Por Geoffrey Smith | Investing.com

El Banco Central Europeo (BCE) pondrá sus nervios a prueba esta semana cuando se reúna su Comité de Política Monetaria por segunda vez este año.

Su presidente, Mario Draghi, y su equipo están tratando de salir de un ciclo de política monetaria extraordinariamente relajada, necesaria para mantener el proyecto de moneda única los últimos 10 años. Pero el BCE se ve sometido ahora a una gran presión para hacer algo que reavive el escaso crecimiento.

Tanto la economía de Alemania como la de Italia —que representan más del 40% del PIB de la eurozona— están estancadas. El debilitamiento de potencia de exportación alemana, que fuera punto fuerte de la región durante la mayor parte de la última década, es una de las principales preocupaciones, dado el debilitamiento de otras fuentes de crecimiento. El índice de confianza empresarial del instituto Ifo, indicador muy fiable de la confianza y la actividad del sector, registró en febrero su cota más baja desde 2014.

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“El BCE tendrá que hallar el equilibrio entre la acción preventiva, que puede ser percibida como pánico, y una actitud relajada de esperar a ver qué pasa, que puede percibirse como complacencia”, según dice el analista de ING (AS:INGA), Carsten Brzeski.

Se puede decir que hay suficientes destellos de esperanza en los recientes acontecimientos que sugieren que los peores riesgos para la economía no podrían materializarse. Primero, ha disminuido el riesgo de un caótico Brexit “sin acuerdo”, que ha desempeñado un papel importante en la pronunciada caída de la confianza empresarial de la eurozona, ya que los principales partidos del Reino Unido han cambiado su postura para adoptar una más centrista y empresarial.

En segundo lugar, el riesgo de que la guerra comercial de Estados Unidos con China siga creciendo también ha disminuido, y el Wall Street Journal ha publicado este fin de semana que ambos lado están llegando a un acuerdo que daría lugar a la reducción de los aranceles bilaterales y a un mejor acceso de Estados Unidos al mercado chino.

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Aun así, las actas de la última reunión del banco indican que algunos de los responsables de la política monetaria lo vieron como una prioridad “urgente” para preparar nuevas operaciones.

Varios funcionarios han señalado que el curso más probable de acción será una nueva ronda de préstamos a largo plazo a los bancos, conocidos como operaciones de refinanciación a largo plazo o LTRO, que anclarán los tipos de interés del euro y asegurarán el suficiente exceso de liquidez del euro para impedir que la moneda única siga subiendo en los mercados de divisas. Que sean o no LTRO “dirigidos” —lo que significa que están vinculados a la actividad crediticia de los bancos, como aquéllos a los que reemplazan— no está claro todavía (Brzeski, de ING, dice que de todas formas eso no es importante).

Pero, en teoría, el BCE podría limitarse esta semana a sentar las bases de una operación de ese tipo, en lugar de apretar realmente el gatillo, según una encuesta de economistas realizada por Bloomberg.

Los analistas de los mercados de Nordea (ST:NDASE) creen que los detalles de cualquier futuro LTRO dependerán del mensaje que quiera enviar el BCE: podrían fijar los tipos de mercado para otros cuatro años ofreciendo los nuevos préstamos a una tasa fija, o podrían dejar la puerta abierta a un movimiento más temprano hacia una postura estricta, haciendo flotar los nuevos préstamos online al compás de su tasa de refinanciación de referencia, que lleva en el 0% desde 2016.

La experiencia nos dice que esto último es más probable, pues no ata tan fuerte las manos del BCE de cara al futuro. Eso es importante, en vista de que el banco tendrá nuevo presidente en noviembre.

El presidente del Banco Central Alemán, Jens Weidmann, está tratando de adelantarse a cualquier excesiva generosidad. En unas declaraciones durante su rueda de prensa de la semana pasada, según el Dow Jones, dijo que una subasta de tipo fijo podría afectar a la política monetaria, mientras que un vencimiento largo podría desbaratar las previsiones del banco, que es la herramienta más sensible del banco ahora que ha cancelado sus compras de activos netos.

“El BCE probablemente no esté dispuesto a hacer los términos de sus nuevas operaciones de liquidez tan atractivos que conduzcan a un aumento real de su exceso de liquidez”, dijo Jan van Gerich, de Nordea. Por esa razón, él y sus colegas dicen que es “difícil de imaginar que el euro se debilite mucho más” cuando el BCE finalmente actúe.

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Parte de su reticencia se debe a la probabilidad de que la demanda de cualquier nuevo LTRO estará concentrada entre los bancos españoles e italianos. Eso pone de manifiesto una vez más verdades incómodas sobre su habilidad para sobrevivir sin el soporte vital del BCE seis años después de la peor crisis del euro y cuatro años después de que el BCE se convirtiera en el principal supervisor bancario de la zona euro. Según el servicio de inversiones Moody’s (NYSE:MCO), el dinero del BCE financia el 6% de los activos de los sistemas bancarios español e italiano.

El reglamento aprobado como parte de los llamados acuerdos de Basilea III, tras la crisis financiera de 2008, exige que los bancos tengan niveles mínimos de financiación que cubran más de 12 meses, la llamada Ratio de Financiación Estable Neto (NSFR, por sus siglas en inglés). Como el vencimiento residual de los excepcionales LTRO del BCE pasará los 12 meses este año, los bancos ya no podrán contar con que cumplan sus requisitos de NSFR.

“La cuestión de si las instituciones cumplen con sus obligaciones reglamentarias no deberían jugar ningún papel en nuestras decisiones de política monetaria”, dijo Weidmann. Su homólogo francés, Francois Villeroy de Galhau, también ha dicho lo mismo.

Sólo las objeciones de las dos personalidades bastan ya para evitar cualquier medida contundente esta semana. Como resultado, una vez más dependerá de las habilidades comunicativas del señor Draghi para convencer a los mercados de que el BCE se toma en serio el apoyo al crecimiento incluso aunque no haga. Cualquier cosa por debajo de eso podría resultar en otra venta masiva de deuda y patrimonio de España e Italia, y una ampliación de los márgenes crediticios —el “ajuste injustificado” de las condiciones que el BCE quiere evitar a toda costa.

Es un acto de equilibrio habitual, pero con la eurozona perdiendo rápidamente fuelle, los riesgos son mayores ahora que estos últimos tiempos.

 

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