Las metas fundamentales de la reforma financiera son ampliar la penetración financiera y tener mayor competencia, sin embargo, los beneficios secundarios, como la baja de tasas y los créditos más accesibles no podrán ser posibles sin el apoyo del consumidor, afirma Pwc.

 

 

 

La Reforma Financiera planteó una serie de cambios para el sector que, en conjunto, deberían duplicar el índice de penetración financiera en los próximos ocho años, sin embargo, sólo se ha dado el primer paso, que es la aprobación de la reforma, para alcanzar la meta y verdaderamente ver beneficios en el bolsillo, los consumidores deberán poner manos a la obra también.

“La reforma busca generar el marco regulatorio adecuado para que las personas tengan posibilidad de cambiar de banco, si el recurso de portabilidad ya está ahí, es necesario que los clientes lo utilicen para migrar a bancos con mejores condiciones, el precio de los créditos y las tasas de interés son una cuestión que se ajusta según el mercado, los bancos difícilmente bajarán las tasas si los consumidores no se mueven, en ningún apartado de la reforma se habla de una baja de costos por decreto, el 50% de la tarea es del consumidor”, señala Eduardo Gómez Alcalá, líder de la práctica regulatoria y de cumplimiento del Sector Financiero en PwC México.

La reforma plantea cambios sobresalientes como el fortalecimiento a la Condusef, la creación de un Buró universal, mecanismos de mejora en las condiciones de fondeo y nuevas condiciones en el otorgamiento y ejecución de garantías a través de juzgados mercantiles.

Adicionalmente, la reforma requerirá que los bancos adopten nuevos requerimiento regulatorios y mejoras en términos de gobierno corporativo.

“Los bancos pequeños o más nuevos serán los que resientan más la adopción de la nueva regulación porque hablamos de instituciones que apenas estaban adecuándose al marco anterior, el gobierno deberá ser cuidadoso en la regulación secundaria para que no se desincentive la entrada al mercado de nuevos participantes ante una carga regulatoria mayor”.

La penetración del crédito en México es sólo 26% del PIB, lo cual es bajo si se compara con Brasil (61%), Chile (71%) y China (127%).

La reforma financiera plantea un objetivo de un 40% para los próximos ocho años. No obstante, Eduardo Gómez Alcalá afirma que también se debe tener cuidado con las expectativas.

“Los efectos de esta reforma tardarán en verse, las expectativas de crecimiento podrían modificarse si tomamos en cuenta que el impacto del crecimiento en el crédito tiene un rezago de ocho meses, que es el tiempo que generalmente tarda en reflejarse el efecto de un buen crecimiento económico en el crédito”.

 

 

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