El 20 de septiembre de 1989, Apple presentó al mundo su primera computadora portátil, la Macintosh Portable, un dispositivo con un procesador a 16 MHz y 1 MB en RAM (¡expandible hasta 9 MB!) que pesaba poco más de 7 kilos. Hoy, 26 años y muchas iteraciones después, la más reciente descendiente de esa tradición tiene un aspecto muy distinto.

Apple decidió darle a la MacBook (no Air, no Pro, sólo así, MacBook) una apretada de tornillos luego de que la primera versión del modelo, lanzada un año atrás, levantara más de una ceja al quedarse corta en potencia, y el resultado es notable. ¿Vale la pena? La pusimos a prueba para ustedes.

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Diseño y materiales. Sin novedad en el frente, Apple sigue entregando un diseño limpio y contundente que no sólo cumple con las expectativas de funcionalidad, sino que también hace de esta laptop un objeto hermoso y toda una experiencia a la vista y al tacto (aunque, a decir verdad, extrañamos la manzana retroiluminada). La única variación en la edición 2016 es la adición del Rose Gold a la gama de colores disponibles.

Rendimiento. Dos cosas quedan claras al trabajar con esta laptop: no se interpone en tu camino y es muy silenciosa. Vale la pena enfatizar que ésta no es una laptop de batalla para edición de video ni manipulación de gráficos en 3D (ésa es una carga que puede soportar, sólo que no en una forma tan solvente como una MacBook Pro), pero si quieres alternar entre Word, Photoshop, Illustrator, tener abierta la veintena de pestañas en Chrome que suelo acumular y escuchar música al mismo tiempo, estás cubierto.

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Esa misma carga de trabajo en ocasiones dispara el ventilador de mi MacBook Pro 2013 (gracias, Chrome). La principal ventaja, el Core M de Intel no necesita de un ventilador, por lo que habrá menos ruido. El modelo de entrada tiene un procesador Intel Core M3 a 1.1 GHz (hasta 2.2 GHZ con Turbo Boost) y 256 GB en almacenamiento flash, pero puedes optar por otra versión M5 a 1.2 GHz con un disco duro de 512 GB, aunque la diferencia de precio es de 7,000 pesos.

En cuanto al RAM, ambos modelos tienen 8 GB de memoria DDR3 a 1886 MHz.

Batería. Pusimos a prueba esta ultrabook en un escenario de la vida real: un viaje de trabajo. La jornada consistió en unas 2 horas de trabajo en el aeropuerto (iTunes, Word, Chrome y Photoshop), 2 horas más de trabajo en el avión, seguidas de 4 horas de reproducción de video (VLC) y poco más de una hora de vuelta al trabajo, todo con el brillo de la pantalla a un 75%. Nuestra conclusión es que bajo esas condiciones, esta MacBook es capaz de entregar hasta 9 horas, en parte gracias que los nuevos procesadores son un poco más eficientes que la generación pasada.

Puertos. One port to rule them all, el puerto USB-C es el nuevo estándar y está bien que Apple lo incluya, pero no lo está tanto que sea el único. Es rápido y potente, a él se pueden conectar una miríada de dispositivos, pero podría no ser suficiente. En cuanto a su interacción con periféricos, esta computadora está pensada para un futuro que aún no está aquí, uno en el que podamos conectar prácticamente cualquier dispositivo a nuestra computadora sin necesidad de cables (para empezar, ¿dónde cargo mi iPhone?). En el costado opuesto, sólo encontrarás el jack de 3.5 mm para audífonos. Adiós a los puertos USB convencionales y a la muy útil ranura para tarjetas SD.

Magsafe. Éste es, definitivamente, el mayor desacierto de Apple. Magsafe, el puerto magnético de recarga se encuentra entre los inventos más ingeniosos, útiles y menos rimbombantes en la historia de la compañía, y ya no está presente en esta MacBook. A pesar de que en los últimos años hubo varios cambios en el tipo de conector (si tenías dos macbooks de distinta generación es probable que no pudieras cargar ambas con el mismo cable), éste era confiable, simple y  funcional. ¿Ahora cómo sabré cuando mi computadora está cargada si la tapa está abajo? Exijo su regreso.

Pantalla. Los 2340 x 1440 pixeles de este display entregan la experiencia que uno espera encontrar en un dispositivo Apple. Una vez que te pasas a una pantalla de retina empiezas a ver el pasto más verde de tu lado de la cerca y no quieres volver.

Teclado. Quizá mi aspecto favorito. Con teclas más grandes y más delgadas, pareciera que escribes sobre la pantalla de un iPad, pero no es así. Si bien puede tomar un par de días habituarse a él, este teclado es lo mejor que le pudo pasar a la MacBook.

Trackpad. A pesar de tener incorporadas funciones similares a las del 3D Touch encontrado en la pantalla del iPhone 6s, la realidad es que éstas son prácticamente imperceptibles ante la falta de desarrollos útiles en las apps de terceros.

Sonido. La MacBook puede ser pequeña, pero su sistema de sonido es potente y no sacrifica definición en absoluto. Los altavoces se distribuyen en la línea paralela a las teclas superiores y hacen un trabajo sencillamente notable.

Precio. El punto más polémico. El modelo de entrada, con procesador M3 y 256 GB de almacenamiento, cuesta 26,999 pesos, mientras que el M5 con 512 GB alcanza los 32,999. En algún punto intermedio entre ambos rangos de precio se encuentra la MacBook Pro de 13 pulgadas con Core i5 de 2.7 GHz y disco duro de 256 GB, todo depende de qué necesites más: movilidad o desempeño.

 

Balance

Con la versión 2016 de la MacBook, Apple se acerca a ese escenario idílico en el que no tendremos que renunciar a nada para tenerlo todo en una computadora portátil, pero por lo pronto debemos sacrificar el magsafe y cargar con un adaptador para el puerto USB-C, ése es el precio que hay que pagar por una de las laptops que ponen alto el listón de las ultrabooks, ése y los casi 30,000 pesos que tiene en la etiqueta. Una forma optimista de verlo es que, hey, te llevarás uno de los dispositivos más avanzados en el mercado, uno que a pesar de no ser barato, está muy lejos de los 7,500 dólares que costó la Macintosh Portable hace 26 años.

 

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