Se recurrió a lo fácil: ir por los mismos de siempre. “Robin Hood”, estaría orgulloso.

 

Ayer, la parte de la reforma hacendaria referente al tema de ingresos del gobierno federal, terminó por consumarse.

Al cierre de este artículo, los senadores habían ya aprobado tanto en lo general como en lo particular la Ley de Ingresos de la Federación para 2014, por un monto histórico de 4,467,225.8 millones de pesos. Entre sus proyecciones, por cierto, esperan que la economía crezca el próximo año un muy optimista 3.9 por ciento. Más que un pronóstico, la realidad es que debería ser considerado como una plegaria oficial.

Como sabe, para lograr ese estimado de recaudación, fue necesario sacar de la manga nuevos impuestos, como el especial de un peso por litro a bebidas saborizadas y el del 8 por ciento a la “comida chatarra”, además de elevar las cargas impositivas “para los ricos”, que debería decir, para los contribuyentes cautivos.

Era obvio que tanto “beneficio social” prometido tenía que ser pagado, pero en vez de ampliar la base de contribuyentes e ir por el monstruo de la informalidad, se recurrió a lo fácil: ir por los mismos de siempre. “Robin Hood”, estaría orgulloso.

No es propósito de este artículo revisar uno a uno los nuevos impuestos, porcentajes y tarifas a aplicar, pues ya se ha comentado ampliamente en la mayoría de los medios informativos.

En cambio, el interés es el de destacar que, a pesar de los bonitos discursos que nos hablan de que esta será una reforma “social”, de grandes beneficios para la mayoría, estamos ante el inicio de un nuevo proceso de crisis a la usanza mexicana: disfrute ahora, sufra después.

Llama la atención que lo que parecía haber comenzado bien en el sexenio del presidente Peña Nieto, al presumir una política que nunca llegó de equilibrio en las finanzas públicas y déficit cero, se desvió muy pronto de sus intenciones originales. Claro, eso sin contar que en México hablar de “déficit cero”, es una trampa de maquillaje contable pues, así por decreto, se decidió que el gasto de inversión de Pemex no cuenta, no suma para el déficit.

Lo que ha sucedido entonces, es que los políticos mexicanos, como los de la mayoría del mundo, están dispuestos a todo, menos a soportar ser recordados como mediocres o que se les culpe por “no hacer nada”. Parece que el ego, termina siempre por imponerse a la razón cuando de ejercer el poder se trata.

Bastó que se materializara lo que en este espacio advertimos desde el año pasado, como una desaceleración económica que se convertiría más tarde en recesión, para que los más altos responsables de las finanzas en el país, Banco de México y la Secretaría de Hacienda, entraran en un pánico que no acaba todavía.

No por nada el primero pasó en menos de un año, de pretender subir la tasa de interés de referencia para evitar presiones inflacionarias, a bajarla ya en tres ocasiones en 2013.

Hacienda en el mismo lapso pasó del ya comentado “déficit cero”, al elevado déficit oficial del 1.5 por ciento en 2014 –que de una vez le anticipamos, será mucho mayor al proyectado, con cargo, por supuesto, a la deuda pública. El argumento keynesiano del “estímulo contracíclico”, volvió a aparecer después de todo.

El endeudamiento interno neto autorizado fue ajustado para que sea de 570 mil millones de pesos, y el externo neto de 10 mil millones de dólares para 2014. Con la Ley de Ingresos aprobada, se le deja facultad y flexibilidad al Ejecutivo en el manejo de la deuda pública, pues se le permitirá contratar obligaciones externas o internas, por encima de los techos autorizados, siempre que mantenga el endeudamiento global.

Sólo es cuestión de tiempo para que una nueva “reforma hacendaria”, o sea, otra simple alza de impuestos, se vuelva a presentar. Es más, los argumentos volverán a ser los mismos de hoy: hacen falta más recursos para que “ahora sí”, podamos generar con dispendio, crecimiento y empleo. “Todo lo recaudado se va a regresar con creces a los más pobres”, etc.

En fin, casi nada se comenta respecto a que la pesada carga impositiva, ni siquiera fue insuficiente para satisfacer la demanda de recursos del gobierno federal. Cuando se materialice una innegable recesión, seguirán cavando más y más el agujero de la deuda, con consecuencias devastadoras y empobrecedoras para todos en el corto, mediano y largo plazos. Lo importante, será “brincar” el 2018.

De nuevo, vale reiterar una recurrente recomendación de esta columna: si no hay escapatoria colectiva, sí la hay en lo individual. Cada uno debe tomar medidas de autodefensa financiera mientras haya tiempo. Aspirar a que desde el gobierno se hagan bien las cosas, seguirá siendo como siempre, un sueño. Nada más.

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