Sí, fue lo que aprendimos de Scott Eblin, ponente en el evento de WOBI On Leadership, quien explicaba cómo es que la vida y el liderazgo no sólo deben tener el acelerador a full, sino que también hay que saber meter el freno para detenernos a respirar y poder tener más claridad para la toma de decisiones. A eso se le llama: inteligencia emocional.

 

La inteligencia emocional es la habilidad de responder racionalmente ante las reacciones emocionales. Está demostrado que las personas con un alto IQ no necesariamente son las más exitosas, ya que el IQ sólo aporta 20% del desempeño humano. En un esfuerzo por entender de dónde proviene el 80% restante, el doctor Howard Gardner propuso el modelo de las inteligencias múltiples, y comenzó por estudiar la inteligencia emocional, que provee 60% del éxito de las personas; el otro 20% depende de la personalidad y la estrategia.

 

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Cuanto más entiendes las emociones, más entiendes tus decisiones

El cerebro no es uno, son tres. La biología es la ciencia que se encarga de estudiar la evolución del cerebro. Hace quinientos millones de años apareció el cerebro reptiliano; hace doscientos millones de años los mamíferos innovaron con el cerebro límbico, que es el de las emociones, y desde hace cien millones de años existe el cerebro córtex, que se dedica a la razón.

Todos los científicos dicen que los humanos, por tener el córtex, son más racionales, pero con el tiempo se ha descubierto que no son tan racionales, pues 95% de las decisiones son emocionales. Sin embargo, los seres humanos a tu alrededor y las situaciones del día a día son las que te hacen más racional.

Estanislao Bachrach explicó que el cerebro del ser humano es utilizado al 100%, pero no al mismo tiempo: de forma simultánea únicamente se puede utilizar 2%. Pareciera poco, pero es suficiente para hacer billones de conexiones.

Toda experiencia pasa primero por el andamiaje emocional hasta el sistema límbico, lugar en el que se encuentran todas las emociones y en el que, en promedio, se experimentan 400 al día. Éste se encuentra arriba del ojo izquierdo: es una masa maleable, plástica, y se ejercita como cualquier músculo; sin embargo, se estima que sólo 36% de las personas logra identificar sus emociones.

La mejor manera de ser una persona integral es identificar y lograr el equilibrio entre la inteligencia emocional, el IQ y la personalidad. Está demostrado que el IQ no cambia con la edad y que la personalidad está forjada desde el nacimiento; únicamente se va ajustando conforme el crecimiento, preferencias y tendencias.

Y la respiración ¿qué tiene que ver? Todo, pero no se trata de respirar por respirar. Por algo existen técnicas como el yoga y la meditación (el descanso suficiente también ayuda). Esto, porque el oxígeno es lo único que puede limpiar al cerebro de sus propias toxinas, que pueden ser mortales.

 

¿Qué viene con la inteligencia emocional?

  • Autoconciencia: Es muy importante entender el rol de cada persona y aceptar con responsabilidad las acciones. Hay que lograr gestionar las emociones positivas y negativas para encontrar un equilibrio, y dejar de ir por la vida acusando a todo el mundo, pensando que todos son el problema, para enfocarse en qué se necesita para ser diferente. Es indispensable conocer las situaciones y saber quiénes son los que te mueven, lo que te hace tener problemas y, por supuesto, lo que te hace feliz.
  • Autogestión: Saber cómo manejar las emociones. Ninguna es controlable, pero todas son gobernables. No se pueden desactivar las emociones; nos guste o no, siempre estarán ahí. Algunas causarán satisfacción y felicidad, otras serán dolorosas. Ahí comienza el arte de saber respirar y lograr canalizar cada una.

 

Los 8 consejos de los expertos:

  1. Travis Bradberry: Duerme mínimo 7 horas, despierta temprano y de preferencia a la misma hora; procura no tener periodos prolongados de estrés (eso provoca una degeneración en el cerebro y un círculo vicioso).
  2. Ernesto Weissmann: Provoca la incertidumbre. No trates de adivinar ni mates la incertidumbre con un simple pronóstico. Trata de entender lo que podría pasar y evita demostrar que lo sabes todo; eso genera un exceso de confianza y sobrestimamos el poder de proyección. Es importante incorporar incertidumbre en lo que sea que hagamos. Hay que entender que el fracaso es uno de los escenarios, y si nunca has fracasado, no has vivido.
  3. John Mattone: Es responsabilidad de cada uno pensar diferente y elevar los estándares de liderazgo. Debes creer en tus pensamientos; ésos se harán sentimientos, después se convertirán en acciones, luego en hábitos, y los hábitos se convertirán en carácter. Hay que tener cuidado con el carácter: innegablemente va a determinar el destino de cada uno.
  4. Jenn Lim: La pregunta correcta: ¿cuáles son las metas propias y principales en la vida? Toda respuesta te lleva a la felicidad, pero somos muy malos para buscarla, y la felicidad es una necesidad imperante en todo ser humano. La vida da altas, bajas, y a veces dificulta todo hasta el punto en el que se cree perder rumbo, pero si tienes claro hacia dónde vas, por qué lo haces y cuál es tú propósito, no habrá obstáculos invencibles. No pienses sólo en el dinero; enfócate en el fin último de toda decisión. Inspírate y sé inspirado. El éxito en sí no da felicidad; la felicidad es la que crea el éxito.
  5. Tal Ben-Shahar: Alquimia personal. Hay tanta infelicidad por constante distracción y falta de enfoque, que no importa si es el banquete más delicioso, el viaje más exótico o la casa más grande; todo pareciera vacío si no estamos ahí con toda nuestra atención. De la misma manera funciona con la sencillez de la vida. El remedio a la insatisfacción está en nuestra mente; no se trata de buscar o experimentar lo extraordinario, sino de vivirlo. ¿Qué haces hoy para lograr una diferencia en la vida de las personas?
  6. Estanislao Bachrach: Los resultados que tienes en tu vida dependen de una cosa: de qué es lo que haces y dejas de hacer. El cerebro automatiza todo, suele repetir el 95% de nuestras acciones, y eso hace al humano eficiente; sin embargo, para cambiar hay que salir de la automatización, hacer pausa y respirar. No busques que el cerebro reaccione, sino que responda. Usa el brain friendly, usa historias, emoción. El cerebro cambia cuando siente que es necesario, que es bueno y que le sirve, no cuando analiza; es la emoción la que lleva al cambio.
  7. Scott Eblin: Si logras enfocarte en lo que realmente te gusta hacer, te adaptarás mejor y harás compromisos. Esto incide en el impacto mental: es importante vaciar la mente y tener momentos que te provean de las mejores ideas. Muchas veces esos momentos son en la regadera o haciendo ejercicio.
  8. Capitán Richard Phillips: Ninguna persona puede ser líder si no es flexible. Uno no se puede rendir ni perder la cabeza en los momentos más críticos; enfoca a tu equipo, fomenta la paciencia y la fortaleza para los tiempos difíciles.

No hay transformación sin sentir dolor, así que siempre llegará un punto en que se deba tomar decisiones, algunas más asociadas con el dolor que con el placer, pero las grandes transformaciones llevan simultáneamente a la introducción de un futuro emocionante y feliz.

Les recomiendo que vean el documental Happy, del director Roko Belic. En lo personal fue una fuerte reflexión sobre lo que es verdaderamente la felicidad. Me encantó.

Así que, queridos lectores, vinimos a ser felices. La vida es dejar de necesitar para adentrarnos al constante descubrimiento de qué nos hace felices… A rockstarear, pero ¡respireeeen!

 

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