La actual propuesta de reforma migratoria, que ya cuenta con el aval del Senado de EU, abriría la puerta a una amnistía, ¿pero a qué precio?

 

Por Jimena Esquivel Leáutaud*

 

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A finales del pasado mes de junio el Senado de Estados Unidos aprobó un proyecto integral de reforma migratoria, denominado S.744, respaldado por el presidente Barack Obama, el cual se encuentra ahora en discusión en la Cámara de Representantes, en donde los republicanos son mayoría.

La propuesta aprobada con 68 votos a favor y 32 en contra representa la mayor Reforma Migratoria desde 1986 y es un gran logro de negociación, donde la propuesta inicial del denominado Grupo de los Ocho, cuatro legisladores demócratas y cuatro republicanos, se fue modificando para obtener un consenso. Se trata del primer gran paso para que los más de 11 millones de inmigrantes que se encuentran ilegalmente en los Estados Unidos y que llegaron ahí antes del 31 de diciembre de 2011 puedan obtener la ciudadanía y legalicen su estancia.

La reforma prevé una visa inicial para inversionistas extranjeros, un programa de visado para trabajadores no profesionales y del sector agrícola y un sistema de verificación electrónica del estatus legal en un lapso de cuatro años.

Sin embargo esta propuesta es controversial pues a cambio de la regularización se exigen mayores y más sofisticados controles fronterizos, de tal forma que existen puntos de vista encontrados sobre si vale la pena o no abrir la puerta a la legalización de más de 11 millones de indocumentados a cambio de una legislación que refuerza la seguridad fronteriza incrementando a 41,000 los agentes de la Patrulla Fronteriza e incluso la extensión de 700 millas más del muro y el aumento de aviones no tripulados que detectan a quienes quieren cruzar, todo esto como estrategia de contención, que en palabras del senador republicano John McCain garantizará que ésta será la “frontera más militarizada desde la caída del Muro de Berlín”.

El tema migratorio es sin lugar a dudas el asunto más importante en la agenda bilateral México-Estados Unidos,  ha sido un tema presente desde siempre, muchas veces ignorado,  la política de no tener política,  otras veces minimizado y muchas otras utilizado como bandera política o electoral pero lamentablemente nunca resuelto.

De manera particular, la reforma migratoria que se discute ahora es un tema relevante  tanto para los mexicanos  como para los estadounidenses, el reforzamiento de los controles en la frontera como contraparte a la regularización de los indocumentados puede ser considerado por muchos como un derecho de EU y una decisión a respetar por parte de México, pero que sin lugar a dudas pone en entredicho la denominada buena vecindad  y el deseo de estrechar relaciones entre ambos países de la que tanto se comenta.

En años recientes se ha hablado de la responsabilidad compartida, es decir, que la migración es un tema que requiere ser abordado y atendido por ambos gobiernos, incluso ya por las dimensiones que ha alcanzado, habría que pensar en incluir también a los países centroamericanos. No podemos permanecer sin hacer nada con el pretexto de respetar el principio de no intervención,  de que cada país debe decir al interior de sus fronteras, se necesita una cancillería que se exprese con firmeza respecto a la reforma migratoria propuesta, pero más allá de eso se necesita un gobierno mexicano dispuesto a hacer acciones concretas para mejorar la situación económica real  y las oportunidades de desarrollo de miles de mexicanos que pueden convertirse en futuros migrantes.

Escenarios futuros puede haber muy variados, pero habrá que tener en mente al menos dos posibles: uno en donde no de manera sencilla ni rápida se apruebe la S.744. En este caso nuestro país deberá reflexionar sobre muchas cuestiones, una de ellas: lo que implicarán controles fronterizos extremos, sobre todo teniendo en cuenta a los miles de transmigrantes centroamericanos que intentan cruzar México para llegar a la Unión Americana. ¿Qué política se tendrá que tener con respecto a aquellos que no logren llegar a EU y que posiblemente se quedarán en territorio nacional, continuando siendo presa fácil de extorsión, secuestro, violación y muerte? ¿Cómo garantizar su seguridad y respeto a sus Derechos Humanos?

Asimismo, en el caso de una eventual reforma migratoria los consulados mexicanos en EU deberán tener la capacidad para acompañar en el proceso de información y capacitación para los migrantes mexicanos que puedan acogerse a los beneficios de la reforma, aquí jugará un papel muy importante la red de asociaciones, comunidades y organizaciones de migrantes que se ha venido consolidando en los últimos años.

Por otro lado, está el escenario donde en la Cámara Baja, demócratas y republicanos no avancen, no lleguen a ningún acuerdo, el debate se detenga y no se apruebe la  S.744, retrasando nuevamente esta discusión urgente,  y donde con las elecciones legislativas de EU en puerta para el 2014, el tema migratorio se convierte en una bandera electoral importante.

Sea cual sea el resultado,  ya se ha dado un primer paso para una reforma migratoria con camino a la ciudadanía, para algunos se trata de un atisbo de esperanza para millones de jóvenes estudiantes y trabajadores que están esperando una oportunidad para legalizar su situación en el país vecino, pero sin duda se trata de un proceso largo que apenas empieza  y que nos convoca a trabajar en la búsqueda de soluciones desde diversos ámbitos y desde los dos países, enfatizando más la necesidad de la cooperación y el diálogo sobre temas de militarización fronteriza y cuestiones de seguridad.

*Académica del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana

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