En muchas compañías, los dueños ven a sus empleados como robots prescindibles, y algunas agencias de relaciones públicas (RP) no son la excepción.

 

Después de 18 años como periodista, en los primeros días que empecé de este lado de la comunicación estratégica entendí que el negocio de las RP se puede resumir en una frase: se trata de “personas” ayudando a otras “personas” a acercarse a más “personas”.

Tal vez para mis colegas no sea nada nuevo, ni descubrí el hilo negro —es más, varios me han dicho “sí, claro, obvio”—, pero no es obvio. Muchos dueños y directores de agencias de RP creen, sin decirlo, que este negocio se trata de “robots” ayudando al “dinero” a acercarse a “medios”.

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Afortunadamente para mí, ése no es el caso en la agencia donde entré. Por ello estamos realizando al interior una estrategia para hacer que el equipo de trabajo no sienta que son “robots” tratando de que “dinero” el cliente esté satisfecho con el servicio.

¿Exactamente qué estamos haciendo? Enfocándonos en las personas. Simple, ¿no? Podría sorprenderle, estimado lector, que para muchos jefes eso no es nada simple, porque ellos no ven que detrás de cumplir los objetivos y obtener ventas, hay personas, humanos con sueños, problemas personales y necesidades, pero también con ideas que podrían traerle beneficios a su negocio.

Esta idea de tratar al equipo como personas surgió hace tiempo. En junio del 2014 tuve la oportunidad de visitar varias empresas de Silicon Valley, en el área de San Francisco. Me abrieron los ojos. Es alucinante la manera en que Microsoft (que visité en Redmond), Yahoo!, Netflix, Facebook y Pinterest generan innovación y creatividad a través del bienestar de sus empleados.

Así, al regresar a México implementé muchas de estas ideas en el periódico donde trabajaba. Los resultados fueron muy buenos; por ejemplo, un crecimiento de 30% en ventas los primeros 6 meses de aplicación.

Es por ello que en cuanto me cambié al lado de la comunicación estratégica, una de las primeras cosas que implementé fue eso: ver a las personas como personas. No robots atendiendo dinero.

Después de preguntarle al equipo “¿qué necesitarían para ser felices en su trabajo?”, más allá de que uno que otro dijo “más dinero”, lo que prácticamente todos querían era ser escuchados y tomados en cuenta, y la apertura de la compañía para dejarles pasar un poco más de tiempo con sus seres queridos. Eso, la verdad, no tiene un gran costo para la empresa y sí puede abundar en beneficios como mejor desempeño de los empleados, que a su vez traerá un impacto positivo en la atención al cliente y un incremento en su aportación al negocio y creatividad.

Al final, creemos que si la gente está contenta con lo que hace, se traducirá en aumento de las ventas y la satisfacción de los clientes. Eso, además, suma a que no estarán buscando cambiarse a otra empresa, y si llegaran a tener una oferta de trabajo, en la balanza pondrán el elemento de “me tratan como persona y no como robot”, como parte del paquete de compensaciones que deberá ofrecer su nueva chamba.

 

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