Por María Fernanda Ballesteros*

En México, se está discutiendo actualmente un proyecto de iniciativa de Ley para regular a las empresas Fintech y en gran parte el futuro de estas empresas en nuestro país dependerá del modelo regulatorio que se defina. Esto es de gran relevancia no solamente porque esta nueva industria puede mejorar la inclusión financiera y aumentar la competencia de un sector hasta ahora altamente concentrado, sino también porque se estarán discutiendo nuevos mecanismos regulatorios relacionados con la obligación de difundir compartir o abrir información que serán cada vez más relevantes en la era de la economía de datos.

Las empresas Fintech ofrecen distintos productos y servicios a bajo costo que mejoran la experiencia del consumidor y que pueden dar acceso al sistema financiero a usuarios que no están siendo atendidos por los bancos tradicionales. Por ejemplo, han logrado ofrecer un método de pago y cobranza alternativo al sistema bancario tradicional, que permite a diferentes negocios, desde un vendedor ambulante hasta una tienda departamental, cobrar de manera eficiente y a un bajo costo.

Sin embargo, existen diferentes barreras para poder entrar y competir a los mercados financieros, desde las licencias requeridas para realizar ciertas actividades hasta la dificultad para acceder a la información de los clientes y de sus transacciones.

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Existen muchos elementos que discutir sobre la regulación de esta nueva industria, pero en este artículo me gustaría enfocarme en la parte del proyecto de iniciativa de Ley que propone introducir en nuestro país el mecanismo conocido como APIs -por sus siglas en inglés, que significa Application Programming Interface-. Se trata de un mecanismo que facilita la interconectividad de servicios financieros digitales al permitir que terceros trabajen y se integren con los sistemas bancarios tradicionales. En particular, este mecanismo fomentaría que nuevos jugadores tengan acceso a información de los usuarios del sistema financiero para generar nuevos productos o experiencias para los clientes. Al entregar información en tiempo real a las nuevas empresas, las APIs permiten que exista una infraestructura de pagos que pueda atender de forma inmediata transacciones alrededor del mundo. De esta forma las APIs han permitido en otros países que las fintechs puedan prestar los servicios que consumidores están pidiendo y que los bancos tradicionales no proveían.

La regulación ha sido factor fundamental en la adopción de las APIs en otros países. Por ejemplo, en la Unión Europea, se obligó a los bancos por medio de la directiva PSD2 a permitir el acceso a cuentas, transacciones y demás información del consumidor a terceros, por medio de APIs. Es interesante ver cómo esta regulación ha contribuido a impulsar la competencia e innovación en los servicios financieros en esta parte del mundo.

Normalmente cuando hablamos de regulación, solemos pensar en reglas y requisitos que además de ser ineficientes y costosos, incrementan la oportunidad de corrupción. Sin embargo, la obligación de difundir, compartir o abrir información puede considerarse parte de un nuevo modelo regulatorio que será clave en la era de la economía de datos en la que la información es el motor del crecimiento y cambio.

El papel del regulador al crear normas que obliguen a privados a compartir o difundir información es cada vez más importante para reducir asimetrías de información entre productores y consumidores, y así permitir que los consumidores tomen mejores decisiones. También puede facilitar esquemas de colaboración para mayor agilidad tecnológica, incrementando la innovación en beneficio del consumidor. Por último, este tipo de normas también pueden ayudar a eliminar barreras de entrada o expansión que permitan que exista un entorno de mayor competencia.

Si bien la industria financiera, con el desarrollo de las fintechs, es donde más se discute la necesidad de encontrar nuevas soluciones de regulación que permitan la innovación y promuevan la competencia por medio de la difusión o intercambio de información, esta experiencia puede servir como ejemplo de lo que también se debe discutir en otros sectores.

En Reino Unido y Estados Unidos, por ejemplo, se ha regulado al sector salud para que genere y difunda información que impulse una mayor competencia entre oferentes de los servicios de salud y permita a consumidores tomar decisiones más informadas.

En Alemania, el regulador obliga a que aseguradores mantengan, de forma colectiva, una base estadística que incluya el número de accidentes de coches, que las firmas más pequeñas no podrían conocer a partir de su propia base de datos. Esta información permite a estas pequeñas empresas reducir riesgos y mantenerse en el mercado.

Más allá del poder que la información sobre costo, calidad y seguridad de los productos y servicios da al consumidor, la transparencia y open data pueden mejorar el monitoreo y verificación del gobierno sobre los mercados -reduciendo costos tanto para el regulador como para regulados-, a la vez que pueden permitir que éste rinda cuentas a la sociedad sobre el cumplimiento de su función.

El papel de los reguladores en esta era de la información es muy importante y su actualización es crucial para el éxito de nuevos jugadores, la generación de una mayor competencia e innovación en beneficio del consumidor, así como el camino hacia un desarrollo sostenible.

*Fernanda Ballesteros es Coordinadora de Competencia y Regulación de México Evalúa.

 

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Página web: mexicoevalua.org

 

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