Por Édgar Fonseca

Costa Rica.- Hay un antes y un después de Reventazón. Todos los proyectos que ha hecho el ICE, pequeños, medianos o grandes, han tenido sus particularidades y sus complejidades.

Sin embargo, con Reventazón da un paso a lo que llamamos “megaproyectos”, a nivel de magnitud, complejidad, logística, retos, de toma de decisiones.

Cuando se suman todas esas cosas hace que éste sea diferente y que hayamos entrado a las “grandes ligas” a nivel internacional, y que nos podamos codear con obras tan grandes e importantes como La Yesca y El Cajón (ambos en México)”.

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Cae la tarde en la sede del campamento principal del megaproyecto hidroeléctrico Reventazón, que el estatal Instituto Costarricense de Electricidad hizo con un costo de 1,216 millones de dólares en seis años, entre los distritos La Florida y Siquirres, Limón, en Costa Rica, unos 100 kilómetros al este de la capital San José.

Un sol radiante se abre paso tras varias horas de mostrarse encapotado el cielo, con amenazas de lluvias, muy propias de la zona Atlántica y el ingeniero Luis Roberto Rodríguez Arroyo, de 53 años, graduado en la Universidad de Costa Rica, con posgrado en España,  director responsable de la mayor obra de infraestructura hidroeléctrica construida en la historia del país, la mayor de Centroamérica y segunda detrás del Canal de Panamá, según destaca, habla pausado, fluido pero convencido de las características e implicaciones de los trabajos para el país y la región.

Un tono que le hacen reconocer que la obra que dirigió a lo largo de los últimos seis años, es un logro y, a la vez, un reto para Costa Rica.

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Un logro porque, a pesar de su complejidad, la llevaron, en tiempo, a su fase de operación, y un reto para un país donde el estado de la infraestructura pública vive momentos críticos.

El más reciente reporte del Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial ubica a Costa Rica en el puesto 71 entre 140 naciones por la condición de su infraestructura, en general, distante del puesto 40 en que se ubica la vecina Panamá y por debajo de México, El Salvador, Trinidad y Tobago, Ecuador, Chile y Uruguay en la región.

En infraestructura eléctrica y de telefonía, el país aparece en el puesto 46 en el mismo índice, solo superado por Uruguay y Trinidad y Tobago.

“Sí, es un logro y es un reto. Es un logro, pero se superaron muchos retos, desde el punto de vista financiero, constructivo, logístico, ambiental. Es un megaproyecto de retos”, dijo Rodríguez, con 26 años de trayectoria en la institución estatal.

Desde el primer momento en que lo asumieron, en sus mentes siempre estuvo el positivismo del “sí se puede”, insistió al atender a los enviados de Forbes Centroamérica, con quienes hizo un recorrido por los predios de la obra.

Tuvieron la convicción de que la iban a completar a pesar de los desafíos que enfrentaron desde eventos climatológicos como, cuando el 28 junio de 2012, avalanchas del Reventazón dañaron parte de la construcción, pero no retrocedieron.  En dos días llovió lo correspondiente a un mes. También enfrentaron retos comunales, sociales, ambientales, constructivos, de suministros, pero siempre imperó la mira en el 2016.

Pero por ese logro mayúsculo que representa dicha obra, Rodríguez reconoció y, a la vez, lamentó el rezago que sufre el país en infraestructura, como lo registra el Índice Global de Competitividad.

El ingeniero aceptó que en Costa Rica cuesta mucho tomar decisiones y si no se toman “perdemos todos”. Esa incapacidad de decisiones, intromisión política, intereses particulares intrínsecos, “tristemente ha hecho que estemos en ese lugar y los costarricenses no nos lo merecemos”, puntualizó el funcionario.

Ya en operación

La nueva hidroeléctrica tiene una capacidad de generación de 305,5 MW para abastecer a unos 525 mil hogares. La construcción, que arrancó en abril 2010, puso en operación en meses recientes sus primeras unidades.

En marzo inició operación comercial la primera unidad. En abril la segunda unidad, a finales de mayo entró la tercera unidad. En junio iniciaron la operación de una central de compensación ecológica, de 13 megavatios, en la base de la nueva represa.

La represa fue construida en la cuenca del río Reventazón que, con 145 kilómetros de longitud, es el segundo río en extensión del país.

Es la mayor obra del país

La megarepresa tiene 130 metros de altura. Supera a tres conocidos edificios en la capital costarricense: el del Banco Nacional de 82 metros, el del propio ICE, Sabana norte, de 56 metros y el de la Contraloría General de la República, Sabana sur, de 54 metros.

Su base alcanza 8.4 hectáreas, una extensión de 12 veces el área de la cancha del nuevo Estadio Nacional en La Sabana, San José.

Su “cresta”, la que une ambas márgenes del caudaloso río, es de 535 metros, mientras que la del congestionado puente, sobre el río Virilla en la autopista general Cañas, al oeste de la capital es de 287 metros.

Los trabajos, que en su momento de mayor intensidad requirieron unos 5,000 obreros, implicaron excavaciones y remoción de terrenos por unos 23 millones de metros cúbicos para llegar a los niveles de fundación.

No sólo implicó un enorme reto por la excavación y remoción de materiales sino por su reubicación en otros sitios. Las escombreras o depósitos de esos materiales ya están reforestados.

Para su apoyo logístico requirió la construcción de 40 kilómetros de caminos, e implicó la adquisición de 1,900 hectáreas asociadas a 1,323 propiedades.

 

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