No es raro encontrar juegos que, en lugar de crear mundos fantásticos, buscan replicar la realidad como la conocemos. Algunas de las razones más conocidas para estos simuladores son el aprendizaje, como los simuladores de vuelo, pero también existen otros que buscan satisfacer la curiosidad. Por el otro lado, además de entretenimiento en sí mismo, los videojuegos cada vez más ofrecen opciones de reflexión social fincadas en la realidad inmediata. Esta semana fue lanzado un videojuego que funciona como un brillante punto de encuentro entre estas dos áreas, RIOT: Civil Unrest (Merge Games, PlayStation 4 / Xbox One / Nintendo Switch / Windows), que es literalmente un simulador de disturbios.

Este curioso proyecto fue creado por el artista italiano Leonard Menchiari, luego de su participación en las protestas en contra del proyecto VAT en el norte de Italia en 2011. El proyecto ha estado en desarrollo por varios años, luego de una exitosa campaña de crowfunding en la conocida plataforma Indiegogo. El juego está basado en eventos de la historia reciente, pasando por América, Europa y Asia, y busca poner al usuario en el corazón de un violento conflicto social.

El sistema de juego consiste en que tomamos parte de un disturbio, eligiendo qué bando queremos, si el de los protestantes o el de la policía. Aunque los creadores del juego tienen una clara inclinación política, es bastante curioso que RIOT no se apresura a ponerse de un lado en particular, intentando brindar una visión objetiva generada por el sistema mismo.

Ya que tenemos elegido un bando, nuestro objetivo será ganar el conflicto a través de sus distintas etapas de desarrollo. El juego cuenta con distintos modos, como historia o versus. El modo historia brinda distintas campañas, que se van desbloqueando conforme terminamos cada una. Cuando comenzamos la historia de un conflicto se nos da una introducción que nos contextualiza, incluso yendo años antes de las protestas en sí.

PUBLICIDAD

Foto: Merge Games

La forma en que se ganan los conflictos puede variar dependiendo de cada situación y del bando. Si jugamos como los protestantes, puedes ser que necesitemos ocupar un área, protegerla o resistir el embate contrario; si jugamos como la policía tendríamos que, por ejemplo, desocupar el lugar, avanzar y tomar control, o acallar a los protestantes. Sin embargo, cada partida no tiene resultados binarios de ganar o perder, ya que podemos ganar una partida, pero con malas consecuencias para la campaña: por ejemplo, no es lo mismo ganar de forma pacífica que violenta.

El resultado de cada partida se determina mediante un puntaje y análisis de la situación que distingue entre los resultados militares y políticos; los primeros son literalmente si avanzamos o retrocedimos, por ejemplo, mientras que los políticos son la forma en la que esto sucedió. Al terminar el encuentro, se nos muestra un recuento de los hechos en la prensa, y si ocupamos violencia, seremos juzgados por la opinión pública, con consecuencias para la campaña.

La forma en que jugamos es como un título de estrategia estándar donde hacemos nuestra formación al principio de la partida y equipamos a nuestros elementos; después les damos órdenes, como avanzar, retroceder, llamar a más personas o usar la violencia, lo que se convierte en una situación de ensayo y en partidas de unos cuantos minutos.

Foto: Merge Games.

A pesar de que el estilo visual del juego es pixel art, todo se ve sorprendentemente realista; las proporciones de las personas, lugares y objetos no son caricaturescos, y las paletas de colores intenta representar de forma razonable lugares del mundo real. Tiene bastante sentido con el tono tan serio del juego, que nunca oculta su intención de comentario sobre el panorama político global. Definitivamente el momento en el que se vuelve más desagradable este realismo es cuando alguien muere, ya que hace sentir al usuario una incómoda indignación al ver el cuerpo en una mancha de sangre, ya sea que nosotros seamos víctima o culpable.

Específicamente los momentos de violencia potencial son uno de los elementos mejor logrados, ya que se derivan de una fuerte tensión durante la partida, muy similar a como los testigos de estos eventos lo describen en la vida real: durante un encuentro, aunque aún no haya ocurrido algún incidente violento, parece que cualquier cosa puede pasar, en cualquier segundo. Exactamente así sucede en las partidas, ya que podemos llevar varios minutos sin que pase nada, pero siempre está la sensación de que cualquier movimiento en falso puede resultar muy mal, lo cual es absolutamente posible en el sistema de juego.

Aunque RIOT: Civil Unrest puede ser un poco confuso a momentos, es importante resaltar que se trata de un juego absolutamente original y bien logrado. Difícilmente podría decir que es divertido, sino todo lo contrario, es incómodo y estresante. En este sentido, logra que el jugador se ponga en el papel de un abusador o un abusado, y considere todas las implicaciones de sus actos. Si bien el entender las diferencias entre los dos bandos no es una tarea difícil, RIOT también es una útil herramienta para comprender algunas de las protestas más importantes de la historia moderna, desde el conflicto en Venezuela, hasta los Indignados en España y la Primavera Árabe.

Foto: Merge Games.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @IrvingPeres

Podcast: El Beastcast

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Vivo V15 Pro selfie pop-up camera. Foto Vivo.
Vivo quiere acabar con los ‘flecos’ de la pantalla con una cámara oculta
Por

El nuevo dispositivo cuenta con tres sensores traseros de 48MP + 8MP + 5MP, chipset Snapdragon 675 que se combinaría con...