Por Máximo Santos Miranda*

Los próximos cuatro lustros prometen una revolución de gran calado en nuestras vidas laborales y es que la gran mayoría de los empleos del futuro tendrán poco que ver con los que teníamos apenas hace diez años. La robótica y la digitalización dominarán nuestras vidas y nuestro entorno laboral de una manera que todavía es difícil de imaginar en todas sus vertientes. La digitalización y la robótica mejorarán sustancialmente nuestra calidad de vida y su desarrollo no incidirá en la destrucción de los niveles de empleos actuales. El mundo laboral ya se está transformando y lo que estamos viviendo es sólo el punto de arranque de un fenómeno que durará varias décadas pero que cambiará el futuro del empleo de forma radical. Los procesos en nuestra sociedad muestran una tendencia clara y creciente a ser más inteligentes y automatizados, de forma que cuanto más operacional y repetitivo sea un trabajo más probabilidades tendrá en desaparecer en los próximos años.

Mucha gente se muestra temerosa porque piensa que los robots nos robaran nuestra empleabilidad y sin embargo los datos nos demuestran todo lo contrario. El número de robots que forman parte de la cadena productiva no para de aumentar y así en el año 2018 su número alcanzó un nuevo récord. A pesar del creciente número de robots, el desempleo mundial descendió en el año 2018 hasta situarse en la cifra más baja de los últimos treinta años. En definitiva, la alta tecnología y el desempleo no tienen porque ser mutuamente excluyentes y esto es algo que ya estamos viendo hoy en día.

La robótica, la digitalización y la inteligencia artificial crearán más empleo y no menos. Este es un fenómeno que lleva sucediendo en los últimos años y no existen elementos que nos hagan pensar que esto va a cambiar en el futuro. Sin embargo, tenemos que ser conscientes que de no tomar las medidas adecuadas nos podemos encontrar con el hecho de que lo que falten no sean empleos sino personas preparadas para desarrollar esos nuevos empleos y este es un hecho que ya está sucediendo en la actualidad. Así, por ejemplo, en el caso de España, país que cuenta con unos niveles de desempleo muy elevados, a muchas empresas les resulta complejo encontrar profesionales adecuados para cubrir puestos como desarrolladores de software, analistas de big data, profesionales expertos en la seguridad de la información o arquitectos e ingenieros en 3D.

Por ello es urgente reformar el sistema educativo de forma radical, ya que este evoluciona muy lentamente y la formación que proporciona está, por lo general, muy alejada de las necesidades que el sistema productivo necesitará en los próximos años. Se hace necesario construir un nuevo sistema educativo que promueva el aprendizaje permanente y que esta idea quede impresa en nuestra cultura social. Si hay algo que los sistemas educativos deben promover es incidir en el desarrollo de las habilidades de la persona en las que las máquinas actualmente se encuentran todavía muy por detrás de los seres humanos. Estoy hablando de habilidades como la creatividad, la curiosidad o la adaptabilidad que deben ser potenciadas desde las primeras etapas educativas. Por todo ello, cada vez será más importante la figura del buen profesor. Una persona que sepa orientarnos en el desarrollo de estas habilidades y que inserte en nuestro adn la curiosidad y el interés por continuar aprendiendo.

El concepto de profesión, como se entiende hoy en día, dejará de tener sentido. Los profesionales de futuro tendrán que ser ante todo flexibles y tener la voluntad de adaptarse a las nuevas situaciones cambiantes. Además, será mucho más importante el aprendizaje y el desarrollo de habilidades y aptitudes que el conocimiento concreto sobre una materia. El ser autodidacta cada vez será más importante y es que el volumen de información que existe en la red es gigantesco y ante problemas cambiantes elementos como los tutoriales de youtube serán cada vez más importantes en nuestro proceso formativo. Lo importante será saber donde buscar la información y al mismo tiempo tener la capacidad de distinguir entre la información de calidad de aquella otra que no lo es y sobre todo de conocer cuando nos encontramos con información falsa. El conocimiento que necesitaremos ya no se memorizará como ha venido sucediendo en nuestro modelo educativo, sino que por el contrario se asimilará y al mismo tiempo nos tendremos que reciclar de forma permanente ante los cambios acelerados que experimentará el mercado laboral.

En definitiva, para mantener nuestra empleabilidad futura, ya no será tan importante contar con títulos que acrediten nuestro conocimiento en determinada materia, sino en desarrollar aquellas habilidades en que las máquinas todavía no pueden competir con los seres humanos y sobre todo en ser lo suficientemente ágil y flexible como para adaptarnos rápidamente al entorno cambiante y a los nuevos desafíos.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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