros subordinados, porque vivimos las dificultades que significan la incomprensión de situaciones que transitamos a diario y que se hacen directamente en la dinámica de la vida profesional y con los actores involucrados.

Es cierto, el líder da instrucciones, pero es el equipo y sus integrantes son quienes deben además de realizar la labor, operar más allá de los conocimientos e instrucciones que transmitimos, e involucrarse en el proceso de pensar y reflexionar. Sé que el camino de la reflexión es difícil. Hemos perdido la capacidad de preguntarnos.

Apuntamos a formar grupos de profesionales creativos. Pero creativo es, según la definición de la Real Academia Española aquel “que posee o estimula la capacidad de invención”. Ahora bien, si crear es establecer, fundar, introducir por vez primera algo; hacerlo nacer o darle vida, en sentido figurado e inventar significa hallar o descubrir algo nuevo o no conocido, debemos asumir que en ambos casos el acento está puesto en el resultado.

En un resultado novedoso, distinto a lo que ya existía, un resultado por otra parte que sólo pueden conseguir ciertos equipos y que, sabemos, no estaría en principio al alcance de cualquiera. Por ello, para seguir adelante, para conseguir efectos gloriosos o por lo menos distintos, para verificar si vamos avanzando o hemos ido dando pasos para atrás, un buen líder convoca a una junta de reflexión en la que se contemple el camino andado y se replantee la ruta a seguir.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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