Como ilustra la sabiduría empleada en los caracteres chinos, toda crisis que no es aprovechada con sabiduría puede también convertirse en un peligro.

 

Por Stephanie Henaro

Generalmente es durante las situaciones difíciles que realmente llegamos a conocer a las personas. Lo mismo sucede con los países.

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La crisis migratoria –provocada por refugiados principalmente del norte de África y Medio Oriente–, y las diferentes maneras en que están reaccionando los países europeos, nos muestra a la Unión Europea como un gigante con muchas voces donde las grietas son cada vez mayores.

Sus líderes no han sido incapaces de poner en orden las finanzas de la Unión y de lograr un verdadero consenso político. La crisis –si es manejada de manera adecuada– se muestra como una segunda oportunidad para corregir el rumbo; sin embargo, tal y como ilustra la sabiduría empleada en los caracteres chinos, toda crisis que no es aprovechada de esta manera puede también convertirse en un peligro. A continuación la radiografía detrás de las principales respuestas ante la crisis:

  1. Alemania: una postura con doble filo
    Hace un mes, los reflectores estaban sobre Alemania por el mal manejo que tuvo sobre Grecia y la crisis financiera entera. Así, pues, al observar que Merkel se mantenía firme en sus posturas, muchos observadores diversificaron la opinión de que “los alemanes eran inmunes al sufrimiento ajeno”, algo que definitivamente contrasta con la reciente decisión de aceptar a 80,000 refugiados este año, y de designar 6.7 millones de dólares para enfrentar esta crisis, dejando en claro las intensiones de Alemania para emerger de esta situación como una especie de “líder moral” de Europa.
    Mientras que la “nueva generosidad” del gobierno alemán ya ha provocado disturbios políticos internos, la llegada de los refugiados parece responder directamente a sus problemas demográficos.
    Líderes de la Unión Social Cristiana –especialmente Horst Seehofer, jefe del gobierno bávaro y aliado tradicional de Merkel– han condenado la decisión del gobierno de aceptar más migrantes y planean invitar al primer ministro Húngaro a una reunión de su partido este 22 de septiembre para buscar una solución común. Paralelo a esto, no hay que olvidar que en Alemania hay una crisis demográfica significativa. Para el año 2060, su población, con una tendencia cada vez mayor al envejecimiento, disminuirá de 81.3 millones a 70.8 millones. Admitir a miles de migrantes ayudará a mantener una base laboral dinámica en los próximos años, y a mantener viva a una red de seguridad social que aún tendrá que atrapar a mucha más gente.
    La crisis financiera fue la primera prueba real para el liderazgo de este país dentro de la UE. Alemania no sólo fue incapaz de poner en orden las finanzas europeas, sino que también fracasó en el proyecto de lograr un consenso político. La “Unión Política” está más dividida que nunca, y los partidos nacionalistas se esparcen dentro del continente. La crisis migratoria es la segunda oportunidad de Merkel para mostrar que su país puede guiar a Europa hacia el futuro, y mucho dependerá de su popularidad. Por ahora puede darse el lujo de ignorar las críticas del liderazgo bávaro y los xenófobos alemanes.
  2. Reino Unido: un balance delicado
    A diferencia de Alemania, Reino Unido no tiene una necesidad real por recibir a más migrantes. La población de Gran Bretaña aumentará de los 64.1 millones de hoy a 80.1 millones en 2060, convirtiéndose así en el país más poblado de Europa, y explicando el porqué David Cameron sólo ha decidido aceptar a 20,000 refugiados durante los próximos cinco años. Una decisión que en definitiva contrasta con la alemana.
    Por otro lado, es importante prestarle atención a la posición de Reino Unido dentro de la Unión Europea. En primera, la permanencia de éstos dentro de la Unión aún no está asegurada. Hay un referéndum que se llevará a cabo durante la próxima primavera, en que los ciudadanos tendrán que decidir. En segunda, RU es miembro de la Unión Europea, pero no de la eurozona, permitiéndole de esta manera ejercer cierta influencia en Europa sin aceptar algunas de sus reglas fundamentales, restricciones y responsabilidades. De acuerdo con una encuesta reciente, 40% de los ciudadanos piensan que se debería aceptar a más refugiados, mientras que 31% piensan que deberían ser menos, un balance delicado que el primer ministro Cameron debe tomar en cuenta mientras hace campaña por mantener a la isla con un pie en Europa.
  3. Francia: entre la espada y la pared
    Al igual que Reino Unido, Francia se encuentra entre la espada y la pared. Por un lado, es uno de los líderes de la Unión Europea –y uno que se toma muy en serio su papel como el gran defensor de los derechos humanos–; por el otro, su economía se encuentra por los suelos (en 2014 su PIB solamente creció 0.4%), su tasa de desempleo es alta (10.2%) y el auge del Frente Nacional augura un clima político turbulento. Mucho de esto puede atribuírsele a la incapacidad de Francia de asimilar a diferentes grupos religiosos e inmigrantes dentro de su sociedad, a la vez que el incidente de Charlie Hebdo sirve como recordatorio de que al no ser asimilados, los hijos de inmigrantes algunas veces sienten más lealtad hacia su país de origen que hacia el de su residencia, una situación confirmada y ejemplificada por las tasas de desempleo. La tasa de desempleo para personas en edad productiva considerados como nativos franceses es de 8.6%, mientras que la de los no europeos es de 18.9%. En verdad, no es de extrañar que Francia sólo está dispuesta a aceptar a 24,000 refugiados este año –aun cuando mucho capital político podría ganarse tomando el liderazgo en este asunto.
  4. Dinamarca: disuasión
    Este mes, Dinamarca suspendió sus servicios férreos con Alemania argumentando que necesitaba “aumentar su control sobre la verificación de pasaportes”. Paralelo a esto ha decidido ir más allá en su postura al publicar en cuatro periódicos libaneses las estrictas regulaciones que los migrantes enfrentarán en Dinamarca, intentando disuadir a los refugiados y diluir de esta manera la visión de “refugio seguro” que algunos de ellos comparten con respecto a este país, enfatizando en la decisión de la reciente legislación de disminuir en un 50% los beneficios para refugiados.
    Cabe resaltar que países tan pequeños como Dinamarca no tienen los incentivos económicos de Francia o Alemania para aceptar más refugiados. A su vez, no hay que olvidar lo complicado de las relaciones entre Dinamarca y los militantes islámicos después de la publicación de las caricaturas del profeta Mohammed en 2005 y la dependencia de un gobierno minoritario del apoyo de la extrema derecha, haciendo que la respuesta danesa sea decepcionante, más no sorprendente.
  5. Hungría: el muro
    La crisis migratoria también está causando pánico en Europa central, y Hungría ha decidido construir un muro de 175 kilómetros de largo en su frontera con Serbia, respondiendo de manera directa al aumento dramático de las aplicaciones para asilo.
    Las aplicaciones aumentaron en un 1,236% en los primeros tres meses de 2015 en comparación con el mismo periodo de 2014. Dicho de otra forma, por cada millón de húngaros había 7,245 aplicaciones, comparado de la misma manera con 485 aplicaciones por cada millón de habitantes en Reino Unido, 890 en Francia, 2,635 en Alemania y 2,590 en Dinamarca. El primer ministro Viktor Orban, un populista de derecha, aseguró que “sellaba la frontera con Serbia por el bien de la UE entera”, ocasionando de esta manera que su popularidad en las encuestas se mantenga ante la del ultraderechista Jobbik, quien aunque aplaudió las medidas volvió a solicitar que el ejército tenga más flexibilidad para defender la frontera con armas de fuego.

 

Las diferentes maneras en que los países europeos se encuentran reaccionando a la crisis migratoria nos muestran las grietas, cada vez más pronunciadas, que dividen a la Unión. Europa permanece como un gigante con muchas voces que difícilmente podrá lograr coherencia interna. Hay demasiadas asimetrías.

En esta crisis migratoria ningún país europeo ha recibido peor prensa que Hungría, pero ése es el riesgo que se corre cuando se toman medidas tan drásticas y excluyentes. Europa está construida bajo el valor compartido de la libertad: libertad de ideas, de comercio, de movimiento. Requerirá sabiduría, coraje y paciencia por parte de sus líderes para proteger estos valores durante una crisis que complica la vida de tantos países a la vez y que, dada la creciente inestabilidad en el norte de África y Medio Oriente, hay razones para temer que apenas comienza. La manera de responder a esta crisis será, en definitiva, un fuerte precursor del futuro de la Unión.


Stephanie Henaro es consultora en estrategias nacionales e internacionales. Tiene el grado de Maestra en Geopolítica, Territorio y Seguridad por la universidad de King’s College London.

 

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Twitter: @HenaroStephanie

Facebook: Stephanie Henaro

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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