Por María Guadalupe Sandoval Meza

Gran parte de la productividad en México está basada en las empresas familiares, cuyo número asciende a cerca de cinco millones, es decir 83% del total nacional. Su aportación al Producto Interno Bruto (PIB) es de 53%, de acuerdo con estudios de la Universidad de las Américas Puebla.

Ante un escenario como este, donde los negocios son vistos como una extensión de la familia, surge el gran reto de abrirse a los cambios para conquistar mercados internacionales a gran escala. El primer paso es aspirar a convertirse en un negocio multinacional, lo cual no siempre sucede cuando la compañía es vista como legado o una fuente de ingresos familiar.

“Hay que tener una estrategia muy clara de crecimiento. Quizá tu mercado puede crecer exponencialmente pero no así tu capacidad para servirlo. Eso depende de cuánto capital tengas, qué tanto talento puedas atraer a tu negocio, de quién es más listo, si tus competidores o tú. Ahí es donde la estrategia empresarial juega de manera importante. La gran diferencia entre las empresas multinacionales de cualquier nacionalidad y los negocios familiares que se quedan en un ámbito local tiene que ver el apetito por crecer, la estrategia y las herramientas claras por lograrlo, como un gobierno corporativo adecuado”, afirma Manuel Molano, director general adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

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La trampa de dejar todo en familia

La reticencia a solicitar financiamiento bursátil o de capital privado tiene mucho que ver con la negativa a explicar las decisiones del negocio a un tercero o a tener a extraños en las juntas de administración. Sin embargo, eso también restringe en términos de crecimiento.

Para crecer es menester tener una estrategia y un mayor control de la misma. Expandir una compañía tiene mucho más que ver con la meritocracia, que con una línea de sucesión. En otros países, el liderazgo del negocio se aprehende desde una perspectiva internacional y se recurre a talento profesional para ocupar puestos directivos, una práctica que suele servir como contrapeso en la toma de decisiones.

Dicha apertura representa por sí misma un desafío para la estructura empresarial imperante en México. Otro más es eliminar el prejuicio de que llegar lejos es un imposible.

“No creo que las empresas por haber nacido en México tengan una desventaja intrínseca, si quieres operar en un mercado como el de Estados Unidos, Japón o Australia, tienes que aprender aspectos claves de cómo funcionan los mercados en esos países. En esas naciones la corrupción se toma muy en serio, las leyes en pro de la competencia y en contra de los monopolios también”, explica el directivo.

En ese sentido, invita a reconocer que también son necesarias reformas mucho más profundas y cambios en la legislación, como en la ley de expropiaciones para proteger la propiedad privada, la propiedad intelectual y la actividad empresarial. Sin olvidar que el otro gran cuello de botella para la economía es la corrupción y la necesidad de tener un Estado de derecho a la altura de las circunstancias.

Para un país como el nuestro, que ni siquiera figuró en el Índice Global de Innovación 2017 liderado por Suiza, otro reto es reconocer que los activos de propiedad intelectual son relevantes para cualquier negocio, así como un tema fundamental en el desarrollo económico del país, por lo que se les debe impulsar como tales.

 

Los cambios que se requieren para unirse al concierto global

El crecimiento empresarial en México está ligado a los factores externos antes mencionados, pero también tiene mucho que ver con cambios que deben darse en el propio ecosistema empresarial. Tener pocas compañías grandes, por un lado, y muchísimos negocios pequeños por el otro, es un indicador de que las oportunidades son escasas, de que el propio entorno representa un obstáculo.

En opinión del director general adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad, el Estado tampoco ofrece impulso a las empresas, de hecho, a menudo dificulta sus actividades.

“En general, el Estado no ayuda a los empresarios, al revés. Incluso, cuando se cree que se ofrecen ventajas porque algún estado dio una exención fiscal o regaló un terreno, lo que se está haciendo en realidad es alterar el balance de competencia inclinándolo a favor de empresarios que no siempre tienen conductas leales. La realidad es que México no tiene sus ventajas competitivas en el Estado, sino en su ubicación geográfica. Lo que nos ayuda enormemente es que tenemos gente muy entrona, muy luchona y que está en una ubicación privilegiada para servir a mercados claves como el de Estados Unidos”, concluye Molano.

En resumen, el escenario que catapultaría a las empresas mexicanas incluye la apertura a la meritocracia, la búsqueda de la innovación, la lucha contra la corrupción y la generación de un espacio donde haya competencia libre, protección a los derechos de propiedad y a la actividad empresarial.

 

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