S&P dejó entrever que en los próximos 18 meses México podría elevar su calificación soberana, pero advierte: de no tener cambios estructurales concisos, el país regresará a su perspectiva estable.

 

Las crecientes posibilidades de aprobar cambios estructurales que doten  país un mayor margen de maniobra fiscal y propicien un crecimiento más acelerado en el mediano plazo, propiciaron que Standard and Poor’s cambiara la perspectiva de la nota soberana de México de estable a positiva.

Sin embargo, la condición para ver una mejora en la nota soberana es tener cambios que garanticen avances, de lo contrario, la perspectiva volverá a ser estable.

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“La prudencia fiscal y la acertada política monetaria que ha implementado el gobierno mexicano, permitirán aumentar la capacidad de la economía de enfrentarse a escenarios de estrés. Además, las posibilidades crecientes de aprobar cambios estructurales que permitan un mayor margen de maniobra fiscal y den pie a un crecimiento económico mayor en el mediano plazo han mejorado durante el gobierno de Peña Nieto”, señaló la calificadora en un comunicado la semana pasada.

La agencia afirmó la calificación BBB/A-2 para México y explicó que el cambio de perspectiva refleja una mayor probabilidad de que el gobierno apruebe una serie de políticas que significativamente mejoren el margen de maniobra  fiscal e inyecten más dinamismo a la economía.

“La limitada flexibilidad fiscal y modestas tasas de crecimiento a medio plazo limitan las calificaciones. Alrededor del 35% del total de los ingresos presupuestarios provienen del sector petrolero, lo cual deja al gobierno vulnerable a la volatilidad de los precios del petróleo y la disminución potencial de la producción en el mediano plazo, sobre todo porque la base tributaria no petrolera es baja”, explicó la analista Lisa Schineller.

Peña Nieto, ¿clave?

Desde que asumió el cargo en diciembre de 2012, la administración del presidente Enrique Peña Nieto ha reiterado su compromiso con las políticas de fomento a la estabilidad macroeconómica, y las mejoras a la competitividad y productividad a largo plazo, un punto que para la calificadora estadounidense no pasó desapercibido.

En su reporte, explica que el  presidente y su equipo han planteado que sus reformas serán de largo alcance, aunque los detalles sobre las muy esperadas medidas fiscales y de energía sólo se presentarán en la segunda mitad de 2013, mientras que para los gobiernos anteriores era difícil pensar en materializar estos cambios.

El análisis de S&P sugiere que, debido a su naturaleza polémica y la necesidad de coordinar entre los partidos en el Congreso dividido, el gobierno actual tiene una mayor probabilidad de obtener la aprobación de dichas fuerzas.

“El escenario no está asegurado de ninguna manera, creemos que la administración de la capacidad para aprovechar su impulso político, los primeros 12 a 18 meses serán cruciales para la calificación crediticia de México”, dijo la analista Soberana Lisa Schineller.

S&P dejó abierta la posibilidad de que la calificación soberana se eleve en los próximos 18 meses, sin embargo, la condicionante para ese escenario es que el impacto de las reformas sea medible y en efecto logre un fortalecimiento de las administraciones públicas, a nivel central y local.

“Por el contrario, podríamos revisar la perspectiva a estable si el gobierno no obtiene la aprobación de sus propuestas políticas sustanciales, o si las reformas son insuficiente para fortalecer las finanzas públicas y  contribuir a una mayor capacidad de recuperación económica”, advirtió la calificadora.

 

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