El auténtico acceso a la información que estamos viviendo hoy, está propiciando una revolución política que por todos los medios posibles están intentando detener políticos de escuelas obsoletas que no entienden la dinámica de dialogo en la que viven las nuevas comunidades digitales del siglo XXI.

Sin embargo, dicha revolución tiene el riesgo de quedarse en el terreno de la virtualidad. Con una herramienta poderosa, como son las redes sociales, nuevas generaciones que viven enteramente en el ciberespacio, han encontrado en la oportunidad de enviar su pensamiento e ideas una forma de sentir que están participando en dicha revolución, sin tener claro que el aterrizaje en el mundo real, externo, es la conclusión de cualquier planteamiento.

La ejecución de esas perspectivas de vida, fuera del terreno exclusivo del mundo web, en situaciones extremas, como ocurrió el pasado S-19, con una participación y dedicada en la fenomenal colaboración comunitaria que crearon y dieron seguimiento estas nuevas generaciones, es un ejemplo del poder real que la utilización conjunta de la exposición -redes sociales- y la acción nos da de manera inherente este nuevo mundo.

Sin embargo, a menos de un mes del S-19, la misma velocidad informativa en la que vivimos hoy ha minado los frágiles cimientos sobre los que podíamos vislumbrar una acción al cambio. La estridencia de los medios masivos que repiten las intrigas de una clase política, que cumple al pie de la letra su papel reaccionario, una y otra vez hasta alcanzar el nivel de morbo necesario para distraer la atención pública, junto con la dosis insultantemente simple de ‘pan y circo’, haciendo énfasis en ‘el circo’, están neutralizando la posibilidad de una nueva perspectiva de cambio con el mensaje de unificación colectiva vía la estandarización emocional en donde el discurso popular tiende a refugiarse en el terreno de la contracción virtual acompañada de una dosis de cinismo-así-son-las-cosas y ni-modo ante la abrumadora información que se encarga de presentar los problemas y sus soluciones como obras magnas de niveles imposibles de alcanzar diseñadas para desalentar cualquier intento de reflexión sobre posibles cambios a nuestros estilos de vida, y mejor dejamos todo como esta.

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Envueltos en el truco de la entropía, la apertura informática que en apariencia nos hace más participes del dialogo de construcción del país, en realidad nos bombardea con mensajes diseñados para alejarnos de los objetivos que deberían ser centrales en una democracia participativa real. En lugar de escuchar de los políticos sus posturas sobre los distintos proyectos de país que tienen en mente, estamos atrapados en una retahíla de descalificaciones, insultos, dimes y diretes de un grupo de personas que, en un afán por conservar el poder, apropiados de dineros y posiciones que la sociedad ha entregado sin condición alguna -tal vez siempre con la esperanza de algún día alcanzar un ‘hueso’-, actúan de manera patrimonialista, defendiendo posiciones personales, elaborando ataques de cuestionable calidad moral y ética, olvidando totalmente el uso de dichas instituciones en función del beneficio colectivo. Menospreciando de manera sistemática a la sociedad, y utilizando eficientemente para ello a los medios convencionales de comunicación, la actual situación política de México pareciera más un cuadro de abusos virreinales del siglo XVIII de parte de una despótica e ‘ilustrada’ nobleza, que la competencia moderna por la distribución del poder en beneficio de la construcción de estructuras eficientes de desarrollo económico y social del país. Con un potencial intelectual altísimo para cambiar nuestra dirección como país, pero atrapado en ese círculo vicioso de la abrumadora información paralizante, así como en el virtualismo del hiperespacio sustituyente a la acción, la libertad con que se ha permitido actuar a los nuevos ‘nobles’ de la clase política, efectivamente los convierte en protagonistas de una novela nacional en donde luchan los buenos contra los malos por la riqueza que esta ahí, en el INE, en el Gobierno Federal, en los Gobiernos Estatales, en los Gobiernos Municipales, lista para ser tomada por el más vivo y astuto y, obviamente, ser distribuida entre los seguidores de sus causas, convirtiéndonos a todos en cómplices del desastre nacional, o colaboradores en la construcción de un país con la estructura actual de abusos y ‘oportunidades’.

En el otro lado del mundo, un periodista con cuestionable curriculum respecto a su participación y coqueteo con el grupo extremista ‘Tierra Lliure’ de Cataluña en los 80’s y principio de los 90’s -grupo separatista de carácter terrorista inspirado en ETA-, utilizando los principios incendiarios que aprovechan los detalles inconscientes de las sociedades en búsqueda de una identidad compensatoria, ha llevado al pueblo catalán a un nivel peligroso de tensión y choque con un modelo de independentismo que carece de los principios económicos, financieros y administrativos básicos para garantizar una subsistencia que verdaderamente beneficie a la Comunidad Catalana una vez declarados Nación Independiente.

A partir de una formula repetida en la historia contemporánea, la distribución en el mundo virtual de la idea de independencia, que genero un sentimiento histórico de orgullo comunitario, logró un momento de reacción que ha llevado a su líder, Carles Puidgemont, a pararse, junto con toda Cataluña, en la cornisa, el miércoles 11 por la mañana cuando el presidente Rajoy inició el proceso de aplicación del artículo 155 de la Constitución Española de 1978. La exposición virtual y la acción real de una parte importante de la sociedad catalana le dieron fuerza al discurso inconsistente e irresponsablemente diseñado de un político oportunista. Nuevas generaciones que creyeron en el cambio y que actuaron en consecuencia, otorgando el diseño de sus destinos a un aventurero irresponsable.

Nuestro momento, la posibilidad de equivocarnos al entregar nuestra convicción a un aventurero, se nos está quitando una vez más, y el nivel de emoción retórica que llevó a los políticos a renunciar a financiamientos, a cuestionar el financiamiento público o a hablar de posibles proyectos de país fue escondido, una vez más, detrás de las intrigas personales y la revolvente información de un país emproblemado. Información que, al repetirse una y otra vez todos los días, se convierte en descarga lobotomizadora en donde se dispersa la reflexión y la búsqueda de nuevas perspectivas, hasta las más aventureras, en un concierto de Timbiriche y los Ángeles Azules en el Zócalo, escenario de una pesadilla que bien pudo llamarse 1985.

 

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