Ría lagartos, un paraíso de mangles y salinas donde la fantasía acaricia a la realidad para dejarnos flotar en una playa rosa entre flamingos.

 

 

 

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Estoy flotando involuntariamente en el agua. Cierro los ojos y siento como si la fuerza de gravedad no existiera, trato de tocar el piso pero no puedo, soy tan ligera como una pluma… Una experiencia única y maravillosa de sensaciones sublimes. Pensarás que estoy cobijada por las aguas del Mar Muerto en el Medio Oriente, pero no, estoy en México en el paraíso poco conocido de Ría Lagartos, Yucatán.

En efecto, no es falta ortográfica, se le llama ría porque es una entrada de mar de grandes dimensiones y poca profundidad en la que convergen el agua salada del Golfo de México y el agua dulce de manantiales y afloramientos del manto friático. Sin fuertes corrientes marinas, el paisaje es de una tranquilidad apacible que abriga canales rodeados por manglares de infinita belleza.

Ubicada a 270 km de Mérida o 2.5 horas de Cancún, fue declarada Reserva de la Biosfera en 1979 por albergar una diversidad majestuosa de aves y reptiles, peces y mamíferos que han habitado estas tierras por miles de años. En las 60,000 hectáreas protegidas se encuentra la población más grande de flamingos en México con más de 40,000 pájaros. Sus aguas son áreas de descanso y refugio invernal de aves migratorias con más de 388 diferentes especies registradas, algunas de ellas endémicas.

Iniciamos la aventura muy temprano a bordo de una lancha de pescadores, navegamos entre el mangle y sonidos de aves irreconocibles, lo que me pone a pensar lo mucho que la ciudad nos aleja de la naturaleza. Cerca de la orilla vemos un lagarto de gran tamaño que nos observa con cautela y nosotros con respeto. De pronto se escucha el rugido de un felino. El lagarto no se inmuta, pero nosotros rápidamente agudizamos los sentidos, creemos que vamos a ser testigos de un espectáculo salvaje. Pero no, Don Chino Mosca, nuestro guía, aclara que se trata de una garza tigre y estamos de suerte, ya que dos han salido de su refugio en el manglar para coquetear y con ello darnos la bienvenida al mundo silvestre.

Mar adentro entre pelícanos blancos que migran desde Canadá, águilas negras y pecho blanco, garzas blancas y chocolateras llegamos a las salinas, hogar del flamingo, donde grandes parvadas de los estilizados pájaros cubren el horizonte.

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Entre montañas blancas de sal, el agua es rosa, sí rosa como los flamingos, producto de la gran cantidad de artemias salinas, pequeños crustáceos que le dan su color a ambos. La orilla está cubierta de cristales y espuma de sal que vuela por doquier. Chapoteo entre las aguas, parezco niña de 8 años corriendo de felicidad en una playa rosa, como salida de un cuento de hadas.

En medio de mi frenesí, Don Chino Mosca me dice “aquí flotas” y yo incrédula lo miro con recelo. Me sumerjo en el agua helada y ¡no lo puedo creer! Mis pies inmediatamente se levantan y es como si alguien me sentara sin quererlo. Aunque en Ría Lagartos el efecto no es tan fuerte como el que se vive en el Mar Muerto, en efecto la gran cantidad de sales permite flotar casi involuntariamente, así que río a carcajadas disfrutando de esta sensación tan maravillosa, tan absoluta, tan llena de fantasía. Los flamingos vuelan a mi lado como compañeros de viaje en esta experiencia que exalta todos los sentidos.

A continuación regresamos a la lancha para llegar al segundo atractivo del día: un “baño maya” con barro o arcilla blanca que nadie sabe a ciencia cierta porque es tan bueno, pero al cubrir el cuerpo deja la piel extremadamente suave. Es como visitar un spa virgen, de arcillas orgánicas con tantos beneficios que, para mi sorpresa, Don Chino Mosca llena un frasco enorme para un cliente que viene todos los domingos por su dotación. Ante la sorpresiva demanda del barro, no lo pienso más y me cubro completa. Siguiendo las instrucciones del guía, dejo que la arcilla se seque por completo en el trayecto de regreso, en que hacemos una pausa para sumergirnos en una playa solitaria de aguas cristalinas, tan azules que pareciera que hemos escapado del Golfo para llegar al Caribe. Y es aquí donde compruebo por qué personas viajan grandes distancias para dejarse acariciar por los beneficios de estas tierras sintiendo mi piel más tersa que nunca.

En la presencia de lanchas con familias locales y el vuelo de numerosas parvadas, emprendemos la retirada. Quiero disfrutar la paz de este lugar, así que cierro los ojos y me dejo llevar por los sonidos de las olas rompiendo contra la lancha y el canto de los pájaros. Reflexiono sobre lo afortunado que es nuestro México, su biodiversidad es un recurso turístico invaluable que nos ofrece este paraíso de mangles y salinas, un lugar donde la fantasía acaricia a la realidad para dejarnos flotar en una playa rosa con los flamingos como compañeros de viaje. Sí, aunque parece más un secreto a voces que ha sobrevivido desde la época colonial, Ría Lagartos es una visita obligada en Yucatán.

 

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CÓMO Y DÓNDE

  • Dónde: Ría Lagartos en Yucatán
  • Hospedaje: Hay pocos hoteles sencillos, pero agradables. Recomendamos hacer tu reservación con anticipación. Hotel Villa de Pescadores y Posada del Faro.
  • Dónde comer: La Torreja, ubicado en el malecón, con un menú de pescados y mariscos. Acepta tarjetas de crédito.
  • Tour: Aproximadamente 3 horas, incluye visita a las salinas, baño maya y parada en una playa cercana. (La costa del pueblo no tiene playa).
  • Precio: 60 dólares por persona. En temporada baja, 60 dólares por una lancha para 6 personas.

 

 

Contacto:

Twitter: @PR_TraveLady

 

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