Después de más de 100 años, el deseo que tuvo Sir Henry Royce por producir el mejor auto del mundo, continúa siendo la fuerza impulsora detrás de Rolls-Royce Motor Cars, que ahora ha llegado con toda su potencia y elegancia a México, con su formidable Wraith.

 

Por Alfredo Sánchez M

 

Cuando Henry Royce diseñaba lo que se convertiría en el primer automóvil Rolls-Royce, un amigo le sugirió que la única manera en que funcionaría su empresa sería la de “concebir un coche a precio bajo para venderlo al público en general”. Henry le respondió que no podía hacer eso; su idea era “concebir el mejor auto en el mundo, sin importar su costo, y venderlo a aquellas personas que pudieran apreciar un buen artículo, y estuvieran dispuestos a pagarlo”. Y así comenzó un viaje ahora imparable.

Casualmente, algunas de las más grandes leyendas británicas se han forjado a partir de duetos muy disímiles: John Lennon, un chico de la clase obrera con afición por la guitarra y la música de Chuck Berry, un buen día integró a su banda a un muchachito zurdo de la clase media de Liverpool que tocaba el bajo; nació así uno de los iconos indiscutibles no sólo de la música, sino de la cultura pop, con el nombre de The Beatles.

Del mismo modo, los fundadores de Rolls-Royce Motor Cars provenían de dos diferentes estratos sociales: Charles Stewart Rolls nació de buena cuna, dentro de la aristocracia inglesa, y tuvo una crianza favorable en el escalón más alto de la sociedad británica. Por su parte, Frederick Henry Royce era el hijo de un molinero que se vio forzado a convertirse en el sostén de su familia a la edad de nueve años.

No obstante, pese a sus diferentes circunstancias, decidieron formar una sociedad forjada en el interés mutuo por la ingeniería y los automóviles. Y a pesar de que esta alianza duró solamente seis años —tan breve como la de Lennon y McCartney —, los llevó a crear al que es reconocido como el mejor auto del mundo. Y así se ha mantenido desde que su primer modelo de 10 caballos de fuerza llegó a la línea de producción, en 1904, hasta ahora.

Han pasado 110 años desde este suceso, y ahora Rolls-Royce finalmente ha puesto a rodar neumáticos en tierra azteca, gracias al interés y esfuerzo de Eduardo Henkel, propietario de la distribuidora de Rolls-Royce en México, aficionado a los autos y principal accionista de Grupo Bavaria, conformada además de Rolls-Royce por Mini y BMW, y que gestiona junto con sus dos hermanos, Guillermo y Carlos, quienes también llevan aceite y gasolina por sangre.

“No habíamos abierto una agencia especial para Rolls Royce porque la venta todavía no era consistente y los modelos de Rolls-Royce que traíamos eran los más costosos, como el Phantom, que en México han representado pocas cifras —comenta Eduardo Henkel—. Ahora que la marca ha lanzado nuevos modelos como es el Ghost y el Wraith, que son más accesibles, juveniles y sport, tenemos proyectado que vamos a desplazar más coches. Nuestro compromiso es vender 12 automóviles al año,” afirma Henkel con toda seguridad.

No ponemos en duda esta afirmación, pues Rolls-Royce es una firma emblemática detrás de la cual se encuentra una manufactura y un legado que han mantenido a la marca tan vigente como cuando empezó a rodar por las calles el Silver Ghost, a partir de 1907, con sus 40/50 caballos de fuerza. El éxito de la firma de la doble R ha radicado en la calidad de su manufactura. “Rolls Royce, ahora como durante toda su existencia, se sigue haciendo a mano, en Goodwood, Inglaterra”, explica Henkel.

De hecho, existe una anécdota curiosa con respecto al estricto control de calidad que ha llevado la marca en la manufactura de sus vehículos: Una mujer aristócrata le preguntó alguna vez a sir Henry Royce: “¿Qué pasaría si la fábrica (en esa época en Derby) produjera un auto defectuoso?”

Siete días y cinco capas de pintura son necesarios para que un modelo de Rolls-Royce termine con ese acabado que los exigentes ya reconocen. A lo que sir Henry respondió: “Madame, el hombre encargado de la puerta no permitiría que saliera de la fábrica bajo ninguna circunstancia’.

Actualmente, con el servicio bespoke con que cuenta la armadora británica, adquirir un Rolls-Royce es todo un viaje, literalmente: “Invitamos a nuestros clientes a que vayan a Londres, donde un automóvil nuestro los conduce a la fábrica de Goodwood –comenta Henkel–. Ahí, los llevan a un salón especial en donde puede ver todas las posibles opciones para personalizar su auto, las cuales son infinitas. De hecho, si existe alguna solicitud muy especial, en 95% de los casos se le puede dar gusto al cliente y, en un plazo no mayor a tres meses, su auto está listo”. Los precios de estos coches oscilan entre 350,000 y 550,000 dólares. Si sirve de analogía, podríamos decir que si el catálogo musical de los Beatles es prácticamente invaluable, pagar esta cantidad por un automóvil único está plenamente justificado.

Con todo esto, el legado de Rolls-Royce está por demás asegurado. Y al parecer en México, el futuro es promisorio. “Afortunadamente, ahora que Rolls Royce está en manos de BMW, tiene asegurada su permanencia en el futuro”, concluye Henkel.

El arribo de la automotriz inglesa a México no pudo tener mejor antesala que la presentación del modelo Wraith —un Rolls-Royce en toda la extensión de la palabra. Posee las clásicas proporciones 2:1 de la rueda a la altura de la carrocería, con la diferencia de que cuenta con nuevos diseños de rines, de 20” con siete brazos con la alternativa de los de 21” de siete brazos y de cinco brazos, pulidos y bicolor. Pese a ser más sport, la silueta del fastback no deja de proyectar elegancia y potencia.

Las puertas sin marco y la ausencia de un poste b añaden un toque de elegancia, y hacen muy fácil el acceso al vehículo, mientras que en su interior, por primera vez, el cliente puede elegir tener un panel Canadel —una hermosa madera de grano abierto— a lo largo de toda la cabina. El lujo sube un escalón más con este modelo, al permitir que el cliente tenga un techo con 1,340 fibras ópticas a manera de cielo estrellado.

Y si hablamos de lo que nos importa realmente, su motor es un potente V12 de 6.6 litros biturbo que, con 624 caballos de fuerza al freno, y alcanza una velocidad de 100 km/h en 4.6 segundos, es el Rolls-Royce más rápido que se ha construido hasta la fecha.

 

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