Los mexicanos somos rehenes de los partidos políticos, es una relación de amor-odio. A los ciudadanos, en su mayoría, no les gusta la política y sólo se acuerdan de ella cada tres años, cuando hay que ir a votar por alguien, y por lo general o no saben por quién o se dejan llevar por la publicidad del momento, por la opinión publicada, o de plano por berrinche dan un voto de castigo con base en los escándalos de último momento.

Esto resume lo que ocurrió en la pasada elección, en que la ciudadanía le dio su rechazo al PRI y al PRD, y votó por el PAN y Morena, que no saben ni cómo le hicieron pero subieron sus votos.

Ahora bien, los partidos no se han dado cuenta de que el voto es en contra de todos ellos, políticos y estructura partidaria; no entienden que no están funcionando; ya no son ni operativos ni funcionales. Además, caen mal por insensatos e insensibles. Hay una gran desconexión con los ciudadanos.

No se dan cuenta de cómo se escuchan su declaraciones; sus discursos son mensajes cifrados para sus oponentes, no para la población; la política la hacen hacia sus pares y hacia el poder, no hacia el pueblo y los ciudadanos, de quienes sólo se acuerdan, en correspondencia con ellos, cuando los necesitan como ejército electoral o para avalar su músculo político o para demostrar fuerza en la calle.

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Esta situación no es exclusiva de México. Si analizamos los efectos de las últimas elecciones en todo el mundo, nos enfrentamos con que los electores castigan todas las causas de la democracia. Hoy en el mundo están ganando los extremistas, nacionalistas y ultraderechas o los fanáticos; además, para acabarla de amolar, ya ni las encuestas sirven, porque ya de manera consciente los electores les mienten para desorientar.

Como siempre, para analizar un problema se debe partir de la pregunta correcta, y en el caso de los partidos políticos en México, ¿cuál debería ser? ¿Se necesitan nuevos partidos?, ¿el PRI y el PRD necesitan refundarse, cambiar de nombre, de imagen? Y podemos seguir haciendo preguntas y quién sabe si nosotros llegaremos a la pregunta correcta. Lo que me queda claro es que a ellos, a los dirigentes, a los políticos, les va a costar más trabajo, por ego, ceguera y por no querer bajarse de su pedestal de beneficios y prebendas que les da la política.

Leyendo declaraciones de actuales o ex presidentes de partidos, insisto, el discurso es sordo, es sólo para ellos en el mundo de la política: “la decisión del nuevo líder es del Presidente”, “todo debe ser en función del próximo candidato”. Y todas las declaraciones son desde arriba hacia abajo, descalificando a los oponentes, al sistema, y al parecer son un mar de seres perfectos que están impolutos de errores que ellos mismos han cometido en sus propios partido y administraciones.

Hoy, todos los partidos son insensibles al castigo que el electorado del pasado 5 de junio les propinó. PRI y PRD lo saben, pero PAN cree que no y actúa con arrogancia. Para acabarla de amolar, los ciudadanos no se organizan para hacer nada. Vemos los desfiguros que quieren hacer los gobernadores salientes y nadie se queja. Vemos a maestros desgraciándonos la vida y nadie apoya la reforma que mejorará la educación de los niños. Vemos a los encuerados de los 400 pueblos bailando en la calle en calzones, gritando mentiras y atacando a otros políticos y nadie hace nada. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo rehenes?

 

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