La reforma energética podría atraer 200 nuevas empresas de diferentes tamaños, que al mismo tiempo podrían asociarse para atraer tecnología y capital. Pero todo depende de los alcances de las leyes secundarias.

 

 

En la víspera de 2014, fue promulgada la reforma energética, que podría atraer a 200 nuevas empresas, nacionales y extranjeras, para explotar, al menos, 350 campos petroleros. A partir de entonces, empezaron a surgir las estimaciones en torno del tesoro que México tendría debajo de su propia superficie.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) ubicó la llegada de inversiones entre 50,000 y 70,000 millones de dólares (mdd) anuales. JP Morgan, más conservador, estimó 10,000 mdd anuales. Pemex, en tanto, sostiene que se requieren 60,000 mdd anuales adicionales a los 20,000 mdd que invertirá este año para desarrollar al máximo el potencial de exploración y producción. Según el gobierno mexicano, la reforma podría generar 2.5 millones de puestos de trabajo en 10 años y BBVA Re­search calculó que el PIB se incrementaría entre 1% y 1.5%.

Iván Sandrea, socio global de Petróleo y Gas de Ernst & Young, en Gran Bretaña, dice que la reforma energética impulsará, tan sólo en Exploración y Producción, 30,000 mdd anuales.

Tanto optimismo se basa en que la reforma no sólo permite acuerdos de reparto de utilidades, sino la concesión de licencias, contratos de servicios y acuerdos de producción compartida. Pero el factor que podría determinar su éxito está por ocurrir, en el Congreso, cuando se discutan los términos de las leyes secundarias.

Las empresas privadas, nacionales y ex­tranjeras, tendrán acceso a una riqueza en reservas de hidrocarburos que equivalen, al menos, a unos tres billones de dólares.

Entonces, lo alto que vuelen las em­presas nacionales para aprovechar este potencial está en manos del gobierno, y así tengan las condiciones para obtener tecnología, financiamiento y contratos.

“En los últimos dos sexenios, las empresas internacionales que trabajaron para Pemex ejecutaron contratos por 200,000 mdd en proyectos para extraer crudo; con la reforma energética, multi­plicarán sus ganancias por un factor de cinco”, dice Arturo García Bello, socio de Deloitte México.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Energía, con la implementación de la reforma energética, la producción de pe­tróleo podría incrementarse 60%; es decir, en casi 1.5 millones de barriles de crudo diarios adicionales para 2025.

 

El objeto del deseo

Hace más de 50 años, el prometedor des­tino petrolero se encontraba en uno de los puntos de la península escandinava: No­ruega, que ofrecía estabilidad económica y legal. Ahora, dispone del mejor talento para desarrollar sus reservas y registra a cerca de 40 petroleras precalificadas para participar en las rondas de licitaciones.

México necesita, como Noruega, atraer empresas internacionales que permitan a Pemex y otras compañías nacionales tener acceso a tecnología avanzada en sociedad, sobre todo para explotar cam­pos en aguas profundas donde, se estima, existe la mayor riqueza de crudo. De 450 campos descubiertos, Pemex ha enfocado su mayor inversión en los 60 campos más grandes. Eso significa que existen más de 350 campos que podrían ser explotados por otras empresas.

Al menos por el resto de la década, Pemex se mantendrá como la empresa dominante en el sector petrolero mexi­cano, asegura Antonio Juárez, socio de Marcos y Asociados Infraestructura y Energía. “Sin embargo, en exploración y campos maduros, desde ahora pueden participar empresas mexicanas asocia­das con compañías internacionales que aporten recursos, tecnología y operación de avanzada”.

Mientras eso no ocurra, el mayor potencial para las empresas naciona­les está en la proveeduría. En el corto plazo, las oportunidades se centrarán en ofrecer servicios para la construcción de plataformas, renta de equipos, servicios submarinos, tendido de ductos, estudios geofísicos, proyectos sísmicos y una am­plia gama de trabajos especializados.

En aguas someras y profundas, ade­más de Pemex, las principales interesa­das serán las empresas petroleras que ya operan en el lado estadounidense del Golfo de México, como BP, Shell, Exxon, Chevron, Petrobras, Statoil, entre otras.

¿De dónde podrían salir los prime­ros grandes empresarios mexicanos del sector energético? De empresas como Demar, MPG/ISA, Grupo México, Altos Hornos, ICA, Carso Energy.

Para Idelfonso Aguilar, gerente de Planeación y Desarrollo de Negocios de Diavaz, empresa especializada en el sector de servicios petroleros, el Talón de Aquiles de las compañías mexicanas pue­de ser el acceso a financiamiento. “No es lo mismo una empresa estadunidense que llega con las alforjas llenas de dinero, que una mexicana que tiene que buscarlo”.

Una de las pocas opciones espe­cializadas en el sector energético que existen es el Banco Interacciones, cuyos directivos ya se frotan las manos ante lo que se aproxima. Este año, tiene en la cartera para su evaluación 48 proyectos de infraestructura, de los que 22 son del sector energético.

“Con las leyes secundarias claras podrían sumarse 17 proyectos más. Así, la derrama de recursos para financia­miento pasaría de 13,500 millones de pesos (mdp) este año a 18,000 mdp”, dice Gerardo Salazar Viezca, director general de Interacciones.

Sin embargo, se necesitarán cifras mucho más altas que esa.

 

Sociedades, inevitables

No sólo el capital humano y el financia­miento jugarán un papel estratégico en el surgimiento de nuevos empresarios petro­leros o en el crecimiento de las compañías ya existentes. La principal tarea será diseñar una reglamentación moderna, así como una estrategia de incorporación para las pequeñas y medianas empresas nacionales y una dinámica de inserción a los clústeres energéticos de universidades y centros de investigación.

Los campos ubicados en el Golfo de México son la prioridad para Pemex en la ronda cero (la primera asignación que se dará a Pemex para que elija los campos en los que desea trabajar con base en su capacidad de operar), ya que contienen los proyectos de aguas profundas con mayor potencial de producción de crudo ligero (o aceite) y gas. La paraestatal ya presentó la solicitud ante la Comisión Nacional de Hidrocarburos para conservar 300, de los 449 campos que explota actualmente.

Según el socio de Deloitte México, las principales condiciones que deben preva­lecer para que los inversionistas se sientan atraídos son: garantizar un contenido nacional, que fomente la participación y desarrollo de las empresas locales, pero sin ahuyentar al capital extranjero en energía. Si se le deja poca rentabilidad a la iniciativa privada, veremos pocos intere­sados, vaticina José Varela.

Al respecto, Miriam Grunstein, profe­sora investigadora del Centro de Inves­tigación y Docencia Económicas (CIDE), mira en la proveeduría y prestación de servicios (nichos en los que actualmente operan unas 150 empresas) el surgimiento de nuevos empresarios mexicanos.

Pero, ninguno, por el momento, podría pensar en convertirse en el Carlos Slim de la industria petrolera. “Es difícil crear una nueva empresa de cero sobre todo en la industria petrolera. Pero sí pueden transformar su posición, hay conglomera­dos mexicanos fuertes como Alfa, Diavaz o Grupo R, que si se asocian con empresas que tengan tecnologías de punta pueden ser muy exitosas”, considera Iván Sandrea.

Un caso: Alfa se adelantó en 2010, al hacer una alianza estratégica con la ope­radora de gas y petróleo, Pioneer Natural Resources, que es socia en Eagle Ford en Texas, el yacimiento de crudo shale más grande del mundo.

“Ninguna empresa tiene toda la tecno­logía o capacidad para llevar a cabo los proyectos del sector energético”, añade Gilberto Alfaro, socio líder de la Industria Energética y Recursos Natura­les de KPMGg. La mejor forma, agrega, es aprovechar la experiencia de las compa­ñías texanas.

En Noruega, la fórmula que funcionó para detonar el surgimiento de empresas petroleras fue la cooperación entre las compañías extranjeras y la manufactura nacional. Un esfuerzo coordinado por el gobierno. Hoy, los políticos mexicanos tienen la palabra.

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