Los dichos, decía mi madre, son evangelios chiquitos, son cápsulas que ayudan a identificar los valores que sirven de roca fundacional para nuestro negocio o nuestra actividad profesional. Hay valores que trascienden el tiempo y son aplicables hoy. Aquí cinco refranes llenos de sabiduría.

 

Vivimos, qué duda cabe, en la era de la reinvención, del reciclaje y de la reutilización. El mejor ejemplo que tenemos son las células del cuerpo humano: cada día se producen millones de nuevas partículas de vida a partir de las ya existentes. Así, por un proceso de renovación constante, los seres humanos podemos transitar por el mundo y aspirar a vivir muchos años. Es más, la esperanza de vida ha aumentado y las personas hoy vivimos más que antes, lo que nos da la oportunidad de atestiguar los cambios aceleradísimos que se dan en nuestro entorno.

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En esta aldea global, que más bien parece una selva, olvidamos la esencia que nos permite seguir adelante y, en un descuido, podemos estar descartando la piedra medular de nuestro quehacer. No hay duda: para sobrevivir en estos tiempos debemos entender cuáles son los elementos transitorios y sostenibles que nos ayudarán a construir una ventaja competitiva de largo aliento.

Hay autores que argumentan que la era de la ventaja competitiva sostenible ya pasó y que el reinado de la ventaja competitiva transitoria ha comenzado. No estoy de acuerdo. Me parece que una afirmación así es radical. Centrarse en ventajas competitivas coyunturales aumenta el riesgo de la operación, debilita el corazón mismo de las empresas y de los profesionales, y desestima la fortaleza que da a conocer la razón que nos llevó, en primera instancia, a hacer lo que hacemos.

En este sentido, la sabiduría popular viene a la mano. Los dichos, decía mi madre, son evangelios chiquitos, son cápsulas que ayudan a identificar los valores que sirven de roca fundacional para nuestro negocio o nuestra actividad profesional. Hay valores que trascienden el tiempo y son aplicables hoy. Por desgracia, dado el estilo de vida acelerada, llegamos a olvidar la verdadera naturaleza de nuestra actividad y, en la prisa, no nos damos momentos para reflexionar. Los refranes son una maravilla, ya que en la economía de sus palabras podemos entender rápidamente ideas trascendentes que son de gran utilidad.

  1. Las gotas de agua del río nunca son las mismas, sin embargo, el río siempre es el mismo. Para identificar oportunidades y construir ventajas, es necesario reflexionar sobre la misión y visión con la que enfrentamos al mercado. Los negocios cambian y el mercado se transforma rápidamente, por lo que es necesario moverse y adaptar actividades a las nuevas condiciones. Es evidente que hay que aprovechar los adelantos tecnológicos y sacar provecho de ellos. Sí. Pero no hay que dejar de lado cuál es la verdadera vocación que nos hace participar en el mercado. Una persona o un negocio que cambia sin tener un rumbo definido, va dando bandazos y se pierde en el camino. La ventaja competitiva sostenida es esa característica que nos hace destacar y que debemos proteger, pues es la razón por la que los clientes nos buscan.
  2. La llave del mundo se aparece y desaparece rapidito. En el mundo hay que ir con los ojos abiertos y enfocados. Las ventanas de oportunidad se abren o se cierran en un pestañeo. Sólo los que están atentos pueden estar un paso adelante. En esta condición se pueden identificar las ocasiones para generar riqueza y atraer beneficios. Las ventajas competitivas transitorias son esas características que pueden ser mejoradas y que traerán mayores beneficios, son actividades que evitan la obsolescencia e impulsan la modernidad.
  3. Agua que no haz de beber, déjala correr. Es cierto: la cotidianidad nos presenta un sinnúmero de ventanas de oportunidad que se abren a nuestro paso. Sin embargo, no todas son para nosotros. Conservar el enfoque en el rumbo nos lleva a entender que hay coyunturas que debemos dejar pasar. Incluso, hay gangas que nos salen al paso y que debemos dejar de lado a pesar de que los beneficios ofrecidos nos seduzcan ampliamente. Hemos visto ejemplos de grandes corporativos que adquieren negocios a precios de remate que, al paso del tiempo, tienen que vender porque los alejó de su actividad central y les distrajo recursos y talento que pudieron usar en mejor forma.
  4. La suerte se empieza a repartir a las seis de la mañana y a las ocho ya se acabó. El refrán nos recuerda el valor de quien inicia su labor temprano y está listo antes que los demás. En la era de la reinversión, una de las actitudes más valiosas es estar preparados para que el éxito no nos tome por sorpresa, sino listos para darle la bienvenida. También habla del valor de la disciplina que se forja por hábitos virtuosos que ayudan a estar alerta, como un cazador de mariposas que llega al lugar propicio, extiende su red y atrapa el tesoro porque supo estar a tiempo donde debía.
  5. La competencia es el mal necesario que nos obliga a mejorar. El antídoto más efectivo contra el estancamiento lo tiene el competidor que nos está pisando los talones. El mundo ideal deviene de: evitar los males de la competencia, mientras conservamos sus ventajas. Para ello, es necesario entregar los lentes de la soberbia, el sillón de la comodidad y observar con inteligencia lo que ellos hacen bien o mejor que nosotros y estar atento para satisfacer las necesidades del cliente que no están cubiertas.

Hay autores que posicionan a las ventajas transitorias por encima de las ventajas sostenibles y viceversa. Creo que, como siempre, en el equilibro entre ambas se encuentra la verdadera meta a alcanzar. Centrarse en las ventajas transitorias nos lleva a olvidar la naturaleza de nuestra gestión y corremos el riesgo de convertirnos en veletas que oscilan según el viento y, eso en sí mismo no está mal, siempre y cuando nos acerque a la meta; lo malo es que podemos alejarnos. Centrarse en las ventajas sustentables nos puede llevar a la obsolescencia y a la ceguera de taller que se traduce en la pérdida de nuevas oportunidades.

El equilibrio entre las ventajas competitivas transitorias y sustentables nos lleva a aprovechar las oportunidades que aparecen en la escena y a permanecer enfocados en el corazón mismo de la actividad productiva. Es entender que el que mucho abarca, poco aprieta. Es saber que la actividad empresarial no es un vaso para llenar, sino una lámpara para encender. Es valorar que una empresa que privilegia más los beneficios que sus principios terminará perdiendo los dos.

La sabiduría popular, las frases de ayer que se pueden usar hoy, son la evidencia del equilibrio entre las ventajas competitivas transitorias y sustentables, ya que contienen sabiduría milenaria y se adaptan a las condiciones de hoy. Además, nos recuerdan que para afianzar una compañía, un ejercicio profesional o, incluso, una actividad personal hay que estar alerta y saber qué es aquello que nosotros podemos ofrecer que no encontrarán en otro lado. Así nos afianzamos de esa piedra medular y avanzamos sobre un mejor terreno rumbo a la modernidad.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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