Nuestra relación con Estados Unidos inició oficialmente con embajadores nombrados en 1823, los primeros cuatro embajadores estadounidenses en México, y hasta 1829 fueron un desastre. El primero declinó el nombramiento, el segundo no procedió, y de los otros dos, México pido cambio de diplomático. De ahí en adelante se normalizó la relación y los embajadores han durado entre uno y siete años, como es el caso de Tony Garza.

Uno de los más afamados fue el embajador Henry Lane Wilson, quien vivió los terribles hechos de la Revolución Mexicana, de 1910 a 1913, y fue muy activo en la política mexicana.

Otro embajador que vivió una etapa difícil en México fue Dwight Morrow, de 1927 a 1930, ya que le tocó enfrentar la Guerra Cristera y el asesinato de Álvaro Obregón.

Más tarde, Thomas C. Mann vivió la Crisis de los Misiles en Cuba y la Guerra Fría, de 1961 a 1963.

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Después, John Gavin fue rechazado por el presidente De la Madrid, el canciller Sepúlveda y hasta por el Congreso de la Unión, que lo señaló como persona non grata para el gobierno mexicano.

Hoy, con el presidente Barack Obama, la nueva embajadora de Estados Unidos en México es Roberta Jacobson, la tercera en el cargo en los últimos seis años.

Jacobson llega en un momento crucial para ambos países, y enfrentará –en época de paz– una de las más complejas situaciones de los dos países.

 

Los escenarios

Primero, Obama ya se va y nadie a la fecha sabe quién será el próximo presidente de Estados Unidos. Ante este escenario y con el riesgo de que llegue Donald Trump, México ya cambió embajadores y cónsules para implementar una estrategia de reforzamiento de nuestros intereses en el terreno estadounidense. Si gana Hillary Clinton, al parecer, no habría mayor daño, pero habrá que esperar los resultados en el Congreso; puede ser que no tengan mayoría y entonces los republicanos repetirán su dosis de paralizar las cosas, así como lo hicieron con el mismo nombramiento de la nueva embajadora. Además, ella misma podría enfrentar fuego amigo desde EU hacia su posición en México. Para ella, su embajada será una con los republicanos en la Casa Blanca y otra si los demócratas llegan. La relación bilateral después del saldo electora será muy compleja.

Llegando enfrenta la extradición del Chapo. Ella es una experta en el tema de drogas al haber encabezado la Iniciativa Mérida, pero en medio de la guerra con los republicanos ésa será toda una batalla. La situación económica de los dos países y el resto de la región y el mundo, no va a ser fácil. México, con el paquete de reformas que ha desarrollado, le entrega una relación totalmente distinta, que ningún embajador había vivido: inversiones extranjeras peleando por contratos, intereses por la red de los ductos y la conexión de las gasolinas y gas por la frontera, la crisis energética que se avecina, etc. Todo ello crea una agenda distinta.

El escenario del terrorismo sólo se compara con algunos de los problemas de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría y la Crisis de los Misiles, cuando la ola roja invadía México y la poderosa embajada rusa en México tenía un papel protagónico en la vida política y cultural de nuestro país. Otra cosa novedosa es que México ya cambió su política de relaciones exteriores, ya participamos en los cascos azules y México tiene una agenda internacional muy activa. El caso China va a ser un tema a discutir ampliamente, así como el cambio de escenario de una Cuba renovada y con apertura al capitalismo. También le tocará lidiar con el ahora punto rojo que es Venezuela y sus relaciones con la izquierda mexicana.

Además, toma una embajada acéfala por muchos meses; la agenda de pendientes ha de ser enorme. Le va a tocar vivir los conflictos electorales de nuestra elección intermedia, y si llega al 2018 vivirá toda la efervescencia de la preparación del próximo proceso electoral. Otro tema curioso de esta etapa es que los asuntos de migración ya no son lo complejo que eran antes; el flujo ha bajado.

Éstas son sólo algunas consideraciones de entrada. La relación es muy compleja y hay un sinfín de asuntos concurrentes y de grandes riesgos, gravedades que no llegan a ser públicas.

Lo que es real es que éste es el principio de una relación entre México y Estados Unidos que se da bajo condiciones muy distintas y que con base en el escenario político de Estados Unidos podrá adelantar o retrasar el escenario que prospectó George Friedman en su libro Los próximos cien años, en que avizora un conflicto entre los dos países, por el crecimiento económico de México y la alineación a bloques económicos europeos. Estamos frente a un muy diferente capítulo de la historia entre los dos países. Ya veremos cómo se desarrolla.

 

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