Gestionar las opiniones que los stakeholders emiten en un contexto “local” y, sin embargo, repercuten en la reputación “regional”, es uno de los retos de muchas compañías en América Latina.

 

 

El incremento de la participación de los latinoamericanos en los canales 2.0 a través de las redes sociales ha ayudado a consolidar un “espacio online en español” (teniendo en cuenta las particularidades de Brasil).

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Por este motivo, las grandes compañías han dedicado ingentes esfuerzos precisamente a reforzar, a nivel local, los valores asociados a su reputación.

La cuestión es: ¿Cómo establecer un lenguaje online –o al menos una estrategia– que sea válido para todos?

Más allá de esto, uno de los retos reputacionales a los que se enfrentan las compañías en América Latina consiste en gestionar las opiniones que los stakeholders emiten en un contexto “local” y sin embargo repercuten en la reputación “regional” de la compañía.

 

Retos para la comunicación en América Latina

Esto no sería una cuestión tan compleja (al menos aparentemente) si las compañías junto a sus “tácticas locales” tuviesen una estrategia regional de comunicación y de gestión de la reputación.

La intensificación de la “conversación en tiempo real” también ha aumentado los lazos y el intercambio entre personas que no sólo comparten un mismo idioma (excluyendo a Brasil) sino también valores, pero sobre todo experiencias ligadas a un producto o una empresa que está presente en la mayoría de los países latinoamericanos.

En este sentido, la gestión de clientes y, en general, stakeholders regionales en canales como Twitter se ha convertido en un verdadero reto para las compañías multinacionales.

Sin embargo, son muy pocas las compañías en América Latina que ya avanzan en esa dirección, lo que multiplica los esfuerzos y reduce la capacidad de impacto positivo para el conjunto de la marca y no solo para su “versión local”.

El dilema –que podría parecer inocuo– tiene una cuestión asociada: significa tener uno o varios “gestores de relacionamiento” (o community manager) con diferentes niveles de autonomía, interlocución y, en consecuencia, representatividad.

En definitiva, avanzar hacia estrategias regionales de comunicación 2.0 no es una tarea sencilla, pues implica ir acompañada de un cambio cultural interno de la propia compañía. Pero lo que parece claro, es que es posible. Y, sobre todo, necesario.

 

RESUMEN DEL INFORME PUBLICADO EN d+i LLORENTE & CUENCA. PUEDES DESCARGAR EL INFORME COMPLETO AQUÍ.

 

 

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