Las oportunidades de crecimiento en el sur de México y Centroamérica pueden impulsar a los inversionistas a reconocer su alto potencial, tal como en su momento sucedió con los tigres asiáticos o el dragón chino. Aunque para eso tienen que suceder varias cosas.

 

Por Óscar González Escárcega

 

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Realeza, poderío económico y fuerza militar fueron parte de la simbología del jaguar para los mayas. Este felino —que en el pasado generó identidad en la principal cultura prehispánica asentada en el istmo de la que se tenga registro— no es tan grande como un tigre o un león, pero su sagacidad lo llenó de los atributos necesarios para convertirlo en la representación de la clase dominante.

¿Por qué no pensar, entonces, en que Centroamérica, incluso desde el sureste mexicano, podría recuperar la grandeza simbolizada por este animal y convertirse, así, en la región del jaguar, y que los países que la conforman sean los próximos emergentes de la economía global?

Explorar la posibilidad de que a través de un simbolismo tan fuerte, la región pueda detonar su desarrollo definitivo, como en su momento pasó con los tigres asiáticos, con el dragón chino, con los mismos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) o MIST (México, Indonesia, Corea del Sur y Turquía), siglas acuñadas por el economista británico Jim O’Neill, podría parecer algo irreal, pero considerando el estancamiento económico de los países desarrollados y el lento despegue de las economías con potencial de crecimiento, ¿cabe la posibilidad para Centroamérica?

Estos países, se estima, tendrán más de 40% de la población mundial y un PIB combinado de 134,951 billones de dólares entre 2020 y 2050. De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) a marzo de este año, las expectativas de crecimiento acumulado entre 2014 y 2019 son para Brasil, de 21%; India, 43%; Rusia, 13%; China, 45%, y Sudáfrica, 18%.

Sin embargo, luego de la crisis global de 2008, Brasil y China perdieron su brillo, sufrieron una baja en sus expectativas. Entonces el autor de las siglas BRICS ideó otras para referirse a un segundo grupo de emergentes, los MIST, a los que agregó un criterio adicional: la poca afectación de sus economías a las crisis globales.

 

El tamaño de su garra

Con una población total cercana a 45 millones de personas, los actuales argumentos macroeconómicos de los jaguares centroamericanos son que la economía de la región representa 2.5% del PIB total de Latinoamérica, con una cifra que asciende a casi 200,000 mdd, sus exportaciones equivalen a 4.5% de toda Latam y la Inversión Extranjera Directa (IED) en 2013 fue de 48,000 mdd, mayor que la de un país como México, con 120 millones de habitantes.

Una buena muestra de que las perspectivas, oportunidades y amenazas que existen sobre Centroamérica está contenida en la opinión, por un lado, de la American Chamber (AmCham) en sus capítulos de Costa Rica y El Salvador, y por otro, de la Cepal.

La Cámara Costarricense Norteamericana de Comercio señala que en los últimos 30 años Costa Rica se ha convertido en un país atractivo para la inversión extranjera debido a su gobierno estable y al nivel académico de su población. “El país ha pasado de ser una economía soportada en la agricultura a una basada en sectores más avanzados como el tecnológico, o en la prestación de servicios como el de telecomunicaciones.”

En una encuesta realizada por la empresa Consultoría Interdisciplinaria en Desarrollo (CID Gallup) para la AmCham y Deloitte, se establece que para que el país dé el salto definitivo debe haber más comunicación gobierno y sociedad, solucionar los problemas fiscales, el tamaño del aparato burocrático estatal, infraestructura, distribución de la riqueza y combatir el comercio ilícito.

La misma AmCham, pero en El Salvador, señala que este país se ha convertido en una plataforma de ensamblaje y manufactura de la industria de calzado para exportar a grandes mercados como Estados Unidos y Europa, beneficiándose del Tratado DR-CAFTA. La nación salvadoreña también ofrece telecomunicaciones de punta y servicios empresariales a distancia para las compañías que buscan acceder al mercado estadounidense o países hispanohablantes, por lo que es una aliada estratégica para brindar servicios de calidad, bajo la modalidad de negocio multirregión.

Panamá, por ejemplo, representa un caso sobresaliente. De acuerdo con el Banco Mundial, su crecimiento económico ha sido uno de los más altos de Latinoamérica durante la década reciente, con un promedio del PIB por encima del 8% entre 2006 y 2012. Entre los principales motores de impulso destacan la ejecución de proyectos de desarrollo, su localización geográfica estratégica y su canal, aunque también su tren que conecta los dos océanos y tener un centro bancario internacional han jugado un rol importante.

Nicaragua va por un camino similar. De acuerdo con especialistas, podría encabezar el crecimiento del istmo al captar capitales de China, Rusia y Estados Unidos; una de sus principales apuestas es el canal interoceánico como punta de lanza de inversiones de los sectores de materias primas, energético, turístico, construcción e infraestructura. Sólo para el canal se estima una inversión de 40,000 mdd, lo cual permitiría catapultar a Nicaragua con crecimientos cercanos a 15%.

En el documento elaborado por la Cepal y la Organización de Estados Americanos denominado “Relaciones Caricom–Centroamérica y la República Dominicana: una ventana de oportunidades de comercio e inversión”, se identifican las oportunidades de comercio y áreas de inversión que como bloque tienen los países de la Comunidad del Caribe (Caricom), Centroamérica y República Dominicana, que podrían ser aprovechadas.

El informe menciona que los principales pilares de desarrollo se ubicarán en el sector servicios, principalmente en los financieros, de logística avanzada, turísticos y de transporte. Además señala áreas de oportunidad en productos tales como medicamentos, tubos para distintos tipos de industrias como la energética, textiles, generadores eléctricos e hidráulicos, equipo e instrumental médico y polímeros en general.

Por su parte, un estudio del IE Business School (IEBSiebs), aplicado entre 500 emprendedores, alumnos centroamericanos de ese instituto de negocios, señala que la burocracia, la excesiva tramitología y la limitada demanda interna representan los principales obstáculos para invertir en la región y son un factor que impide su despegue.

 

Las siglas ideales

Distintas son las visiones que sobre el tema tienen especialistas consultados por Forbes con respecto a la pertinencia y oportunidad de bautizar a los países centroamericanos con unas siglas e identificarlos así para impulsar su despegue.

Alfredo Guerra Borges, economista de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) y profesor investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES), considera positivo bautizar a los países de la región con un nombre representativo.

El también ex director del Departamento de Industria de la Secretaría del Tratado General de Integración Económica Centroamericana (Sieca) considera que Centroamérica no se encuentra por el momento en una fase de despegue y crecimiento económico definitivo.

“Nicaragua viene desenvolviéndose con dinamismo, y parece que así será en los próximos años, aunque por su peso económico y político no creo que influya significativamente en la región. Costa Rica hace ya algunos años que se ha adelantado económicamente a los demás países centroamericanos, así como Panamá, pero recientemente han asumido el poder nuevos gobiernos, y creo que sería conveniente observar un poco su desempeño”, comenta Guerra Borges.

Recuerda que desde 1960 la integración económica regional puso de manifiesto que sólo por esta vía los países centroamericanos podrán encontrar una asociación de sus recursos que mutuamente convenga a todos: “la integración de esta manera es, por ahora, una posibilidad remota, además de que es un sueño definitivo. Me despierta mucho interés lo que se decida hacer en este aspecto” de las siglas.

Por su parte, Jim O’Neill comentó a Forbes Centroamérica su rechazo a seguir ideando siglas para describir regiones o bloques de países. “¡No, no y no más acrónimos!”, dice O’Neill al preguntarle sobre la pertinencia de bautizar a la región centroamericana con siglas que se pronuncian como una sola palabra.

Para él, ninguno de los países centroamericanos es lo suficientemente grande en términos de población como para justificar tanta atención e identificarla a través de unas siglas o un nombre. También opina que los “acrónimos” son útiles cuando la importancia de los países traspasa las fronteras continentales.

Pese a que O’Neill no quiso sugerir algunas siglas para Centroamérica, de seguir Panamá con un crecimiento anual de 10%, Nicaragua llegar al 12% con el posible canal que el gobierno busca construir, y Guatemala, Honduras y El Salvador potenciar su crecimiento con los proyectos de infraestructura, telecomunicaciones y energía que se pretende desarrollar en la próxima década, posiblemente, muy posiblemente, llegue el día que a los países de la región se les reconozca como los PENCHG o la zona del jaguar.

Por lo pronto se estima que en el año 2020 el crecimiento promedio de los BRICS será de 5.7%, mientras que la zona del jaguar lo hará en 4.9%.

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