“Todo era perfecto y estaba controlado en la ciudad, o al menos lo parecía.

Aunque habría que irlo viendo, las cosas nunca son perfectas en ningún sitio al que uno vaya

y hasta hay que dar gracias a Dios porque así sea”.

Ray Loriga. Rendición.

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Ayer por la noche terminé de leer Rendición de Ray Loriga, Premio Alfaguara de novela 2017. Es un libro que sorprende y que al mismo tiempo hila en su narración un sentido de cercanía, de algo que nos es íntimo y entrañable.

Ray Loriga es un novelista, guionista y director de cine español. Y se puede afirmar sin lugar a duda que es un escritor consumado porque logra algo verdaderamente complejo: darle voz a un personaje sencillo, se podría decir que incluso simple, en medio de un entorno que crea para el lector: un mundo sofisticado, enajenado, transparente, terrible.

Al terminar esta novela me parece inevitable la comparación, toda proporción guardada por supuesto, con la novela de José Saramago, Ensayo sobre la Ceguera. Y si se me permite el atrevimiento, no sé si sea por la edad (Ensayo sobre la ceguera lo habré leído hace unos 15 años), Rendición de Ray Loriga me pareció menos doloroso, indudablemente más divertido, pero con un sentido de ruptura absoluta de lo que hasta hoy nos parece familiar y conocido.

Ray Loriga construye la parte neurálgica de su texto en un mundo absolutamente transparente. Un mundo donde no hay intimidad, ni secretos. Un mundo donde ser feliz, incluso ridículamente feliz, es inevitable. Un mundo donde no se puede sentir ni siquiera miedo. Y lo que resulta completamente revelador de esta novela, es que todo aquello que supuestamente debemos vivir “superando” para convertirnos en mejores personas y garantizar nuestra felicidad y en alguna medida la de aquellos que nos rodean, es exactamente lo que nos da el impulso para transformar: el miedo, la suspicacia, el coraje, la indecisión, incluso los conflictos internos y externos.

¿Pueden imaginar un mundo sin olor? ¿Cómo se puede amar a alguien si no puedes olerlo? Ray Loriga no sólo crea un mundo transparente, crea un mundo inodoro. Las personas no tienen aroma, tampoco las flores, vamos que ni siquiera la mierda tiene olor. Y lo que logra esta novela es llevar la situación a tal extremo que permite retratar lo que sería la vida, nuestra vida, sin algo que damos por sentado como lo es la percepción de los olores.

Y como es un libro que disfruté enormemente y que les recomiendo en verdad, les dejo algunas frases que me fascinaron para que logre engancharlos y se animen a leerlo:

“Querer es renunciar a cualquier demonio que nos diga que no querer es posible”.

“Si algo he aprendido viendo morir nuestro jardín es que ni lo bueno ni lo malo se detiene a revisar nuestros cálculos, ni aprecia nuestros esfuerzos, simplemente sucede”.

“Ella, como todas las mujeres, es más fuerte que los hombres, pero a veces se rompe y la abrazo. Lo hago ya sin darme cuenta, es lo que he hecho toda la vida”.

“Lo que a cada uno le duele lo suyo es asunto de cada cual, y andar llorando como niños no sirve de nada cuando lo que urge es la acción, el coraje y la estrategia”.

“En ese momento mismo decidí darle una lección. A veces con los hijos no se presentan muchas oportunidades de enseñarles lo recto, y las pocas que hay se tienen que aprovechar”.

“A veces uno tiene que esperar a que las cosas sucedan por más que intuya lo que podría suceder, porque si no, te toman por loco”.

“Supongo que el miedo se quita más despacio que el olor, o nunca”.

“Los insatisfechos siempre creen merecer más de lo que les dan y de esas quejas se hace un mundo de pusilánimes e inútiles. De gente que le pide a la tierra fruto sin haber puesto antes empeño”.

“Había tan poca suspicacia en esta ciudad que al final era imposible no inquietarse, o al menos no tratar de inquietarse, porque inquietarse de verdad no era nada fácil por culpa de lo contento que te ponías aquí por todo e incluso sin motivo aparente”.

“Dicen que se puede sacar a un hombre de su comarca fácilmente, pero que es mucho más difícil sacar la comarca del interior de un hombre. Puede que tengan razón”.

“Es de suponer que la cerveza también estaría hecha con la misma agua, pero algo tenía que beber si no quería morirme, y si algo tenía que beber mejor que fuera cerveza fría”.

Así que no duden en tomar Rendición como una gran opción para este verano, es de lectura ágil y fluida. Es un libro en el que resuenan con elegancia conceptos como la sencillez, la paternidad, el absurdo, el miedo y la compasión.

Hasta el próximo martes…

 

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